Mariana de Althaus regresa, este sábado, con "Fantasma".
Mariana de Althaus regresa, este sábado, con "Fantasma".

Mariana de Althaus calcula que, en los últimos meses, ha visto entre siete y ocho obras de teatro virtual, la mayoría peruanas, pero también chilenas y argentinas. Algunas le gustaron mucho, otras no tanto; pero lo que ella destaca no es eso, sino lo que aprendió de ellas. Althaus sabe que el código no está desarrollado por completo, que se están probando nuevas cosas, y eso, más allá de que algunas experiencias llegaron a ser más logradas, hace que todas fueran interesantes.

Ahora que De Althaus vuelve a mostrar en ese código “Fantasma” –que regresa este sábado junto a Jely Reátegui y Denise Arregui este fin de semana a través de Joinnus– también ha empezado a formarse una opinión sobre el teatro virtual como dramaturga y directora. “Creo que estas experiencias funcionan bien porque, de alguna manera, conseguimos comunicarnos con el público, y los hacemos vivir experiencias movilizadoras que les permitan simbolizar lo que ocurre y transitar en sus angustias. El problema es que esta comunicación es limitada”, afirma.

Denise Arregui y Jely Reátegui conforman el elenco de "Fantasma", la obra de Mariana de Althaus que vuelve desde este sábado y por pocas funciones.
Denise Arregui y Jely Reátegui conforman el elenco de "Fantasma", la obra de Mariana de Althaus que vuelve desde este sábado y por pocas funciones.

La autora se refiere a la terrible imposibilidad de mirar al público, de recibir el feedback en vivo. “El teatro es una conversación y cada función es distinta, pero aquí ese intercambio no ocurre. Es frustrante –agrega–. Y como público también, porque mis aplausos no llegan y porque hay muchas posibilidades de distracción. Una sala de teatro es como una burbuja que te acoge y facilita la concentración. Lo que necesitamos en este mundo de estímulos es que no existan razones para escapar de lo que nos están contando y de esa experiencia de interiorización, que da el teatro”.

Todas esas desventajas hicieron que De Althaus, en un principio, renegara del formato virtual. Ella cuenta que era reacia porque pensaba que los teatros volverían a funcionar en la segunda parte del año, que ello permitiría cambiar algunas fechas, pero jamás cancelar. Pronto, fue evidente que ello no pasaría. Fue entonces que replanteó su acercamiento a la realidad y a la idea de que no debía explorar en el online. “Así como el público necesita de esto, nosotros también necesitamos seguir escribiendo, inventar mundos para también transitar por las angustias de la pandemia –cuenta–. Es una necesidad expresiva que encuentra respuesta en la necesidad del público por continuar la comunicación. Pero, claro, por supuesto que esto es temporal y no es una experiencia satisfactoria para todos”.

Recientemente, “En el borde” –la primera obra de teatro de De Althaus– fue adaptada a este nuevo lenguaje.Vi un preestreno y me pareció bacán –comenta–. A mí esa obra nunca me ha gustado mucho, aunque sí cuando la escribí y la monté, pero eso fue hace más de 20 años. Me siento muy alejada de ella, así que no me siento muy cómoda cuando la ponen. Permití que la hicieran porque me parecía feo negarme. Sin embargo, el director hizo un gran trabajo. No le veía mucho futuro al texto, pero él encontró la forma de adaptarlo a las circunstancias”.

Pensar el presente y el futuro

De Althaus, en una publicación reciente, afirmó que los experimentos virtuales (que algunos llaman teatro virtual u on line) no pueden ser considerados teatro. Su opinión, si bien no ha cambiado, ha adquirido ciertos matices. Para ella, el teatro exige una reunión real, cuerpo con cuerpo en un mismo espacio y, si eso no se da, “es otra cosa”. “Pero las definiciones son, en realidad, formas de ordenar el mundo y no son tan necesarias –reflexiona–. Si están ocurriendo estas presentaciones, con el nombre que sea, es que son verdaderas, es que el público las está recibiendo y necesitando, y si eso pasa es porque están vivas y, si ese es el caso, se parecen al teatro. Entonces, qué importa cómo les llamemos. Quizás habría que buscar un nuevo nombre o qué importa… No hay que tener miedo a decir teatro virtual como si eso fuera a reemplazar al teatro tradicional”.

Airam Galliani y Joaquín de Orbegoso fueron los protagonistas de la versión virtual de "En el borde", de De Althaus.
Airam Galliani y Joaquín de Orbegoso fueron los protagonistas de la versión virtual de "En el borde", de De Althaus.

De Althaus reconoce que, como directora, se ha podido acomodar a este formato. Hay ventajas: no tiene que salir de su casa y puede estar con sus hijos sin desatar la tormenta que solía ser dejarlos para ir a los ensayos; tampoco tiene que manejar. Es verdad que a veces es frustrante no estar cerca de los actores, no poder sentir su respiración, y todas las dificultades que se desprenden de no poder acercarse a ellos, pero se pueden desarrollar herramientas para mejorar la comunicación. “Puede ser una cuestión de práctica”, dice.

Pero, de ninguna manera, De Althaus quiere acostumbrarse al teatro virtual. “No veo la hora de regresar al teatro”, anota. Tampoco cree que vaya a seguir experimentando con el formato. “Tengo mucho trabajo en casa. Hay gente más joven que está frente a una gran oportunidad, que pueden experimentar mil cosas, y eso va a ser muy interesante para mí como espectadora. Pero yo, si consigo escribir en estos días tan angustiantes, voy a hacerlo pensando en el teatro presencial, preparándome para cuando se abran los teatros, así suceda en tres años. Cada vez somos más pesimistas, pero al final del túnel hay una salida”.

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