Pedro Ortiz Bisso

Parece absurdo exigirle fantasía a un equipo donde el más patadura puede dormir una pelota con el muslo después de un pase de 30 metros. Cuando está en su pico de inspiración, a Brasil hay que mirarlo a solas, con el televisor en mute y el cartel de No Molestar colgado en la puerta. Es uno de los pocos equipos del mundo al que solo provoca contemplar para vivir la experiencia del fútbol transformado en belleza.

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