El artista junto a una obra de gran formato de su "Serie Nasca". (Foto: César Campos)
El artista junto a una obra de gran formato de su "Serie Nasca". (Foto: César Campos)
/ CESAR CAMPOS
Czar Gutiérrez

Es poco común que una dama de y un caballero de se encuentren en y alumbren un hijo. Tal vez por eso lo llamaron Nader, que significa precisamente “poco común”. Lejos de la hecatombe, a miles de kilómetros de aquellos parajes donde no ha quedado piedra sobre piedra, el pintor Barhumi Maasarani dice que ya no queda nada del trazado original de aquellas ciudades sometidas a la artillería. ¿Tal vez de allí procede el fuego creativo que te consume? Dibuja una sonrisa. Y responde en peruano: “No sé si el fuego creativo, tal vez en mí haya más fuego chambero que otra cosa”.

En efecto: a sus 59 años de edad, se trata de uno de nuestros pintores cuya hiperactividad queda perfectamente expuesta en la contundente selección que colma la sala mayor del de Miraflores. “Curiosamente, las culturas árabes no producen arte moderno. Son pueblos que se han quedado en lo clásico, bodegones y cosas así. Estuve de chico en Beirut, antes de que empezara la guerra civil, y no he vuelto. En realidad, mi desarraigo es con todos lados. No me siento ni de allí ni de aquí”, dice, apenas aterrizado del Barrio de las Letras de Madrid, donde vive hace seis años.

PINCEL Y FRAGMENTO

¿Será tal vez esa condición privilegiada, no ser de ninguna parte, la que gatilla tu arte? "Absolutamente. Es como no tener religión, partido político o equipo de fútbol", dice. Lo cual parece perfectamente compatible con una identidad artística formada en la PUCP, San Fernando de Madrid y Byam Shaw School of Art de Londres. Una que explora tantas corrientes hasta que ninguna le sea ajena. Porque "Antología" tiene tanto de las culturas precolombinas como del ornamento árabe. Le hace un guiño a lo más icónico del arte occidental y trabaja sobre una multiplicidad que también se explica en los soportes: va de la tela al aluminio y de la vitra al papel.

La muestra que fue curada por Silvio de Ferrari reúne piezas del artista, trabajadas en aluminio, vitra y papel. (Foto: César Campos)
La muestra que fue curada por Silvio de Ferrari reúne piezas del artista, trabajadas en aluminio, vitra y papel. (Foto: César Campos)
/ CESAR CAMPOS

"Me fascina todo el arte desde que era chiquito y chorreaba témperas. Pero ahora, como los cantantes más viejos tipo Dylan o Van Morrison, estoy regresando a mis raíces. Aludo a Altamira y a la cultura Nasca, pero mi mirada es como la de un antropólogo que viene de otro sitio. Eso sí, les tengo mucho cariño a mis patas del barrio, admiro a peruanistas como De Szyszlo y a mis amigos Ricardo Wiesse, Kike Polanco y Armando Williams. A Silvia Westphalen y a [las desaparecidas] Lika Mutal y Johanna Hamann".

Armada a partir del rescate de por lo menos 27 muestras individuales desde su bautizo londinense, del artista underground que equilibraba el presupuesto como barman y jardinero queda todo, especialmente su incursión en la fragmentación y el ‘cut-up’ de Burroughs. "Pero ahora he optado por lo único revolucionario, lo que no es ‘mainstream’: el arte abstracto. Entonces, me estoy apartando de la tecnología y acercándome más al primitivismo". Controlando la sobresaturación tecnológica y la tentación del ‘copy paste’, Barhumi prefiere alimentarse con libros de paleontología, historia y mitología. Leyendo a Borges, Kurt Vonnegut y Octavio Paz.

SOPLOS DE LUZ

Notablemente influido por la Escuela de Nueva York, admirador de Tiziano y Cézanne –"por sus fracasos"– y de Picasso –"hasta el ‘Guernica’"–, Barhumi es sobre todas las cosas un melómano que toca la guitarra y pinta con mucho volumen escuchando a Bowie, Dylan, Waits, Zappa y Jimmy Hendrix. Hasta el extremo que si le dieran a escoger entre todas las artes, él escogería la música. "Sin ninguna duda. Schopenhauer decía que todas las artes se quieren parecer a la música. Toco blues y tengo una minicolección de guitarras. No me interesan los carros o la ropa, la guitarra me vuelve loco".

Lo desalienta, eso sí, una realidad concreta: "Me enteré que hace poco en una escuela los alumnos se amotinaron porque no querían recibir clases de dibujo ni de historia del arte. Lo cual demuestra que si no hay un proceso detrás del trabajo, no hay un porqué. Y las matrículas no se justifican cuando no hay artistas potenciales. Porque dedicarte a esto es cansador, agotador y frustrante. No vas a recorrer un camino lustradito. Vas a enfrentarte a tus limitaciones y será muy complicado tratar de superarlas".

Inclasificable y dueño de una modestia apabullante –"no aspiro a estar en museos ni colecciones, solo quiero mejorar el entorno de quien tenga un cuadro mío en su casa"–, confiesa que si hay una pintura que lo conmueve es "La Mona Lisa". "A los 21 años la vi por primera vez sin las barreras que tiene ahora. Me acerqué tanto que, cuando estuvo frente a mis ojos, dije: esto no está pintado. Esto ha recibido luz y sombras solo con soplidos. Aquí no ha intervenido una mano. Ni sonrisa enigmática ni nada, el que lo hizo no estaba pisando el suelo. Y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo".

MÁS INFORMACIÓN

Lugar: Icpna de Miraflores. Dirección: Av. Angamos 160. Temporada: hasta el 29 de diciembre. De martes a domingo de 11 a. m. a 8 p.m. Ingreso: libre.


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