Farid Kahhat

El comunicado conjunto entre y de 1972 es un documento peculiar. Pese a su nombre, el contenido principal del comunicado no es una declaración conjunta en torno a temas de interés común, sino que expresa por separado la posición de cada uno de esos países en torno a esos temas. En una parte cuyo encabezado reza “Estados Unidos declara”, se afirma lo siguiente: “Estados Unidos reconoce que todos los chinos en ambos lados del estrecho de sostienen que solo existe una China y que Taiwán es parte de China”.

Ahora bien, si Estados Unidos reconoce que solo existe una China y le brinda reconocimiento diplomático a la República Popular China, pero no a Taiwán, parecería lógico concluir que, para Estados Unidos, Taiwán es parte de la República Popular China. Sin embargo, una década después de haber suscrito ese comunicado conjunto, el gobierno en Washington, bajo la presidencia de Ronald Reagan, ofrecería a Taiwán lo que se conoce como las “Seis Garantías”: la última de ellas sostiene a la letra que Estados Unidos “no ha acordado tomar ninguna posición con respecto a la soberanía sobre Taiwán”.

Decíamos en un artículo anterior que la perspectiva estadounidense respecto a Taiwán es conocida como una política de “ambigüedad estratégica”. Sin embargo, como vimos, podría decirse que, antes que ambigua, la política estadounidense hacia Taiwán se está tornando contradictoria. En años recientes, el reconocimiento estadounidense de que existe una sola China fue cuestionado por el presidente Trump (aunque luego revirtiera esa posición). Ahora el presidente Biden declara que el compromiso de Estados Unidos con la seguridad de Taiwán incluiría la obligación de intervenir militarmente en su favor en caso de ser atacada (lo cual no supone ambigüedad alguna).

La presidenta de laCámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, recibe la bienvenida a su llegada al aeropuerto de Sungshan en Taipei. (Foto de Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán / AFP)
La presidenta de laCámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, recibe la bienvenida a su llegada al aeropuerto de Sungshan en Taipei. (Foto de Ministerio de Relaciones Exteriores de Taiwán / AFP)
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Pero eso no es lo que dice el documento oficial que define la posición estadounidense. Según el Acta de Relaciones con Taiwán de 1979, Estados Unidos se compromete a “proveer a Taiwán bienes y servicios defensivos en cantidad necesaria para permitir a Taiwán mantener suficiente capacidad de autodefensa”. El mismo documento sostiene en un párrafo anterior lo siguiente sobre los alcances de los compromisos de seguridad de Estados Unidos hacia Taiwán: “Cualquier intento por determinar el futuro de Taiwán por medios que no sean pacíficos (…) será considerado una amenaza para la paz y la seguridad del Pacífico Occidental y será de grave preocupación para Estados Unidos”. Es decir, no contiene un compromiso de intervenir militarmente en caso de que Taiwán fuera atacada.

La primera vez que el presidente Biden sostuvo que tal compromiso existía fue en agosto del 2021, ante lo cual un vocero de la Casa Blanca aclaró que la política de Washington hacia Taiwán no había cambiado. Uno podría concluir entonces que se trató de un error involuntario de Biden; sin embargo, volvió a sostener lo mismo en una entrevista con la cadena CNN en octubre del 2021, y en respuesta a la pregunta de una reportera durante una conferencia de prensa en mayo de este año. En esta última ocasión, la periodista le pregunta: “¿Está usted dispuesto a intervenir militarmente para defender Taiwán (…)?”, a lo que Biden respondió: “Sí, ese es el compromiso que asumimos”. Aunque en esos casos la Casa Blanca, nuevamente, dijo que la política de Estados Unidos hacia Taiwán no había cambiado (y el propio Biden hizo una retractación parcial), es difícil creer que se trate de un error reiterado en el contexto de un deterioro significativo de las relaciones bilaterales en años recientes (incluyendo la visita de Nancy Pelosi).

Irónicamente, el comunicado conjunto de 1972 decía que Estados Unidos creía que era menester “mejorar la comunicación” entre las partes “para reducir el riesgo de una confrontación por accidentes, errores de cálculo o malentendidos”.

Farid Kahhat es analista internacional.

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