Redacción EC

Cuando regresó en 1943, Harry Ettingler, un alemán que había huido obligado por el régimen nazi, se encontró con una Europa en ruinas y una misión: encontrar bajos esos escombros valiosas obras de arte robadas por los nazis durante su saqueo al continente.

Ahora que se cumplen 70 años de su incursión como miembro de un comando especial del ejército aliado, llamados los "Hombres de los Monumentos" (Monuments Men), Ettingler recuerda cómo fueron aquellos días tratando de evitar una hecatombe cultural.

"Nos pasamos varios meses en una mina de sal, bajo tierra, en Austria, enlistando todas las obras que los nazis se habían robado durante los años de la guerra. Eran miles. Y todas valiosas", relató Ettingler en un documento publicado por la Fundación de los Hombres de los Monumentos.

Ettingler, junto a un comando de 345 personas, que incluían a destacados curadores de arte y directores de museos alrededor del mundo, se encargaron de evitar que la tragedia de la guerra acabara con el patrimonio cultural del corazón de la civilización occidental.

Y aunque no dispararon una sola arma, debieron afrontar el rigor de la guerra.

Los "Hombres de los Monumentos"

Los protectores del arte tenían varios motivos poderosos para llegar a durante la guerra que se podían resumían en uno: , además de invadir vastos territorios con sus poderosos tanques y su abundante Luftwaffe, estaba desvalijando los museos de Europa para construir en su ciudad natal, Linz, el Führermuseum (museo del Führer) con lo más selecto de las obras de arte que habían sustraído.

Por esa razón los museos más emblemáticos estuvieron cerrados y sellados durante los seis años que duró el conflicto, la Mona Lisa de se cambió cinco veces de lugar y el Hermitage evacuó 1,2 millones de piezas en cuatro semanas para evitar que la ambición del Hitler y de su segundo, Hermann Goering, se apropiaran de aquellos tesoros de la humanidad.

Pero miles de obras de pequeñas galerías y coleccionistas privados no tuvieron la misma suerte. De hecho, cuando Goering fue arrestado, se halló bajo su custodia una colección de arte superior a la Galería Nacional de Washington, el mayor museo de este tipo en EE.UU.

"Los nazis habían diseñado un sistema que además de acabar con el enemigo se apoderaba de la tierra y de su cultura", señaló Ettingler.

Entonces, la presión de los curadores y conservadores de arte en Estado Unidos hizo efecto: en junio de 1943, el presidente Franklin D. Roosevelt aprobó una resolución que creaba una comisión de salvamento de monumentos y obras de arte en zonas de guerra.

Sin embargo, quedaba un asunto por resolver: ¿quiénes iban a ser lo salvadores del arte incautado?

Fue cuando se creó el comando, bajo la instrucción del presidente de la Corte Suprema de Justicia de EE.UU., Owen J. Roberts (el trabajo en el terreno se denominó "La comisión Roberts"). Y unos 200 hombres, entre soldados, curadores de arte, directores de museo y dueños de galerías fueron enviados a la guerra.

Se les llamó los "Hombres de los Monumentos".

El objetivo

Lo que más preocupaba a los "Hombres de los Monumentos" es que el paso de los nazis hubiera acabado con las obras de arte en manos de los pequeños museos y coleccionistas de arte.

"Estaban preocupados por obras que no estaban clasificadas, que eran difíciles de rastrear por no ser parte de un museo grande y que las podían desaparecer sin dejar ningún rastro", le explicó a BBC Katie Haw, directora del Archivo de Arte de Estados Unidos, donde actualmente se realiza una exposición sobre este tema.

Su misión, un paso a atrás de las líneas ofensivas, fue intentar hallar, restaurar y devolver a sus dueños originales la mayor cantidad de obras que fuera posible.

Los trabajos más destacados fueron la restauración de la villa Campo Santo donde está ubicada la torre Pisa en Italia, el hallazgo de más 6.000 objetos en el castillo Neuschwanstein, en Alemania, y la recuperación de valiosos objetos en las minas de sal de Altaussee, Austria.

"Uno de nuestros logros más impresionantes fue clasificar la colección que habían escondido los nazis en Neuschwanstein. Estaba toda la colección que Henry Rostchild tenía en París, por ejemplo", recordó la voz de uno de los miembros del peloton, Charles Parkhust, en un archivo de audio al que tuvo acceso la BBC.

Pero no sólo era la recuperación de arte: los "Hombres de los Monumentos" como Parkhust, Ettingler o el líder de uno de los pelotones el proyecto, el conservacionista de arte George L. Stout, tenían otras tareas como marcar a los aviones aliados qué edificios no debían ser bombardeados por ser precisamente eso, monumentos y patrimonios de la humanidad.

"Fueron muy valientes, porque no tenían ningún entrenamiento para ser soldados, pero se atrevieron a ir a ayudar en la reconstrucción como se debía de un continente en ruinas", afirmó Haw.

Las devoluciones

A pesar de que la guerra terminó hace 70 años, la lucha por la recuperación de las obras todavía continua.

Uno de los casos más conocidos es el de la familia de Jacques Goudstikker, un coleccionista holandés que debió abandonar su galería en Amsterdam con 1.200 piezas entre las que se encontraba el Adán y Eva de Lucas Cranach, entre otros.

"Cuando los 'Hombres de los Monumentos' terminaron su labor en Europa, pensaron que la mejor forma de devolver las obras a sus propietarios originales era a través de sus países. El problema es que por ejemplo Holanda decidió entregar estas piezas a los museos antes que a la familia", le dijo a BBC Mundo Mari Claudia Ramírez, representante de la familia Goudstikker.

La batalla legal ha durado décadas. La mayoría de los cuadros comenzaron a hacer parte de la colección de arte de Holanda, argumentando que eran un tesoro nacional. Pero la familia peleó por lo que consideraba su patrimonio y su derecho a tenerlos colgados en su casa o venderlos a quien quisiera.

Hasta que en 2006, el gobierno holandés le devolvió a Marei von Saher, nuera de Goudstikker, 200 cuadros que estaban repartidos por distintos museos del país europeo. Mucho de los cuadros, que incluían Rembrandts y otros maestros flamencos, fueron vendidos en una subasta que alcanzó los US$10 millones.

"Es cierto que en los museos la gente puede apreciar estas obras de arte, pero esto era un patrimonio que la familia y ellos merecían tenerlos. Recibimos muchas críticas en Holanda por esto", concluyó Ramírez.

Lo cierto es que esta historia atrajo la atención del escritor Robert Edsel, quien publicó un libro con la historia, y esta semana se estrena la película que dirigió el actor estadounidense , llamada "".