La literatura universal de la segunda mitad del siglo XX –y buena parte del XXI– no puede entenderse sin la influencia del checo Milan Kundera (1929-2023). Aunque fue un autor esquivo, extremadamente reacio a las entrevistas, sus libros hablaron siempre por él: y de ahí que lo que podríamos llamar “noción Kundera” empatara tan bien con el mundo de hoy.
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Su obra ponía énfasis en las facetas más extrañas e incluso incómodas de la condición humana. Su sensibilidad y también su ridículo. La mezcla de las ideologías colectivas con el más puro existencialismo. En sus historias se cruzaban temas como la identidad, el olvido, la complejidad de nuestros sentimientos. Y siempre con un hálito trascendental, pero al mismo tiempo haciendo uso del drama y de la comedia, un tono irónico que lo volvió sumamente reconocible.
Kundera nació en Brno, por entonces Checoslovaquia, en el seno de una familia acomodada. Sus primeros intereses artísticos estuvieron ligados a la musicología, que estudió de joven. Luego cambió a la literatura y al cine, pero echó raíces en las letras. En 1967 publicó “La broma”, un libro que perduraría en el tiempo, y en 1969 otro notable llamado “Amores risibles”.
En 1975 se exilió en Francia, lo cual le cambiaría la vida luego de su alejamiento del comunismo con el que simpatizó. Eventualmente terminaría obteniendo la nacionalidad francesa, aunque nunca se desprendió del todo de su naturaleza checa. De hecho, el autor falleció en la misma ciudad donde nació, en Brno, el último martes, según lo dio a conocer Gallimard, su casa editorial.
ENORME LEGADO
Pese a su obra profusa, fue “La insoportable levedad del ser” (1984) la novela que consolidó su prestigio y se convirtió en un ‘best seller’. A través de la historia de Tomás, un hombre de Praga que se encuentra envuelto en sus dilemas afectivos, Kundera traza un notable fresco sobre las angustias humanas en torno al amor, la política, la filosofía, la espiritualidad, la religión, entre otros temas.
Tras esa novela capital, vinieron otras que compartían similitudes: “La inmortalidad” (1988), “La identidad” (1998), “La ignorancia” (2000) o “La fiesta de la insignificancia” (2014), su último libro publicado. Todas sus obras fueron editadas en idioma español por el sello Tusquets.
“Mi educación en la sensibilidad literaria le debe mucho a Kundera –señala el escritor y periodista peruano Dante Trujillo–. He crecido con él, y con su muerte se apaga un reino –antiguo pero siempre entrañable– de la experiencia”. Por su parte, el también escritor y librero Julio César Zavala describe a Kundera como un “creador de universos personales donde la condición humana tiene el correlato de los grandes acontecimientos históricos como la guerra, las ideologías de las que fue un gran crítico, así como la filosofía occidental y la experiencia del hombre en un universo de sentimientos contradictorios”.
Como tantos otros autores, Kundera fue un permanente candidato para el Nobel de Literatura, que nunca se le concedió. Fue un premio que no necesitaba: su obra será la que perdure más allá de cualquier distinción.
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