Marco Mühletaler es también director de teatro. Él afirma: " Dirigir una obra de teatro puede ser muy similar a dirigir un centro cultural. Hay una cuestión de trabajo colectivo, creativo y humano que  está muy desarrollada en ambos ámbitos". (Foto: Alessandro Currarino)
Marco Mühletaler es también director de teatro. Él afirma: " Dirigir una obra de teatro puede ser muy similar a dirigir un centro cultural. Hay una cuestión de trabajo colectivo, creativo y humano que está muy desarrollada en ambos ámbitos". (Foto: Alessandro Currarino)

Dilemas diversos desvelan a los gestores de los centros culturales del Perú y otras partes del mundo. ¿Cómo atraer públicos nuevos en esta era de streaming, de consumo inmediato o de nomofobia, que es algo parecido al pánico de salir de casa sin el celular? ¿El circuito comercial es aliado o enemigo? ¿Tiene sentido luchar contra Netflix? ¿Cómo romper el prejuicio que sitúa a la cultura en una torre de marfil y acercarla seductoramente a las masas? Preguntas afines deben haber inquietado a Marco Mühletaler, director del Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Perú (CCPUCP) desde fines de abril.

En este lapso, entre las propuestas del CCPUCP para enriquecer el consumo cultural figura la proyección de "Isla de perros", el magnífico filme de animación del cineasta Wes Anderson, sobre un chico que va al rescate de su mascota luego de que una autoridad japonesa decretara, por una epidemia de gripe canina, el encarcelamiento de los perros en una isla. Una película exquisita y creativa que, lamentablemente, tiene poca cabida en los multicines debido a que no genera recaudaciones escandalosas como las de "Avengers", entre otras razones. Así se mueve el mercado.

Por estos días, además, Mühletaler está de lleno en la planificación del , que es organizado por el CCPUCP. La edición 22 de esta cita cinéfila será del 3 al 11 de agosto.

—Alicia Morales, ex directora del CCPUCP, recalcaba que los que iban a tomar la posta tenían que ser, sobre todo, jóvenes. En ese sentido, ¿cómo el CCPUCP dialogará con la actualidad y las constantes transformaciones?
Alicia, efectivamente, insistía mucho en el recambio generacional. Detrás de ello hay una visión, un objetivo, que tiene que ver con llegar a nuevos públicos, contenidos, accesos, maneras de hacer las cosas y de comunicarlas. ¿Cómo tener contenidos que dialoguen con los intereses de las generaciones nuevas? ¿Cómo le hacemos la vida más fácil a la gente que quiere venir al centro cultural? Hay que allanar el camino. Es complicado si no hay una venta online o canales que estén al alcance de la mano.

—¿Esto de qué manera se traduce en el rubro del cine?
Estamos empezando a hacer un pequeño viraje. Tenemos claro que el centro cultural no es competencia de ninguna sala comercial. Y no lo será. Ese no es su ADN.

—Y tienen que competir con algo masivo: los celulares.
Es verdad que un chico de 14 años ve en su teléfono los contenidos. Pero hay algo en el fondo de todos que nos mueve como humanos, que es la experiencia de la comunión frente a un hecho específico. Creo que eso es más importante que todo. Los festivales tienen justamente ese valor. El festival no es solamente una proyección de cine. Un festival, como dice su nombre, es una fiesta, una celebración, un encuentro. Un festival da muchas oportunidades para competir con públicos diversos. ¿Cómo competir con Netflix? Si es que vale la pena competir con Netflix, no lo sé. ¿Pero cómo competir con otros canales al alcance de la mano y el bolsillo de todo el mundo? Probablemente tengamos que pensar cada vez más en generar experiencias concretas y mejor concebidas para esos públicos con relación al cine.

(Foto: Alessandro Currarino / El Comercio)
(Foto: Alessandro Currarino / El Comercio)

—Por ejemplo...
Te doy unos ejemplos que pueden parecer aislados, pero que están en esa línea. A principios del año, hicimos una programación de las favoritas del Óscar, y luego de las ganadoras del Óscar. Tratamos de conseguir todas, y en este país eso es un trabajo complejo porque es negociar con muchos distribuidores y exhibidores. Se trata de sentarse y, para empezar, decirles que no competimos con ellos y que somos una sala que atrae un público distinto. El resultado fue impresionante: teníamos hordas de gente –muchos jóvenes, además– que venía a ver estas películas. A partir de ahí, hemos generado algunos eventos que están en esa sintonía. Por ejemplo, la película "Isla de perros", que nos ha llenado la sala. Se trata de pensar más en términos de experiencia. El Festival de Cine de Lima tendrá que generar eventos que conciten la atención de un público que quiere ver la película y algo más que no le da el teléfono: encontrarse con gente, o volver a ver un clásico que está de aniversario en una pantalla grande.

—¿Qué otros puntos del festival reforzarán?
Hicimos un estudio o 'planning' nuevo de publicidad para ver cómo nos ven y qué cosa quiere el público que ya es nuestro usuario y aquel que queremos que venga, pero al que todavía no motivamos. Había posiciones contrapuestas, muy interesantes: para los usuarios de siempre, nuestro festival puede ser muy 'mainstream'; para otros, nuestro festival puede ser muy cerrado o demasiado para especialistas. Pero algo que saltaba en la mayoría era la palabra 'libertad'. Y libertad significa romper barreras. También queremos que los nombres de las secciones sean más claros y apunten de un modo más directo hacia sus objetivos. Y buscamos que el festival no sea una experiencia abrumadora para los que no están habituados a ella, así como queremos que los que ya son amantes del festival hagan sus descubrimientos con mayor fluidez.

—El festival tiene, por primera vez, un director artístico.
Es alguien que tiene una mirada curatorial y que puede ver el festival desde afuera, sin entrar en todos los aspectos de la gestión que a veces son abrumadores.

—Un programador.
Sí, hay en ese director artístico –que es el cineasta Josué Méndez– una mirada de coherencia curatorial y narrativa hacia las áreas que estamos construyendo. Eso nos permite reenfocar mejor las secciones a nivel de contenido y de comunicación, para que los límites entre ellas sean más claros. Llevamos ya más de seis meses con Josué, y es un trabajo bien fluido, porque yo también soy director de teatro –ese es mi corazón– y, además, me encanta ver cine. Pero, evidentemente, me come todo el lado de la gestión, entonces él me ayuda a ver, con ojos limpios, diversos contenidos, y cómo ellos deben tener los espacios que ameriten.

(Foto: Alessandro Currarino)
(Foto: Alessandro Currarino)

— Lo acabas de mencionar: eres director de teatro. Desde luego, esta labor es distinta a la gestión cultural. Sin embargo, ¿se trata de placeres muy diferentes?
No, se complementan absolutamente. Es mucho más parecido de lo que se cree. Dirigir teatro es contar una historia, pero, en el fondo, es pedir ayuda a otros para contar una historia.

—¿Y la gestión cultural?
Trabajas de la misma manera. Tienes una historia en la cabeza y estás pidiendo ayuda permanentemente para contarla. Por supuesto que hay habilidades que uno desarrolla tanto en la gestión como en la parte artística, pero creo que hay una cuestión de trabajo colectivo, creativo y humano que está muy desarrollada en ambos ámbitos. En mis años en el teatro, he aprendido mucho más, honestamente, sobre el trabajo en organizaciones y equipos que en la maestría de Gestión [Mühletaler cuenta con un máster en Gestión de Instituciones y Empresas Culturales de la Universidad de Barcelona].

—¿Puedo poner esto? No vaya a ser que se ofendan los de la maestría.
Claro que sí. Hasta mando esta nota a Barcelona. Se los he dicho siempre. Además, es real. Uno aprende mucho en el trabajo en el teatro. Ahí uno es psicólogo, cuentacuentos, narrador, escritor, periodista... Un poco de todo. Y esa es la manera que yo conozco para gestionar. Es un modelo teatral y colectivo. Curiosamente, si tú ves la línea de los gestores culturales que más dirigen proyectos o que están a la cabeza, muchos de ellos provienen de las artes escénicas, en la que se parte de la premisa de que trabajas con los demás. El artista plástico procede desde una perspectiva distinta, y quien trabaja en las letras también tiene una labor más individual. En cambio, en el teatro si no sabes trabajar en equipo, te fregaste, haces monólogos toda tu vida y no tienes más oportunidades. Dirigir una obra de teatro puede ser muy similar a dirigir un centro cultural.

DATOS
La edición 22 del Festival de Cine de Lima irá del 3 al 11 de agosto.
Hasta el 13 de julio está disponible la compra del abono de las entradas del festival.
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