Lorenzo Osores: "Pinto humanos y su zoología"
Lorenzo Osores: "Pinto humanos y su zoología"
José Carlos Picón

Una militancia en el absurdo. Formado en los cuadros del delirio y la risa reflexiva. Lorenzo Osores sostiene que la gente de derecha carece de humor. Confiesa que le gusta la poesía de Catulo, Ezra Pound y los maestros taoístas.  “No es necesario entender ni la poesía ni el arte”, refiere, evocando a su maestra de dibujo y escultora Cristina Gálvez, “mujer culta e inteligente, uno de los pocos espíritus libres que he conocido”. Muestra su enojo cuando hablamos de la carencia de lecturas en los artistas de hoy en día, a diferencia de los de su generación. “Tenían un gran conocimiento de literatura, de cine, de teatro, tenían una formación integral. La falta de una política educativa que dé lugar a lo artístico es el reflejo de nuestro desprecio por la cultura”. En ese momento, recuerda a su hermano Antonio, artista cultísimo que se ocultó en la noche de la bohemia radical. Él le hizo descubrir “Lolita” de Nabokov. Aquí nuestra conversa.


"Los posesos", una de las piezas que reúne el varipinto bestiario de Lorenzo Osores. (Reproducción: Difusión)

—Tus piezas en tinta parecen deudoras del arte chino.
Desde muy joven tuve atracción por la pintura y la literatura china. Viví entre 1985 y finales del 87 en ese país por trabajo. Quise aprender la técnica de su pintura tradicional y tomé clases con un profesor local, un calígrafo que recreaba su arte con color, lo que no era usual, esto daba a sus piezas un toque a lo Joan Miró. Aquella pintura se caracteriza por la simplicidad de los trazos en blanco y negro.

—Tus personajes son grotescos y llenos de un extraño humor, como demonios.
Pintaba mis personajes con acuarela en formato pequeño. Le debo mucho también a la pintura  del grupo El Puente (Die Brücke) de Alemania, los más sólidos del expresionismo, a las obras  de Otto Dix y la Nueva Objetividad. 

—Un expresionismo juguetón.
No tan a la tremenda como Dix, su humor es más agresivo. Mis personajes femeninos son voluptuosos y los hombres, feos. 


"Dulces apariciones". (Reproduccion: Difusión)

—Y tu imaginario... 
Son seres que observo en la calle. Soy muy citadino. Mis personajes están en los bares, en los parques, en el cine. No pinto avenidas ni edificios. 

—Sustraes a tus personajes del contexto geográfico.  
La ciudad es un estado mental. No soy paisajista, pinto humanos y su zoología. 

—La caricatura está presente. 
Está presente en la pintura moderna, se presta para retratar lo cotidiano. Desde Toulouse Lautrec para adelante.

—¿Solo usas tinta china? 
Y acrílico sobre papel de arroz. La mayoría de las piezas de “Los demonios andan sueltos” lleva estos materiales. 

—Hiciste humor gráfico en publicaciones como “Monos y Monadas” y “El Idiota Ilustrado”. ¿Por qué es importante el humor?
Cioran dice que el humor es nuestra única victoria frente a la muerte. Es un arma contra la prepotencia y la imbecilidad en una sociedad tan injusta como la nuestra. En “Monos” fuimos audaces. El humor era una actitud natural para nosotros frente a la dictadura de Morales Bermúdez. Una necesidad. Engels escribió “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”. Nosotros pensábamos en escribir sobre la transformación del mono en idiota. Ahí sacamos “El Idiota Ilustrado”. Después, publiqué “El Salvaje Ilustrado”, una revista de humor coyuntural. Pero nuestra política es tan farandulesca que no es interesante abordarla desde el humor, por eso se perfiló como una publicación de índole cultural. 

—¿Fue “Charlie Hebdo” un modelo?
Fuimos admiradores de su valentía. Nos dolió mucho el atentado contra ellos. Y sí, tratábamos de dialogar con su trabajo. No hacían concesiones al poder, eran casi unos suicidas.  

—¿Y los colegas humoristas gráficos peruanos?
Carlín es el gran humorista. El humor ha quedado más en el terreno de la ilustración. Alonso Núñez, por ejemplo. Otro es Piero Quijano. 

—¿Ha habido una evolución en el terreno político del humor gráfico?
No. El peso de “Monos y Monadas”, en ese sentido, ha sido grande. Pero hace tiempo no hago este tipo de humor. 

—Publicaste dos libros. 
“La sonrisa de la musaraña” y “Onán es enano”. Hay un parentesco entre lo que escribo y dibujo. No racionalizo mucho a la hora de escribir. Estas son breves prosas que tienen mucho de ficción, algo de ensayo. No hay una idea preconcebida, como me pasa con mis dibujos, es bien espontáneo. Cuando van saliendo entran los demás criterios o la composición. La diferencia está en que las tintas sobre papel no pueden modificarse, las rompo si no me gustan. En la escritura corrijo un montón. Escribo por necesidad y por juego. Lo que no puedo corregir en la plástica lo hago en la escritura, me desquito. 

—¿Eres perfeccionista?
La perfección le quita gracia a las cosas. Las manchas, la imperfección y el azar son códigos de la pintura china. Eso ocurre en mis cuadros. 

—¿Alguien te animó a publicar tus textos?
Toño Cisneros me alentaba a escribir. Decía que mi prosa estaba en algo. Me apoyó. 

—¿Te alejaste del periodismo? 
El periodismo se alejó de mí.


"Ondulante awalim". (Reproducción: Difusión)

Mayor información:
Lugar: Fundación Euroidiomas (calle Libertad 130, Miraflores). Desde el 23 de octubre. L -V de 10 a.m. a  8 p.m. Sábado de 1 p.m. a 6 p.m. Ingreso libre.

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