Milagros Asto Sánchez

Un año de retraso no ha sido suficiente para despejar las dudas sobre la pertinencia de realizar los Juegos Olímpicos de Tokio. Tampoco para elevar del todo los ánimos de un público que no podrá ver masivamente las competencias en persona ni animar efusivamente sin temor. A casi un mes del arranque del mayor evento deportivo del mundo, la pandemia aún es un lastre que impide disfrutar la cita con propiedad.

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