Lol Tolhurst, fundador de The Cure, considera que Arequipa es una ciudad "gótica". Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio.
Lol Tolhurst, fundador de The Cure, considera que Arequipa es una ciudad "gótica". Foto: Alessandro Currarino/ El Comercio.
Juan Carlos Fangacio Arakaki

La noche del último viernes, como parte del , el Teatro Municipal de la Ciudad Blanca lucía abarrotado como si esperar a una estrella de rock de moda. Pero la expectativa estaba dedicada realmente a Lol Tolhurst, un hombre de 60 años que a fines de la década del 70 se unió a otros dos “chicos imaginarios” ⎼Robert Smith y Michael Dempsey⎼ para formar la banda The Cure, banda británica icónica y para algunos inclasificable por haber atravesado géneros como el gótico, el pospunk, el pop, y más.

Minutos antes de dicha presentación, Tolhurst recibe a El Comercio en la habitación de un hotel de cortinajes oscuros y posa distendido para las cámaras entre unas velas decorativas. El negro cerrado de su atuendo contrasta con la blancura del sillar, pero él sabe que cualquier estética es siempre un juego. La razón de su visita al Perú es la promoción de su libro de memorias, “Cured”, una obra honesta y atrapante. A ratos entrañable, cuando cuenta la historia de la amistad que permitió el origen de The Cure; y por ratos angustiante, pues también aborda el alcoholismo que dejó a Tolhurst fuera de la banda y el largo camino que tuvo que recorrer para redimirse. “El libro y mi presentación son una manera de agradecer a la gente ⎼asegura el músico⎼. Cuando era un adolescente y pensaba en el futuro año 2000, juraba que para entonces yo iba a estar muerto”.

¿Es verdad que le ha parecido bastante gótica Arequipa?

Bueno, sí, para empezar porque hay iglesias por todas partes. Y también fui a ver a la momia Juanita, que da bastante miedo (risas). Un amigo vio las fotos que había tomado de Arequipa y me dijo que parecían un paisaje de ensoñación. Creo que estoy de acuerdo. Parece como si todo lo que he leído de escritores de Sudamérica pudiera encontrarlo aquí. Es la primera vez que vengo al Perú, pero ya tenía una imagen formada en mi cabeza y es bastante parecido a lo que imaginé.

¿Es también su primera vez en Sudamérica desde la gira con The Cure por Argentina y Brasil, en 1987? ¿Qué recuerda de aquellas visitas?

Bueno, ha pasado tanto tiempo que a veces la memoria me falla. Sí recuerdo que Brasil fue muy diferente a todo lo que había visto. Es decir, tú puedes ir a tocar a Europa, Estados Unidos o Australia y vas a encontrar audiencias similares. Pero hay dos lugares únicos y muy diferentes. Uno es Japón, porque ahí todo parece estar bajo control: miles de personas muy disciplinadas en el concierto, que nos daban aplausos coordinados al final de cada canción, porque es su forma de ser. Y el otro, del lado completamente opuesto, es Sudamérica, especialmente Brasil. Esa presentación fue abrumadora… Argentina fue un caso diferente porque estábamos al tanto de lo que ocurría en el país, entendíamos que la gente estaba saliendo de una época de dictadura y opresión. No era precisamente miedo, pero sí algo de alerta cuando tumbaron una valla y parecía que se desataba el caos.

¿Es verdad que ustedes o solo Robert Smith prometieron nunca más tocar en Argentina?

No creo que sea verdad, y tampoco creo que es lo que Robert habría pensado. Lo conozco bien y sé que lo primero que pasa por su mente es la gente, los espectadores que van a ver la banda. Para él el público siempre será una prioridad. Imagino que debe de haber sido una especie de rumor que apareció por allí.

Su infancia y adolescencia en Inglaterra consistió en una formación musical basada en revistas, algunos programas de TV. ¿Diría que ese contexto es muy diferente al de hoy? ¿Cómo ve la actualidad en comparación?

Creo que en algunos aspectos es muy similar. En general, creo que internet ha sido un invento genial para ciertas cosas, pero también ha acabado con muchas otras. Hoy todo el mundo tiene todo disponible permanentemente. En mi época, el solo hecho de buscar música generaba una suerte de sociedades secretas, que se ocupaban de buscar conciertos e ir a descubrir nuevos artistas. Hoy yo no creo que eso se experimente de la misma manera con Spotify, por ejemplo. Por eso no soy un entusiasta. Creo que internet ha matado la magia que significaba descubrir nueva música.

Como perder la costumbre de escuchar un álbum completo u olvidar la sensación física de tener un disco entre las manos...

Exacto, cosas como esas se han perdido. Mira, hacia fines de año voy a volver al estudio para grabar un nuevo disco junto un amigo, en un proyecto del que no puedo hablar mucho, pero que me tiene muy emocionado. Y sin embargo, siento a la vez que es casi irrelevante. Por supuesto que haré todos los esfuerzos para que no sea así, pero soy consciente de ese riesgo. Cuando era adolescente, tenía una larga lista de discos que quería comprar y compraba uno cada semana. Y cada vez que tenía uno nuevo me ponía a revisar con detalle todo lo que aparecía en él. Aún hoy puedo recordar detalles muy claros. Uno de mis primeros discos fue el “Axis: Bold as Love” de Jimi Hendrix. Cincuenta años han pasado, pero todavía puedo recordar las letras de las canciones, su sonido. Era como un tesoro. Pero hoy vivimos en una sociedad de consumo y la música se ha vuelto una ‘commodity’ más.

¿Qué hubiera sido Lol Tolhurst si no hubiese sido parte de The Cure o ni siquiera músico?

Lo he pensado. Y una cosa que debo precisar es que la forma en que yo veía a The Cure no era la misma que la de Robert. En mi caso, entrar a The Cure era una fuga, el escape de una vida aburrida en Crawley, mi ciudad. Robert, en cambio, sí tenía otra visión, quería ser un músico famoso, ese realmente era su deseo. Yo sabía que si quería escapar de mi realidad solo tenía dos caminos: o podía ser un futbolista famoso (que en mi caso habría sido difícil, a diferencia de Robert, que jugaba bastante bien); o podía meterme en una banda. Y me dije “eso es lo que haré”. A la par, por supuesto, fui al colegio, pero lo que realmente quería era estar fuera de esa realidad, huir de esa ciudad. Hace un tiempo, en el periódico local de Crawley apareció algo sobre mi libro y el titular decía: “Lol nos odia, pero este pueblo aún lo ama”. ¡Pero no me aman! Eso es mentira. ¡Y yo tampoco los odio! Es solo que siempre quise salir de aquel lugar. De hecho, todas las personas a las que yo quería en esa ciudad ya no viven más allí.

Por cierto, mencionó el fútbol: ¿usted y Robert son hinchas de algún equipo en particular?

Yo siempre he sido un seguidor del Chelsea, y Robert del Queens Park rangers. Siempre lo ha sido por alguna extraña razón (risas).

Ha dicho que el “Pornography” (1982) sigue siendo su álbum favorito de The Cure. Ahora quisiera pedirle que mencione una sola canción predilecta. Y no me diga que todas...

Es que todas las canciones son como mis hijas, no puedo escoger (risas). Bueno, voy a decir que cuando estoy manejando el auto me gusta mucho escuchar “Cold”. Me encanta el inicio y recuerdo claramente cómo lo grabamos en el estudio. Es un tema que me sorprende mucho al escucharlo y saber que fuimos nosotros los que pudimos hacer algo así.

¿Le costó en su momento cambiar el sonido oscuro de The Cure por uno más orientado al pop?

A mí siempre me ha sorprendido que los músicos sean los únicos artistas a los que se les exige siempre seguir en lo mismo. A un pintor o escritor, por el contrario, se les recrimina si repiten lo que han hecho antes, ¿no? Pero hay que entender que todos los artistas evolucionan. Y lo mismo pasó con nosotros.

Es que todas las canciones son como mis hijas, no puedo escoger (una favorita).


Lol Tolhurst

Usted tuvo dos etapas en The Cure: como baterista y como tecladista. ¿Qué le gustaba más?

La batería. Y sobre todo ahora. Es decir, el sonido de los teclados me encanta, la posibilidad de crear sonidos que afecten emocionalmente, especialmente en la música electrónica. Pero hay algo que hace especial a la batería, más aún ahora que soy más viejo. Es muy espiritual, es como un mantra, y al envejecer me siento más cerca de la esencia de las cosas cuando estoy detrás de la batería. Y por supuesto me alegra que mi cuerpo pueda hacerlo aún. Conozco muchos bateristas amigos y comparten esa misma sensación.

Leí “Cured” como un libro sobre la redención. ¿Cree que escribirlo fue la última parte de un proceso para curarse? ¿O es un proceso todavía abierto?

Bueno, el final oficial del libro no era el final original. El cierre iba a ser la imagen de Robert y yo sentados en una playa de Hawaii. Era una escena que tenía desde el inicio y empecé a escribir todo lo anterior. Pero lo último que me pasó fue estar en el aeropuerto y encontrarme por puro azar con Pearl Thompson (antes Porl Thompson, guitarrista de The Cure). Allí entendí que ese debía ser el final, el cierre de un círculo para mí. Y sí, estoy curado hasta cierto punto, pero siento que es un proceso que sigue en marcha. Igual, “Cured” ha sido la obra más creativa que he hecho desde que salí de The Cure. Y eso es maravilloso.