El músico, DJ y compositor Gerardo Manuel es una de las 19 figuras homenajeadas por el libro "Cielo Rock, una visita al panteón del rock peruano". (Foto: Omar Lucas/El Comercio)
El músico, DJ y compositor Gerardo Manuel es una de las 19 figuras homenajeadas por el libro "Cielo Rock, una visita al panteón del rock peruano". (Foto: Omar Lucas/El Comercio)
Ricardo Hinojosa Lizárraga

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La batería que hizo a demoler con contundencia tabúes y temores; el troglodita que desafió lo convencional antes de tiempo; el difusor del rock y todos sus sabores que no consumía drogas; el poeta hippie de voz grave que vivió en comunidad; la talentosa chilena que huyó del fascismo; la contestataria subte que se convirtió en precursora de la reivindicación feminista; el bajista salvaje que llevaba como apodo el nombre de un famoso cantante inglés; el hedonista rockero y rey de las matinales que se convirtió en charanguista de la canción popular. Todos ellos son parte de una estirpe que, de una u otra manera, agitó a la sociedad peruana desde los escenarios en las últimas seis décadas. Han sido voces en medio de la multitud, han sido reacción, han sido guitarras quebrando noches y resacas, tardes y delirios en un mundo que castiga a los distintos. Han sido huesos estrellándose unos contra otros en los conciertos, amigos intercambiando maquetas, sumergiéndose en locales nocturnos junto a otros disidentes. Han aplaudido y han sido aplauso. Han gritado y han sido grito. Han sido sudor, imagen, estrépito, canto, coro, pogo, rebelión y culto pagano. La vida o la muerte pueden durar tres minutos y ser cantadas, aunque en ello se vaya la vida y se logre la muerte. Aunque nunca vayan a salir en la radio, aunque nunca firmen autógrafos, aunque el destino de muchos sea ser ignorados por el sistema.

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En la fama o en el casi anonimato, los 19 hombres y mujeres cuyas historias llenan las páginas de este libro, son también peruanos del Bicentenario. ¿Es el rock nacional una utopía o una realidad? ¿Dónde está hoy? ¿Dónde estaría si no fuera por ellos? De algún modo, sigue estando en los rastros que dejaron por el mundo los músicos que han sido recordados en “Cielo Rock, una visita al panteón del rock peruano”, compilatorio de artículos, recuerdos e investigaciones que ha querido hacer perdurable la presencia de artistas cuyo trabajo merece ser reivindicado, a pesar de que ellos ya no estén.

Algunos revolucionaron la escena, otros la hicieron más progresista o más aventurera o más salvaje o más habitable, como si confirmaran aquel rugido que cantara, con no poca ironía, Leusemia, en 1985, bajo el sugerente título de Astalculo: “Puedes ser un mártir/ Un cerdo, una serpiente/ No hay libreto/ Ni escenario/ En la calle está la muerte/ Siempre será así/ El tiempo es tuyo/ Quédate aquí”.

1.

No solo es un viaje al pasado, sino una agenda para investigaciones futuras”, dice el escritor e investigador Carlos Torres Rotondo, autor de “Demoler” y otros libros sobre rock y cultura popular, en el prólogo que preparó para este homenaje a músicos peruanos de diversos perfiles que fallecieron, en muchos casos, prematuramente. A su juicio, investigaciones como estas son importantes, porque “el rock nacional tiene una tradición que es elocuente en sí misma”. “No necesita defensores –dice Torres Rotondo-, pero el que haya tanta gente investigándolo, ya indica que, por lo menos, tiene algo especial que despierta interés. Se ha investigado y descubierto bastante, pero hay muchos vacíos y “Cielo Rock” los señala. Algunos capítulos parecen parte de un libro más grande que todavía no ha sido escrito: un libro sobre la industria discográfica en el Perú, otro sobre las intersecciones entre la cumbia y el rock, otro sobre la Nueva Canción Peruana, otro sobre el pop rock comercial de los 80, etc.”

Y hace una precisión importante sobre la accidentada historia de nuestro rock: “Hay gente que ardió y otra que simplemente se desvaneció o desapareció”.

Para cada uno de los 19 personajes fue elegido un especialista que, de distintas maneras, lo conoce de cerca. Sea porque fue su amigo, fue su público en algún concierto, su compañero de banda temporal o permanente o por simple admiración. Así, es posible encontrar al baterista de Los Saicos, Pancho Guevara, en una evocación escrita por Gonzalo Alcalde, guitarrista de Manganzoides o Los Protones con quien coincidió al volver a los escenarios. El recuerdo de Gerardo Manuel, por su parte, es abordado por el mismo Gonzalo Alcalde, Erwin Flores -otro ex Saico-, Hugo Lévano, Fernando Chirinos y Juan José Rodríguez, desde distintas perspectivas y facetas. El escritor y periodista Martín Roldán recuerda las noches subterráneas de Saúl “El Omiso”, voz de la emblemática Sociedad de Mierda. Otros personajes coetáneos a él, como María T-ta o el bajista de Voz Propia, Carlos “Boui” Magán fueron recordados por la socióloga Fabiola Bazo y su ex compañero en la banda new wave, Miguel Ángel Vidal. El periodista Fernando Pinzás escribió sobre personajes como Danai Hôhne –eterna voz de Pateando Latas, nacida en Chile-, Miguel Tapia –líder de Dudó- o su cercano amigo Leo “Bacteria”, promotor musical y fundador de proyectos como Insumisión o Pestaña. El investigador Hugo Lévano, por su parte, perfiló el quehacer musical de un pionero como Enrique Tellería, mejor conocido como Jean Paul “El Troglodita”, cuyo inconformismo lo hizo destacar, para bien y para mal, de entre la generación de artistas de la Nueva Ola más acostumbrados a cantarle a toda la familia que a los demonios interiores.

Pancho Guevara, baterista de la mítica banda rockera Los Saicos. (Foto: Rafael Cornejo)
Pancho Guevara, baterista de la mítica banda rockera Los Saicos. (Foto: Rafael Cornejo)

“El resultado final no es una serie de necrológicas –nos dice Lévano-. Todo lo contrario. En las páginas de “Cielo Rock” se celebra la vida y la obra de nuestros músicos populares, con trabajados artículos redactados por personas que provienen de campos tan diversos como la música y el mundo académico, de distintas generaciones, que descubren en sus personajes facetas no conocidas, miradas desde nuevos puntos de vista”.

Además de realizar la selección de personajes -junto a Fabiola Bazo y Fernando Pinzás-, tras ser convocado por la editorial Contracultura a pocos días del fallecimiento del icónico Gerardo Manuel, Lévano realizó un concienzudo acercamiento a la figura de uno de nuestros músicos más polémicos, incomprendido y perseguido en su tiempo. “Recopilé en los últimos años grabaciones, recortes, testimonios e información acerca de Enrique Tellería. Para este libro, junté toda esa información en esta biografía, y pude apreciar que, a lo largo de su vida artística, su discurso fue siempre coherente: rendía culto al vitalismo, a la juventud, sus respuestas eran incendiarias y no tenía reparos en contar que consumía drogas. Tal vez por todo esto fue envuelto en una serie de intrigas políticas a inicios del velasquismo, acusado de ser un mal ejemplo para los jóvenes y condenado al ostracismo. La mala prensa fue implacable con él hasta el punto de que casi todos lo recuerdan con malos ojos sin saber exactamente por qué”, cuenta Lévano. Y agrega: “No lo supimos entender y tal vez él mismo no quería recordar: fue un rocanrolero que jamás encajó en el mundo adulto y que falleció por ingesta alcohólica antes de los 60 años, sin jamás dar su brazo a torcer”. Con su artículo, espera reivindicar su figura poderosa y desafiante. 

El fallecimiento del músico Gerardo Manuel dio la idea de hacer este libro homenaje a las figuras del rock peruano. (Foto: Fidel Carrillo)
El fallecimiento del músico Gerardo Manuel dio la idea de hacer este libro homenaje a las figuras del rock peruano. (Foto: Fidel Carrillo)

2.

Aunque varios nombres han sido elegidos gracias a su innegable talento musical, otros están presentes en el libro por haberle otorgado un plus particular a la escena nacional, a pesar de no haber tenido un gran dominio sobre sus instrumentos o su voz. “Algunos músicos no hicieron aportes solo en base a producciones musicales o maquetas. Ahí es donde uno escucha y transmite lo que siente. Al público no solo se le comparte “arte musical”, sino también nuestro sentir respecto a una época. En este libro se retrata mucho de ese “sentir”, que permite conocer cómo eran los jóvenes que conformaban el movimiento subterráneo”, nos dice Miguel Ángel Vidal, vocalista de Voz Propia, que dedica un sentido texto a su amigo y ex compañero de grupo Carlos “Boui” Magán. “A través de su actitud en el escenario, su sencillez, irreverencia y su acercamiento hacia todas las personas sin prejuicio alguno, significó mucho para bastantes jóvenes de la época. Y eso es lo rescatable, además de su manera de tocar el bajo, con un estilo simple pero bastante efectivo, pues comunica mucho. Su espíritu está en el toque de su instrumento, más que en virtuosismos que a veces no nos hacen nada, “ni parar un pelo”, como decía él mismo. “Boui” tenía un toque muy propio como músico y era un performer bastante especial y simpático. Creo que era necesario también que existieran en la movida subterránea personas como Carlos. Era necesario alguien que sea una imagen que reflejara el sentir de los jóvenes en aquellos años”, recuerda Vidal.

A pesar de destacar las diferencias ideológicas entre grupos como Dudó, Sociedad de Mierda o Silvania y Ciêlo –proyectos de Jorge Revilla, reseñado por Támira Basallo, su ex compañera en el primero-, que definen objetivos y razones de ser, Vidal señala que en los últimos 50 o 60 años el rock ha aportado mucho en los cambios de mentalidad, “sobre todo en las urbes, en las grandes metrópolis y esto ha trascendido fronteras”, según indica el músico y también arquitecto.  “Creo que el rock and roll ha hecho mucho más que cualquier otro género musical, sean estos regionales o tradicionales. El rocanrol cuestionó muchos conceptos y costumbres o tradiciones y logró muchas cosas que, incluso, partidos políticos no consiguieron. Hablo del rocanrol en general, en el mundo”. Según Vidal, aunque muchas bandas lo tomaron en principio de manera más superficial, luego empezaron a contar lo que realmente sucedía en la calle. Para él, el rock subterráneo logra una ruptura real y por ello trasciende. “Reflejaron el sentir de una generación a través de las letras de manera visceral, y sin necesidad de ser considerados como “músicos profesionales”, pues fue una rebelión contra muchos preceptos  de la época, cuestionando al sistema y a sus padres, de paso”, agrega.

Carlos Torres Rotondo coincide con él. “El nuevo paradigma que traen los 80 es el del “no músico”: aquel que no tiene técnica o que ni siquiera sabe tocar un instrumento, pero que a base de intuición puede hacer algo propio e innovador. Es el fin de la artesanía y la reivindicación del gesto o el concepto, como hicieron las vanguardias a principios del siglo XX. Eso sucede con Leo “Bacteria”, pero también con “Cachorro” Vial, que solo sabía hacer un puente en guitarra, pero dio una contribución enorme. En otros casos es la propia antitécnica la que se constituye en un arma contrahegemónica terrible. Ese es el caso de María T-ta y Omiso”.

María T-ta rompió esquemas con su grupo Empujón Brutal.
María T-ta rompió esquemas con su grupo Empujón Brutal.

Para Hugo Lévano, las reivindicaciones de los rockeros han ido, en los últimos cincuenta años, desde tímidos reclamos por el amor libre hasta manifestaciones abiertamente políticas, como fue el caso de los grupos subtes. “Los músicos se expresan con  canciones que reflejan el pensamiento de su época. En ese sentido, es imposible describir la insurgencia de una Lima que se descubría mestiza, a fines de los sesenta, sin “Abrázame, baby”, de Los York’s. Tampoco se puede hablar de marginación y desigualdad en la Lima de mediados de los ochenta sin “Púdrete pituco”, de Sociedad de Mierda; mucho menos describir la llamada “posería” sin “La desbarrancada”, de María T-ta; o narrar el sentimiento de hartazgo de la política, a inicios de este siglo, sin “Perú, pueblo imbécil”, de Insumisión”, sostuvo.  

3.

Uno de los personajes más queridos y relevantes de esta lista es Gerardo Manuel Rojas. De hecho, su fallecimiento fue el detonante para iniciar el proyecto “Cielo Rock”. “Creo que todavía no ha sido valorada debidamente su labor como comunicador en radio y televisión, desde donde Gerardo luchó por generar una escena rocanrolera sólida”, nos dice Hugo Lévano.  

“Sus últimos programas en la televisión (que lucharon por mantenerse a flote económicamente), estuvieron dedicados íntegramente a dar a conocer grupos nacionales. Treinta años antes ingresó, no se sabe con exactitud cómo, al mundo de la televisión, presentando desde grupos de rock que cantaban en inglés (¡en años del nacionalismo de Velasco!), hasta cultores de la música andina. Y en 1978, con Disco Club, fue pionero en dar a conocer la nueva forma de lenguaje musical que fue el videoclip, que recién explotó mundialmente en 1981, con MTV”, agrega Lévano, al tiempo que comparte una reflexión necesaria: “Hasta sus detractores más duros, que en su momento fueron los subtes, terminaron de ver en él una figura referente. Y todo esto sin recibir reconocimientos estatales y sin provenir de una familia acomodada. En el libro rescatamos parte de esa historia”.

Para Miguel Ángel Vidal, el mayor valor de un libro como este está en recordar a las personas que ya no están, que han dejado una marca en la historia a nivel musical. “Me parece que la memoria es algo que todas las naciones deben mantener. Olvidarse de la historia es algo terrible. Reunir aquí a estas personas es una manera de rendirles homenaje a artistas nacionales, dentro de las circunstancias en las que estamos”.

Para Carlos Torres Rotondo, “Cielo Rock” es un ejemplo de rigor en la investigación. “Me he pasado casi dos décadas investigando el tema, a pesar de lo cual cada página me ha deparado una sorpresa. Como dije, marca un derrotero: esto falta investigar, llenemos los casilleros. Y luego está el placer estético que provoca la lectura de sus distintos capítulos, así como su carácter testimonial. Son historias intensas, llenas de pasión a la música y a la vida. La muerte no tiene nada que ver con todo esto”.

A estas alturas, es inevitable preguntarse, desde una mirada más amplia, ¿cuál es la importancia de estos nombres y de su forma de vivir y crear en el desarrollo de los cambios sociales del Perú de los últimos 50 años? “Es un fresco muy amplio –nos dice Torres Rotondo-. Claro, no estamos hablando de grandes personajes, sino de personas que en su vida privada reflejan los trastornos de una época. Son artistas, luego, son pararrayos. Están, por ejemplo, Tony Marín y “Chocho” Alván, cuya historia grafica la intersección entre música tropical y rock en el contexto de los desplazamientos de la provincia a la capital a comienzos de los años 70, en pleno proceso de revolución en la estructura socioeconómica del país. O Raúl Pereira y Walter Paz, que, en un clima propiciado por el velasquismo y la revolución cubana, buscan las raíces sin renunciar del todo al rock y arribando a puntos distintos”.

Danai Höhne Stratigopoulou, la dama del rock peruano que hizo época en un mundo dominado por hombres.  Su música ha sido reeditada en un disco a la venta en internet. Fotos: Cortesía de la familia de la artista.
Danai Höhne Stratigopoulou, la dama del rock peruano que hizo época en un mundo dominado por hombres. Su música ha sido reeditada en un disco a la venta en internet. Fotos: Cortesía de la familia de la artista.

 4.

“Pienso que Cielo Rock tiene varias contribuciones. Por un lado, profundiza lo que varias obras previas habían aportado, incluyendo libros sobre los 60, 70, 80. Pero también nos da una mirada distinta que permite entender mejor de dónde venía la música que escuchamos y por qué fue cambiando. Pienso que es también un punto de partida para bastantes posibles investigaciones posteriores”, nos dice Gonzalo Alcalde, guitarrista de Los Protones. Él se acerca a la vida de Pancho Guevara, baterista de Los Saicos. “Con Pancho pudimos desarrollar una amistad y quería aprovechar para recordarlo como amigo. Su aporte, junto a Los Saicos, fue la de pionero, pero no un pionero porque se propuso experimentar o innovar, sino uno que abrió un camino porque no sabía otra manera de hacer las cosas que no fuera poco convencional. Eran músicos autodidactas, se les hacía difícil hacer covers de temas conocidos, y no les gustaba cantar en inglés. Pero, al parecer, no tenían ningún problema con mostrarse así, tal cual eran, y buscar ser famosos”, asegura Alcalde.

Para él, como aporte a la historia del rock peruano, todos los ángulos son válidos, incluso enfocarse en sus vidas privadas alejados de la música, porque nos permiten entender cómo se percibía esta y el rol del músico en distintas épocas.

“No creo que ninguno de ellos haya influido decisivamente en los cambios sociales del país, pero sí han dejado huella en un género que, sin ser masivo, ha producido muchísimo y en varios casos de muy buena calidad. Por otro lado, mirar de cerca sus vidas y trayectorias sí nos permite ver cuánto ha cambiado el país en 50 o 60 años, y cuánto las distintas épocas influyeron no sólo en la música que eligieron tocar, sino también en las posibilidades que veían por delante en sus vidas”, acotó el músico.

Libros como “Cielo Rock” son necesarios en todos los géneros musicales: aseguran la preservación de nuestra memoria musical”, agrega Hugo Lévano. “Los mejores comentarios que ha recibido hasta hoy el libro son los que indican que, de varios de sus temas tratados, podrían salir otras investigaciones. Así que el mejor elogio que podría recibir es que lo lea un joven y diga: “Yo de este tema puedo escribir algo mejor””.

En un año en el que, tristemente, hemos mirado a la muerte constantemente a los ojos, este libro celebra la vida. Como nos recuerda, nuevamente, una letra de Leusemia: “”Peruanicemos la patria”, dicen/ Si nunca te oyeron cantar/ Empero la hora del relevo se acerca/ Y al fin oirán tu voz”. 

Cielo Rock: una visita al panteón del rock peruano

"Cielo Rock, una visita al panteón del rock peruano" por la Editorial Contracultura. (Foto: Difusión)
"Cielo Rock, una visita al panteón del rock peruano" por la Editorial Contracultura. (Foto: Difusión)

(Editorial Contracultura)

Textos sobre Pancho Guevara, Gerardo Manuel, Jean Paul “El Troglodita”, Kela Gates, Edgar Zamudio, Walter Paz, Tony Marín, “Chocho” Alván, Raúl Pereira, Alfredo Villavicencio, Danai Hôhne, Fernando “Cachorro” Vial, Saúl “El Omiso”, Patricia Roncal “María T-ta”, Carlos “Boui” Magán, Miguel Tapia, Jeffrey Parra, Jorge Revilla “Cocó Ciêlo” y Leonardo “Bacteria”.

De venta en Librería Contracultura (979 300 661) o en Muki Records (999 123 453)

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