"No hemos dormido más de 5 horas. La única vez que descansamos de corrido, y de verdad, fue en el tren que tomamos de Saransk a Moscú". (Foto: Rolly Reyna)
"No hemos dormido más de 5 horas. La única vez que descansamos de corrido, y de verdad, fue en el tren que tomamos de Saransk a Moscú". (Foto: Rolly Reyna)
Arturo León

Los rusos son encantadores. Sofiya es el nombre de la persona que nos alquiló un departamento en Moscú. Nos recibe a las 3:00 a.m., pese a que se suponía que llegábamos 8 p.m. Un problema en el aeropuerto con las maletas nos retrasó. No importa. Ella está feliz de tenernos ya en casa.

Desde que llegamos ya notamos algunas costumbres rusas. Las chicas saludan con la mano y no con beso en el cachete. Y es obligación quitarse los zapatos cuando llegas a un hogar. Ahí nos estaban esperando pantuflas.

El lugar que hemos rentado es acogedor. Tiene muchos adornos, una vista hermosa al canal de moscú y todas las comodidades para que nuestra estadía sea buena. El problema es que, desde que estamos aquí, hace una semana, no hemos dormido más de 5 horas.

La única vez que descansamos de corrido, y de verdad, fue en el tren que tomamos de Saransk a Moscú.

En Rusia a las 10 p.m., a veces 11, anochece y a las 3:00 a.m., incluso desde las 2:50, amanece. Pero ese no es el detalle más importante. En el departamento donde estamos no hay cortinas. Solo en la sala y es una bastante delgada. La luz ingresa sin pedir permiso. Sin obstáculos. Y aquí, encima, las ventanas son muy amplias. En ninguna de las dos habitaciones hay forma de evitar los rayos de sol.

Lo que dejó el Perú vs. Dinamarca

La estación de Tren de Saransk es imponente por fuera. Simétricamente el edificio es perfecto. Las cúpulas rojas de las cuatro esquinas combinan con el domo central, más serio y elegante con pequeños cuadrados de vidrio.

De nuevo, antes de llegar al tren hay que pasar por los sistemas de seguridad. No son como los del Mundial. Solo hay que pasar la maleta por rayos X y listo.

Nos espera un viaje de 13 horas. Solo hay peruanos en la estación. Ya no cantan, ya no gritan. Lo único que hacen, como nosotros, es preguntar por su vagón. Las empleadas se conocen el tren de memoria, pero por ningún lado está el número. Nos tienen que indicar por dónde subir.

Podría decirse que los vagones del tren se dividen en cuartos. Muchos cuartos. En cada cuarto entran seis personas. Hay tres camarotes. Dos al lado izquierdo del pasadizo y el otro al lado derecho. Las camas del lado izquierdo están en posición horizontal al tren. Es decir, si miras de frente desde tu cama te encuentras con la ventana. Las del lado derecho están en vertical. Todo esto en un espacio de 3 metros de largo por menos de 2 de ancho. Si eres alto, y te tocó al lado derecho, es mejor que te cambies de lugar.

(Foto: Rolly Reyna)
(Foto: Rolly Reyna)

Los colchones son cómodos y hay compartimientos para guardar las cosas. La almohada no está nada mal. Hay sábanas, toalla y frazada. Una mesa entre los dos camarotes del lado izquierdo hace las veces de mesa de noche. Lo más importante: las ventanas se pueden tapar completamente. El tren partió 3:00 a.m. Me desperté a las 12. No he vuelto a dormir así en Rusia.

El tren para en algunos pueblos. Vemos pequeñas casitas de campo. Atrás y el resto del camino es todo vegetación. De hecho, parece que estuvieras camino a Jauja. El sol, los árboles, los pinos. Pero de a pocos se van asomando edificios inmensos. Es señal de que hemos llegado a Moscú

(Foto: Rolly Reyna)
(Foto: Rolly Reyna)