Jefferson Farfán está cotizado en un millón y medio de euros (Foto: AFP)
Jefferson Farfán está cotizado en un millón y medio de euros (Foto: AFP)
Angel Hugo Pilares

Subeditor de contenidos digitales

angel.pilares@comercio.com.pe

Hoy, cuando veas a los jugadores formados y escuches el himno nacional, pasarán por tu cabeza una infinidad de cosas: llorarás pensando en tu viejo, que no podrá ver el contigo. O en tu hijo, que viajó a Rusia persiguiendo un sueño. O en el hecho de que, en realidad, no estás viendo nada, porque en tu trabajo, tu jefe tiene el espíritu mundialista de un aficionado al waterpolo.

Quizás pensarás en el polémico VAR o que todos los bares en Rusia no te bastarían para celebrar el triunfo. O que debiste renunciar y viajar como ese amigo tuyo que acaba de colgar una foto feliz en el estadio de Saransk. O te mantendrás frío, como hasta ahora, sin entender por qué el fútbol es para algunos lo más importante del mundo.

También puede que te sientas más entrenador que nunca. Porque tú eres el único que sabe cómo conseguir el milagro de que Jefferson Farfán y Paolo Guerrero hagan una delantera letal. Porque eres el que conoce todos los secretos de los daneses. O eres el que no sabe nada y te diviertes con infantil entusiasmo con esos once tipos, que parecen de tu barrio, correr detrás de un balón.

También puede que solo sientes agradecimiento. Y piensas en ‘Orejas’ Flores y su vida de combis que lo llevaban de un lado a otro de Lima, solo por amor a la pelota. En Paolo y su lucha incansable para llegar a Rusia. En la cara de buen tipo que tiene Renato Tapia. En que te encanta el señorío del ‘Mudo’ Rodríguez y el liderazgo de la ‘Sombra’ Ramos. Crees que el país sería otro si todos tuvieran el empuje de Aldo Corzo y Luis Advíncula. Quieres decirle a Cueva que tu próximo hijo se va a llamar Christian.

O todo junto. O nada. O como yo, que tengo 34 años y que el hecho de no haber visto a Perú en un Mundial provoca una brecha espiritual que hace que no sepa cómo comportarme.

Hace años, cubriendo la Copa América 2011 –quizás donde todo empezó–, un amigo me dijo que la gente en Lima estaba loca. Que después de ganarle a Colombia en cuartos de final, los jugadores estaban al borde de la canonización y Sergio Markarián aparecía en billetes de 100 soles. Hay solo una respuesta para eso: no estábamos acostumbrados a ganar.

Hoy, en cambio, parecemos tan acostumbrados que perder no es una opción. Que ir a Rusia para ser eliminados pronto significaría un fracaso. Que le vamos a ganar a Argentina en octavos de final; a Portugal, en cuartos; a Alemania en la semifinal, y que en un luchado partido, Paolo –nuestro Paolo– será más que Neymar.

No importa lo que pienses. Puede ser en todo, o nada. Solo disfruta el Mundial pase lo que pase. Hace 36 años que no tenemos uno para nosotros.