Sebastián Pimentel

Es 1969 en Los Ángeles, y nuestros protagonistas son aspirantes a estrellas o actores que nunca llegaron a las ligas mayores. Precisamente este último es el caso de Rick Dalton (), actor ya maduro especializado en hacer de cowboy y que estelariza una serie televisiva. A él lo acompaña, dondequiera que va, Cliff Booth (), mezcla de doble de acción, asistente personal y mejor amigo que siempre se mete en problemas.


Es claro que Dalton simboliza al viejo Hollywood, el que ya no tiene cabida frente a una nueva generación –la de los sesenta, década hippie y revolucionaria– que emergió para barrer todos los imaginarios del pasado. Por ello es muy significativo que los vecinos que viven al lado de Dalton, en el tope de la colina, sea el flamante matrimonio compuesto por el director del momento, Roman Polanski, y su esposa embarazada Sharon Tate.

Mientras Tate (Margot Robbie) es una joven llena de frescura y entusiasmo por entrar a ese mundo de sueños que es Hollywood, Dalton está de salida y tiene que lidiar con su alcoholismo y frustración. A Tate la vemos con ternura y fascinación, mientras que la mayor parte del tiempo estamos con Dalton y su amigo Booth, cuya condición de 'doble' no es nada superficial. De hecho, toda la película se hace en base a duplicaciones y reflejos.

La materia prima de Tarantino son las representaciones y fingimientos. De hecho, en sus películas, la condición existencial por antonomasia tiene que ver con actuar un papel, un personaje hecho de códigos y rituales –de gángsters, cowboys, asesinos, policías– que se confunden con una estética. ¿Cómo diferenciar a Dalton de su personaje del cine? ¿En qué medida Dalton o Booth se han confundido con lo que son en la pantalla?

Lo mismo sucede con la ciudad que vemos. Es un Los Ángeles donde las calles y los ranchos aledaños donde se filmaban los westerns dejan de ser realidades ordinarias y se confunden con los imaginarios de la pantalla. Es imposible no ver en la secta de Manson, conformada por unos jóvenes desaliñados que montan a caballo, a unos forajidos que guardan un misterio y una maldad que se cierne sobre tipos como Booth, un cowboy en toda regla.

Pero la mirada es múltiple. "Había una vez…" es una película coral, donde podemos ver a un joven y arrogante Bruce Lee (Mike Moh), o a viejos productores –como el que interpreta Al Pacino– que hablan del spaghetti western, subgénero al que se condena a los actores en declive como Dalton. Las superficies son brillantes y coloridas, pero la atmósfera es forense, casi fúnebre: estos personajes saben que les queda poco tiempo.

El juego con el tiempo es otro rasgo de consideración cuando hablamos de cualquier filme de Tarantino. Y esta no es la excepción. La narración se hace con breves disquisiciones retrospectivas, especies de 'flash-backs' que nos permiten conocer algún aspecto del personaje. Sin embargo, esto no impide que la narración vaya concentrando una fuerte tensión y se produzca la sensación de espera de un desenlace terrible que, sabemos, tiene que llegar.

Finalmente, el último propósito del cineasta de "Kill Bill", con este filme, es que el cine modifique la historia. Y para nuestro autor, la historia se modifica con violencia. "Soy un estudiante de la violencia, porque soy un estudiante del corazón humano", es una frase de Sam Peckinpah, otro poeta de la violencia fílmica. Pues bien, Tarantino observa a los fracasados, perdedores, a las víctimas de todas las guerras, y les ofrece una revancha. La gesta de Dalton y su doble, con sus luchas interiores, con sus ridiculeces y generosidades, vicios y lealtades, se consuma en un combate cuerpo a cuerpo y en una fiesta de sangre. Aquí, el cine toma el poder desde los sueños. Una forma de ser utópico y, a la vez, trágico.

LA FICHA
Título original: "Once Upon a Time in... Hollywood".
Género: drama, comedia.
País y año: EE.UU., 2019.
Director: Quentin Tarantino.
Actores: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Margaret Qualley.

Calificación: 5 estrellas.

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