Renzo Giner Vásquez

Los poderosos vientos del , que fluctúan entre los 205 y 240 kilómetros por hora, han provocado enormes destrozos a su paso por Cuba, el Golfo de México y Florida. Su arrasador paso va sumando muertes, destrucción y evacuaciones de miles de personas.

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Por ello, la idea de que una aeronave pueda atravesar aquel vendaval hasta alcanzar el ojo del ciclón resulta bastante improbable. Sin embargo, esto no solo es posible sino que viene sucediendo con Ian y otros huracanes desde hace más de tres décadas.

La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) posee los dos únicos aviones Lockheed WP-3D Orion que existen en el mundo. Normalmente, estas enormes aeronaves son utilizadas para supervisar los niveles de hielo ártico, estudiar el aire y las temperaturas del agua.

Pero entre junio y noviembre, durante la temporada de ciclones en el Atlántico, se les encomienda una misión especial: convertirse en cazahuracanes.

Tras pasar por Cuba, el Golfo de México y tocar tierra en Florida, se espera que el huracán Ian continúe su devastador paso hacia los estados de Georgia y Carolina del Sur.
Tras pasar por Cuba, el Golfo de México y tocar tierra en Florida, se espera que el huracán Ian continúe su devastador paso hacia los estados de Georgia y Carolina del Sur.
/ NOAA vía AFP

MEGA MÁQUINAS

En total, el Centro de Operaciones de Aeronaves de NOAA tiene a su disposición tres meganaves capaces de cumplir las funciones de cazahuracanes.

Las dos Lockheed WP-3D Orion registradas como N43RF y N42RF fueron rebautizadas durante la década de 1990 como Miss Piggy y Kermit (conocida en el Perú como la Rana René) inspirados en el famoso programa infantil Plaza Sésamo.

La flota la completa un Gulfstream IV-SP registrado como N68RF, pero apodado Gonzo, por la misma razón que los Lockheed.

El Lockheed WP-3D Orion apodado como Miss Piggy.
El Lockheed WP-3D Orion apodado como Miss Piggy.
/ NOAA

Con una longitud de 35,6 metros, una altura de 10,44 metros y una envergadura de 30,38 metros; Miss Piggy y Kermit son auténticas moles que surcan los cielos para cumplir una valiosa información. Al interior viaja una tripulación de hasta 22 personas, entre los que se cuentan especialistas en ingeniería, navegadores, científicos y pilotos.

Además, están equipados con tres radares meteorológicos, un radar de banda C y otro de banda X, pueden desplegar sondas y poseen sensores de temperatura, entre otros equipos meteorológicos.

Se estima que hasta el 2014, ambos Lockheed habían volado a través de más de 80 huracanes. Esto ha sido posible gracias a los cuatro motores y la protección especial que le ha sido agregada durante su tiempo de funcionamiento.

El caso de Gonzo es diferente, mientras que los Lockheed atraviesan la pared de viento él aprovecha su agilidad para moverse alrededor.

Los Gulfstream IV-SP son aviones de ala baja con turbinas gemelas y existen alrededor de 900 en el mundo. Sin embargo, el que utiliza NOAA ha sido modificado para poder lanzar sondas de reconocimiento meteorológico que permiten medir la velocidad del viento, la presión barométrica, la humedad y la temperatura mientras caen al océano.

DATOS RELEVANTES

La labor que cumple el trío de Plaza Sésamo resulta fundamental para el trabajo de los científicos y meteorólogos.

Una vez que los equipos que viajan al interior de las naves consiguen recolectar los datos de la tormenta -mediante las múltiples herramientas antes nombradas-, estos son enviados a los Centros Nacionales de Predicción Medioambiental y al Centro Nacional de Huracanes, donde son procesados para poder diseñar modelos y posibles trayectorias del huracán .

La información recolectada a bordo de los aviones cazahuracanes son enviados a los Centros Nacionales de Predicción Medioambiental y al Centro Nacional de Huracanes.
La información recolectada a bordo de los aviones cazahuracanes son enviados a los Centros Nacionales de Predicción Medioambiental y al Centro Nacional de Huracanes.
/ NOAA

Los radares Doppler que poseen los Lockheed, por otro lado, realizan un escaneo del fenómeno equivalente a una radiografía, lo que permite conocer las diferentes capas que conforman la tormenta.

Este tipo de información -complementada con otros datos enviados desde satélites y centros de monitoreo- permite que los investigadores conozcan cuándo se formará un nuevo huracán, cómo evoluciona alguno que ya se ha originado, la trayectoria que podría seguir y los daños que podría generar durante su paso.

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