Caricaturista Joaquín Salvador Lavado, también conocido como Quino, se sienta junto a figuras de Mafalda, su personaje más conocido y querido. La fotografía fue tomada en 2014, cuando se celebró los 50 años de la tira cómica. (Foto: AFP/DANIEL GARCIA)
Caricaturista Joaquín Salvador Lavado, también conocido como Quino, se sienta junto a figuras de Mafalda, su personaje más conocido y querido. La fotografía fue tomada en 2014, cuando se celebró los 50 años de la tira cómica. (Foto: AFP/DANIEL GARCIA)
Enrique Planas

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Pasos cortos, de prisa pero encogidos. En su fragilidad, era capaz de resistir multitudes de lectores que pugnaban a su alrededor por un autógrafo. Así lo recordamos en una presentación en la Feria del Libro de Buenos Aires, allá por 1995. Una señora, un poco desilusionada al solo recibir su redonda firma sobre su flamante edición de “Mafalda”, le preguntó: “¿Y no me hace el dibujito?”, a lo que el dibujante argentino, con irónica calma, respondió: “Señora, hacer el dibujito me toma un día de trabajo”.

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Esa es la imagen que conservamos de Joaquín Salvador Lavado Tejón, conocido en todo el orbe bajo el seudónimo de Quino: la de un hombre que pide sentido común a las masas. Como lo hacían sus maestros, el existencialista Schulz con sus “Peanuts” en Estados Unidos o Sempé con sus elegantes apuntes del absurdo cotidiano en Francia. Para Argentina, y por extensión a toda América Latina, Quino es el referente del humor de nuestro continente, pero también un clásico universal.

“Se murió Quino. Toda la gente buena en el país y en el mundo lo llorará”, escribió ayer a las 9:21 de la mañana su amigo y editor Daniel Divinsky en su cuenta de Twitter. En efecto, la confirmación de su muerte ha golpeado a todos los que han reído con sus historias y lo convirtieron en un autor cercano e inmediato. “Sí, queda un gran vacío. Un vacío con la forma de un artista irrepetible. Una vida bien vivida deja huellas”, comentó a El Comercio su colega y paisano Ricardo Siri, el popular . “La de Quino fue una gran vida y sus libros lo atestiguan desde cientos de miles de bibliotecas en todo el mundo”, añade el autor de “Macanudo”.

EL PAPÁ DE MAFALDA

Hijo de migrantes andaluces, Quino nació en la ciudad de Mendoza el 17 de julio de 1932 (aunque en los registros la fecha que figura es el 17 de agosto). Se ganó su apodo al nacer, para diferenciarse de su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico. Con esta influencia, a los 13 años comenzó a estudiar Bellas Artes en su ciudad natal, pero abandonó esos estudios en 1949 para dedicarse a las historietas y al humor.

Su carrera profesional se inició el 9 de noviembre de 1954, cuando el semanario “Esto es” publicó su primera página de humor gráfico. Posteriormente, el joven dibujante se incorporaría al staff de revistas icónicas de las décadas del 40 y 50, como “Avivato”, “Rico tipo”, “Tía Vicenta”, “Democracia” o “Vea y lea”.

Los estudiosos coinciden en que a principios de los años 60 se cerraba el ciclo de oro de la historieta argentina, pero que, paradójicamente, fue en ese contexto de crisis en que surgieron dos emblemas del género: “Mort Cinder” (de Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia) y “Mafalda”, la única tira con personajes fijos realizada por Quino. El 29 de setiembre de 1964, se publicó la primera tira de esta niña de clase media que miraba su mapamundi con inocencia pero también con audacia.

Nacida de una frustrada campaña de electrodomésticos Mansfield, el dibujante había realizado seis tiras de una embrionaria “Mafalda”, tres de las cuales fueron publicadas en “Gregorio”, suplemento de humor de la revista “Leoplán”. De allí, la protagonista, sus padres y sus amigos se mudaron el 29 de setiembre de 1964 al semanario “Primera plana”. En ese año gobernaba Argentina Arturo Illia, los Beatles arrasaban en los ránkings musicales, los palestinos fundaban la OLP, se extendía el bloqueo a Cuba y se investigaba el asesinato del presidente Kennedy. Asimismo, Martin Luther King obtenía el Premio Nobel de la Paz y el filósofo Jean Paul Sartre rechazaba el de Literatura.

El 15 de marzo de 1965, la tira se mudó al diario “El Mundo”, con seis entregas semanales, hasta su cierre dos años después. Pasaron cinco meses hasta que volvió a ser publicada en el semanario “Siete días”, en 1968, año del nacimiento de Guille, el hermano menor de Mafalda.

Cansado de la tira, Quino decidió abandonarla diez años después de su estreno, el 25 de junio de 1973, para continuar con su obra de humor gráfica de temática abierta, que publicaría en revistas como “Panorama”, “Mengano” y finalmente “Clarín”, primer diario argentino que abandonó las tiras extranjeras para publicar solo material nacional en su contraportada. En su suplemento dominical, Quino comenzaría en 1980 a realizar su clásica página de humor de una sola viñeta, donde continuaría publicando hasta su retiro. Convertido en el gran cronista del mundo, recibió distinciones tan prestigiosas como la Orden de Isabel la Católica en el 2005, la Legión de Honor Francesa en el 2014 o el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades ese mismo año.

¿Y “Mafalda”? Ni los medios ni el público le perdonaron al entrañable dibujante haberse negado a retomar la tira. “Si bien me halaga que se siga leyendo, también es triste pensar que los temas de los que hablaba Mafalda aún existen”, diría más tarde el autor argentino.

Además de la historieta, Mafalda conoció efímeras aventuras en dibujos animados de corta duración y un breve regreso en 1977, cuando el personaje fue elegido por el Unicef para representar la Declaración de los Derechos del Niño.

EL RECUERDO DE JUAN

El primer trabajo de Quino que llega a la memoria del dibujante no es “Mafalda”, sino una viñeta de humor gráfico tan cruel como deliciosa. En ella, una señora mayor borda y sus trabajos parecen cubrir toda su casa: mantelitos, petates, cubrelámparas. Tal es la profusión de su tejido que no se ha dado cuenta de que su marido se ha colgado de la lámpara, con una de sus delicadas grecas, mientras ella continúa sus labores. “Esa imagen basta para darnos cuenta del interés de Quino por la condición humana, la incomunicación, la soledad. Tantas cosas transmitidas en un chiste”, afirma su colega.

Como todo admirador de la obra del historietista argentino, la primera reacción del amigo es de dolor. “Quino es un personaje mundial, el más grande que ha tenido la tira cómica latinoamericana”, dice enfático. Y si bien la significación del trabajo del padre de Mafalda resulta múltiple, las dos primeras que destaca su colega tienen que ver con la humanidad que Quino podía transmitir en su obra, así como su mirada crítica a las injusticias sociales y los absurdos de nuestra condición humana.

“La opción primera de Quino era la del humor comprometido. No tanto desde el punto de vista partidario, sino la de un humor en el que eran las personas lo que importaban”, explica Acevedo. “Él no era un tipo chistoso, que buscara arrancarnos una carcajada a costa de cualquier grosería. El suyo era un humor inteligente y crítico. Con su muerte, hemos perdido un patriarca del humor gráfico latinoamericano”, afirma.

Acevedo conoció a Quino en 1980, al coincidir en el recordado festival dedicado a la historieta en Lucca, Italia. Mantuvo con él una relación epistolar, hasta que por fin se conocieron cuando la embajada argentina logró traer al dibujante a la Feria del Libro de Lima en el 2009.

Quino ha fallecido a los 88 años. En los últimos años, tras haber regresado a Mendoza a radicar luego de dos décadas en Milán y Buenos Aires, sufría de problemas de salud. Para Acevedo, junto con el maestro mexicano Eduardo del Río, Rius (fallecido a los 83 años en el 2017), eran los dos pilares de la historieta humorística latinoamericana. ¿Permanecerá el legado de un humor asociado a la filosofía popular y la crítica humanista? A decir del padre del Cuy, la vigencia de ambos sigue viva e influyente. “Leer a ‘Mafalda’ era algo que te movía las neuronas. Te estimulaba, te alentaba a hacer humor social. En ese sentido, su legado es clarísimo”, añade.

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