Fernando Luque: "Una sala llena genera una energía valiosa"
José Miguel Silva

Harry (Hally), un joven blanco de la Sudáfrica de mediados del siglo XX vive junto a sus  dos sirvientes negros, Sam y Willie. El primero, mucho mayor que su amo, es para él una especie de protector bondadoso incapaz de lastimarlo. Sin embargo, lo que parece ser una imagen de convivencia sin problemas es en realidad una burbuja a punto de explotar.

Hally tiene padres reales pero a su corta edad ha sido incapaz de conectar con ellos, convirtiéndose en protagonista de conflictos y reproches constantes, que lo transforman de un chico soñador en uno irascible, intolerante y hasta racista.

Así podría resumirse “El amo Harold y los muchachos”, obra escrita por el dramaturgo sudafricano Athol Fugard, dirigida en el teatro La Plaza de Larcomar por el joven director Adrián Saba. Él ha escogido un elenco muy parejo. Fernando Luque es Hally, Luis Sandoval es Sam y Alejandro Villagomez interpreta a Willie.

A lo largo de los 110 minutos que dura la obra, los espectadores son testigos de un carrusel de emociones. Sueños e ideales se mezclan con frustraciones y carencias propias de un joven marcado por la sociedad en la que le tocó vivir.

Conversamos con Fernando Luque sobre su papel de Hally en una obra cuyo mensaje no ha perdido vigencia pese al transcurrir de los años.

-Harry, tu personaje, atraviesa por diversos momentos en la obra. De la felicidad al miedo, pasando por las dudas. ¿Cuál de esos instantes fue el que más de costó trabajar como actor?

Creo que lo más difícil fue lo que explota en la parte final (de la obra): este chico casi desamparado, no huérfano, pero sí psicológicamente mal,  con un padre que, a pesar de que no desapareció, nunca fue una imagen paterna a tener en cuenta, sino al contrario, una imagen de la que Hally se avergüenza durante toda su vida. Y a veces peor que odiar a tu padre es sentir vergüenza de él. Eso que explota al final en Hally, la frustración hacia la realidad y su lado racista, --que yo creo que tiene más que ver con la cultura en la que nació que con el hecho de tener una predisposición a ello--. Porque quizás si Hally hubiera nacido en Francia en el año 2010 no habría tenido el menor rasgo racista. Pero dado su contexto sí presenta un componente de este tipo que es muy fuerte y que está latente en toda la obra. Fue muy complicado salpicar todo lo anterior de estos tres componentes: frustración, racismo y desamparo aunque sin llegar a ‘venderlo’, es decir, sin evidenciar groseramente de que Hally es así. Había que guardar esto hasta el final y hacerlo coherente. De esta manera, si ves la obra por segunda vez pensarás que existe una serie de pistas o de comportamientos previos que hacen comprensible que todo termine como finalmente terminó.

-Tu personaje tiene una relación muy intensa con Sam (Luis Sandoval). Se abrazan, sonríen, pero también se enfrentan. ¿Tuviste algún tipo de entrenamiento especial a solas con él?

Hemos tenido muchos ensayos ambos a solas, o porque Adrián Saba no podía venir o porque teníamos que trabajar algo a profundidad. Lo que hizo el director fue sacarnos de la tradicional sala de ensayos y, en una ocasión, nos llevó a la Costa Verde a volar una cometa. Los tres armamos una bastante parecida a como se relata en la obra y fue una experiencia muy extraña pero bonita. Era una cometa muy frágil y la primera vez que lanzamos fue un desastre, pero la segunda, contra todo pronóstico, voló. Y fue lindo porque creo haber volado una sola vez en mi vida cometa y no recordaba esa sensación. Y en el texto (al volar cometa) Hally relata que ‘algo lo jala y quiere liberarse’. Esa sensación que no hubiera tenido en un ensayo normal, me sirvió mucho. Y siento que quizás inconscientemente forjó una buena relación con Lucho que luego tratamos de trasladar a la escena.

-Eres tan joven como el director de la obra. ¿Cómo es trabajar junto a un director casi de tu generación?

Mostro. De hecho, pertenecer a la misma generación te hace entenderte mejor. A veces la diferencia generacional puede ser un obstáculo, por el hecho de que (el director) tenga otro tipo de imágenes en la cabeza, otro tipo de vivencias. En cambio, con Adrián en varios momentos nos sentíamos identificados porque somos parte de la misma ciudad, hemos vivido casi el mismo tiempo. Esto facilita una mayor conexión.

-¿Compartes algunos rasgos de la personalidad de Hally?

Quizás no ahorita, pero sí hace algunos años. A los 17 o 18 había muchas cosas con las que podría haberme sentido identificado. El romanticismo, el idealismo sobre el mundo, contrapuesto a una frustración por el hecho de que alrededor las cosas no estaban ni de cerca acordes a mis deseos y esperanzas en cuanto al mundo. Sí comparto un poquito hoy la preocupación por la realidad más allá de mí, sino también de la sociedad. Ahí sí pude congraciarme un poquito con Hally.

-¿Eres de mirar si las butacas del teatro están llenas o eso es un detalle que no te importa?

Obviamente una sala llena genera una energía valiosa. Si has tenido un par de funciones llenas y de pronto al día siguiente no lo está, es como un bajón. Es sentir ‘ah, hoy hay menos gente’. No sé bien cómo me doy cuenta, imagino que miro de reojo al entrar (al escenario).

-¿Qué otros proyectos tienes para este 2017?

Voy a dirigir una obra en la Alianza Francesa desde marzo hasta mayo, o sea, terminando “El amo Harold y los muchachos”. Es una comedia medio absurda pero con una verdad y un mensaje muy interesante. También volveré a hacer televisión. He entrado a una serie que se llama “De vuelta al barrio” de América TV. El elenco está mostro, la producción es muy buena y la historia también. 

SOBRE LA OBRA
Esta obra irá del 19 de enero hasta el 28 de febrero. Los horarios son de jueves a martes a las 8 pm y los domingos a las 7 pm. Las entradas están a la venta en Teleticket de Wong y Metro, y en la boletería del teatro La Plaza. También pueden adquirirse vía el Call Center de La Plaza 505-0550.

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