Crítica de cine: “Jasmine”
Crítica de cine: “Jasmine”
Redacción EC

ALBERTO SERVAT

Una mujer busca refugio. Tras un pasado de riqueza y comodidad, busca a la hermana que antiguamente desdeñó y se queda con ella con la esperanza de reconstruir su vida. Así comienza “” (2013), la nueva película de , cuya línea argumental nos recuerda el planteamiento de “Un tranvía llamado deseo”, de Tennessee Williams.

Un drama que remeció la escena teatral neoyorquina en 1947 y la pantalla mundial en 1951. Sin duda se trata de un argumento atractivo, escandaloso en su momento, pero que sigue siendo fuente de inspiración para artistas de todo tipo (Almodóvar le rinde homenaje en “Todo sobre mi madre”).

Pero no es la primera vez que Allen se introduce en terrenos del tranvía de Williams. Ya lo hizo de manera superficial y muy divertida en “Whatever Works” (2009), con escenas calcadas pero en tono de farsa e incluso parodia. Ahora toma el modelo del drama y lo adapta a un escenario distinto en el tiempo y en el espacio, pero no en términos de decadencia y valores morales. Porque Jasmine (), como Blanche Du Bois, aparentemente es una mujer frágil, víctima del pasado e incapaz de adaptarse al presente. En realidad no lo es tanto. Jasmine ha provocado su caída pero no ha aprendido ninguna lección. Y repite una y otra vez sus mismos errores. Entregada a una vida de lujos, ha sabido “no mirar”, ha preferido “estar al margen” y, sin embargo, ha sido parte de ese mundo de grandes ambiciones y tremendas estafas del Wall Street de estos tiempos. En este punto, Woody Allen se nutre de los titulares de primera plana de los tabloides en tiempos del Caso Madoff y otros similares. Y convierte el material en el escenario perfecto para la caída de su protagonista.

Lo interesante de Allen, y su gran acierto en esta cinta, es saber dibujar con gran detalle al personaje central.

No solamente las idas y venidas del guion, los oportunos flashbacks y las frases mordaces e ingeniosas del diálogo hacen de esta una gran película. Es esa manera de delinear a Jasmine. De presentarla de una manera humana y de hacerla atractiva a nuestros ojos sin perdonarle nada. Aquí el personaje alcanza matices inesperados.

No es la primera vez que Allen dibuja con tanto esmero y eficiencia un personaje femenino. Nada de eso. Desde Annie Hall (“Annie Hall”, 1979) lo ha sabido hacer. Y algunas actrices le agradecerán por siempre el Óscar que han recibido por sus películas. Pero en esta ocasión, el personaje va más allá. Se introduce en una amargura mucho más efectiva que en filmes como “Interiores” (1978), “Setiembre” (1987) o “La otra mujer” (1988), donde siempre había algo artificial. Jasmine va más allá. Y tal vez se debe a que, a diferencia de esos otros filmes, esta mujer está rodeada de un tono de comedia, ironía, farsa.

Por supuesto es Cate Blanchett la columna vertebral del filme. De comienzo a fin es esta mujer de extraordinaria presencia quien recibe toda nuestra atención. No recuerdo en los últimos años un mejor vehículo de lucimiento para una actriz. Se trata de una de esas raras creaciones donde la personalidad de la intérprete y el carácter del personaje se nutren mutuamente. Se funden. Surge entonces una perfecta comunión, como la Margo Channing de Bette Davis o la Mildred Pierce de Joan Crawford, o incluso la Annie Hall de Diane Keaton. Actriz y personaje se pertenecen en cuerpo y alma. Por supuesto, nada sucede al azar. Cate Blanchett no solamente es una actriz bien entrenada con interpretaciones previas notables. Hace poco encarnó a Blanche Du Bois en escena y bajo la dirección de Liv Ullman, nada menos. Esto le ha permitido dominar a esta mujer quebrada y por momentos incoherente. Conoce a la perfección esa sensación de decadencia y camina alrededor de los bordes de la desesperación. Woody Allen ha señalado en varias oportunidades que no vio el montaje de Ullman y que tuvo en mente a Cate por otros motivos desde el comienzo de su proyecto. Sea cual fuera la razón de su trabajo conjunto, el director y su estrella han conseguido uno de los personajes de excepción del cine contemporáneo. En muchos años no teníamos una candidata al Óscar a la Mejor Actriz con mayores razones para ganarlo.