Milagros Asto Sánchez

Había una vez una relación de ensueño entre Disney y el estado de Florida. Por décadas, el llamado lugar más feliz del mundo ha atraído a millones de niños y adultos a sus majestuosos parques temáticos, consolidándose como uno de los mayores empleadores privados del estado sureño. Pero hace un mes el cuento de hadas se rompió. El gobernador de Florida, Ron DeSantis, firmó un proyecto de ley que despoja a ese reino mágico del privilegio de gozar de un autogobierno. Una verdadera patada en el corazón de Mickey Mouse.

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