José Carlos Picón

Hace algunas décadas buscó torcer e invertir la perspectiva histórica imperante y el punto de vista con respecto a la conquista. Elr francés Nathan Wachtel apostó por la visión de los vencidos. Partió de la recomendación que Walter Benjamin hizo sobre la historia en su libro de 1940. El filósofo alemán refería que todo lo que se ha escrito en la historia no es nada más que el desfile triunfante de los vencedores. Y lo que no se ha escrito es la historia de los excluidos, de los marginados, de los vencidos, de los que están sometidos. 

Esta perspectiva de abajo tiene que ser vigente, ya que siempre hay víctimas y dominantes, maestros del poder que marginalizan y dominan, sostiene Wachtel. “Si las fuentes lo permiten, adoptar el punto de vista de los vencidos, pero también de los vencedores para tratar de tener una visión de conjunto”. Un punto de vista complementa el otro, acota. 

¿Quiso dar voz a aquellos que no se consideraba en el discurso histórico?
Hasta ahora hay gente de arriba y de abajo, hay dueños del poder que dominan a los sometidos. La complementariedad de estos puntos de vista sigue vigente. 


¿Existe una psicología de los vencidos? ¿Esta opera en la actualidad en América Latina?
El historiador, desde mi punto de vista, a la luz de la corriente a la que debo mi orientación, es decir la de la revista “Anales”, debe abrirse a las otras disciplinas: antropología, lingüística, arqueología, psicología. Si solo lo enfocamos desde la psicología, podríamos tener puntos de vista parciales. Podríamos hablar de la reacción frente al drama y trauma de la conquista y las consecuencias de la desestructuración y descomposición de la sociedad indígena, que se recompuso durante la Colonia pero de manera frágil. Aquella descomposición a raíz de la catástrofe demográfica por epidemias hizo que lo que quedaba de la sociedad indígena estuviera traumatizada. Los efectos continúan hasta nuestros días. El historiador estudia continuidades y rupturas. 


¿La forma de someter en la actualidad es más sutil? 
En el mundo entero los medios de dominación y de coacción son ahora sofisticados puesto que la tecnología permite cierto refinamiento de los métodos. Aludo a los sistemas de comunicación e información. La tecnología puede ser positiva o negativa, como todo lo que pertenece al campo de la ciencia. 


¿En el campo de la academia y de las ideas también hay sometimiento?
Los académicos e intelectuales tenemos la posibilidad de ejercer nuestro espíritu de crítica y resistir a los intentos de dominación. Sartre decía que nadie está más libre que un prisionero de confesar bajo tortura. Estamos libres de criticar a los que imponen sus valores. 


¿Las décadas de violencia vividas en el Perú pueden leerse desde el esquema de la visión de los vencidos?
El terrorismo representa situaciones extremas pero no del todo raras. ¿La gente que es perseguida qué medio tiene? Escapar. Siempre hay libertad de oponerse, pero invertir las relaciones de poder es distinto. Si tomamos la dimensión mesiánica de Sendero Luminoso, la podemos comparar con movimientos similares. Los hay pacíficos, sectas e iglesias religiosas que imparten un mensaje de paz. En el caso del terror no hay otra forma de resistir que usando métodos parecidos. 


Usted trabajó una trilogía que inició con la visión de los vencidos para abordar la conquista. El último libro de aquella, “La fe del recuerdo”, está abocado a los marranos, cuya religiosidad tiene un asidero en el judaísmo. ¿Ese interés por el tema de los vencidos y del marranismo en el libro citado proviene de una deuda con sus raíces judías?
La respuesta es positiva. En mi trabajo como historiador hay una dimensión ética. En el libro sobre los marranos, que eran los nuevos cristianos que practicaban ritos mosaicos en los siglos XV, XVI hasta el XVIII en Brasil, además convertidos por la violencia e imposición de leyes restrictivas, estudio la memoria del origen común, que creaba una identidad particular. Para ello realicé un trabajo de campo, estudié archivos inquisitoriales en Lisboa, Madrid, México y Lima, recolecté memorias de descendientes de los cristianos nuevos, el día de hoy que en muchos casos retornan al judaísmo. Cuando comencé a trabajar sobre el marranismo me daba cuenta de que mi tema estaba vinculado con mis afinidades personales, con mis raíces judías. Al iniciar la trilogía andina aún no era consciente de que mi subjetividad como sobreviviente de la persecución y exterminio judío durante la ocupación nazi estaba operando. Fue posteriormente que hice converger lo científico y lo ético con más claridad. El historiador debe tomar un punto de vista exterior con crítica y hacer explícito de dónde proviene el yo del especialista. Mi situación de judío participa en mi trabajo científico.


Usted vino a dar una charla sobre los indios judíos. ¿De dónde proviene el concepto?
El título de la ponencia es provocador. Reconozco que lo he tomado de Richard Popkin, un historiador de la filosofía que trabajaba también el origen judío de los indígenas. Esta idea era muy difundida entre los siglos XVI y XVIII. El descubrimiento de América fue un acontecimiento inesperado y fue una manera de trauma, una revolución intelectual. ¿La gente que puebla el nuevo mundo de dónde viene? Las hipótesis que giraban en torno a ese origen señalaban la posibilidad de una raíz egipcia, cartaginesa o hebrea.   


¿Cómo hacer para que un colectivo golpeado por la historia y la violencia se libere? ¿Cómo reconciliar?
Uno reacciona al trauma como puede. En la medida en que puede tratar de recomponer

¿La etnohistoria aún goza de buena salud?
Como método sigue vigente. Tengo confianza en las generaciones jóvenes.