Para esconder su rostro de los numerosos fotógrafos y camarógrafos, Furchner cubrió su cabeza con un pañuelo y lucía unas grandes gafas de sol. Además, se mantuvo en silencio durante toda la audiencia. (Foto: Christian Charisius / AFP)
Para esconder su rostro de los numerosos fotógrafos y camarógrafos, Furchner cubrió su cabeza con un pañuelo y lucía unas grandes gafas de sol. Además, se mantuvo en silencio durante toda la audiencia. (Foto: Christian Charisius / AFP)
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La exsecretaria de un campo de concentración nazi, de 96 años, permaneció en silencio en el primer día de su juicio en , que comenzó finalmente este martes tras haber sido postergado tres semanas atrás por un intento de fuga.

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Irmgard Furchner enfrenta ante el tribunal de Itzehoe (norte) los cargos de complicidad en asesinatos e intentos de éstos en más de 11.000 casos en el campo de concentración de Stutthof, en la actual Polonia, entre 1943 y 1945.

Este martes, la nonagenaria ingresó a la sala de audiencias en silla de ruedas, vestida con una chaqueta blanca y portando un bastón en una mano, constató un periodista de la AFP.

Para esconder su rostro de los numerosos fotógrafos y camarógrafos destacados en el lugar, su cabeza se encontraba cubierta con un pañuelo y lucía unas grandes gafas de sol.

“No hará ninguna declaración por el momento. Tampoco responderá a las preguntas”, declaró su abogado Wolf Molkentin.

Furchner, única mujer implicada en el nazismo en ser juzgada durante décadas en Alemania, dio su identidad y después se mantuvo en silencio, escuchando el acta de acusación.

Su proceso había comenzado el 30 de septiembre de manera rocambolesca: la acusada, que vive en una residencia para ancianos cerca de Hamburgo, había huido en lugar de presentarse en el tribunal.

Ahora comparece libre, pero se han tomado medidas de vigilancia precautorias para asegurar su presencia en las audiencias.

La fiscalía la acusa de haber “ayudado e incitado al asesinato pérfido y cruel” de miles de prisioneros, entre junio de 1943 y abril de 1945, en este campo en el que trabajaba como mecanógrafa y secretaria del comandante del lugar, Paul Werner Hoppe.

- Pretende “no saber nada” -

En este campo cercano a la ciudad de Gdansk (Danzig en aquella época) donde murieron 65.000 personas, “detenidos judíos, partisanos polacos y prisioneros de guerra soviéticos” fueron asesinados de forma sistemática, subrayó la Fiscalía.

De acuerdo a sus competencias, “aseguraba el buen funcionamiento del campo” y “tenía conocimiento de todos los hechos acaecidos en Stutthof”, sobre todo de los asesinatos a tiros o por gaseado, de acuerdo al fiscal Maxi Wantzen.

En una reciente entrevista, brindada en 2019 al diario NDR, la exsecretaria había señalado que “no sabía nada” de las masacres cometidas en ese campo.

En una carta enviada antes de la fecha de la primera audiencia, la acusada indicó al juez instructor que no deseaba presentarse personalmente ante el tribunal.

Ese día de su primera comparecencia tomó un taxi y desapareció durante algunas horas, antes de ser encontrada. Colocada bajo prisión preventiva, fue liberada una semana más tarde.

- Justicia tardía -

Su comportamiento provocó gran consternación. Su ausencia demostró “menosprecio por los sobrevivientes y por la ley”, dijo a la AFP el vicepresidente del Comité Internacional de Auschwitz, Christoph Heubner.

“Si tiene salud para huir, tiene salud para ir a prisión”, tuiteó Efraim Zuroff, un cazador de nazis estadounidense-israelí, presidente del Centro Simon Wiesenthal, que ha ayudado a llevar a criminales de guerra a juicio.

Setenta y seis años después del final de la Segunda Guerra Mundial, la justicia alemana sigue buscando a los excriminales nazis aún vivos, aunque se trata de una justicia considerada muy tardía por las víctimas.

Alemania además amplió sus investigaciones a los ejecutores, muchas veces subordinados que recibían órdenes, de la maquinaria nazi.

Otro acusado, Josef Schütz, centenario, comenzó su comparecencia el 7 de octubre en el tribunal de Brandenburg-an-Havel (noreste), ante el que afirma ser inocente.

Se trata del más anciano actualmente acusado por crímenes nazis. Este ex suboficial de la división “Totenkopf” de las SS está acusado de “complicidad en los asesinatos” de 3.518 prisioneros, cuando estuvo destacado en el campo de concentración de Sachsenhausen entre 1942 y 1945.

“Los individuos sospechosos de crímenes nazis que viven actualmente eran muy jóvenes en el momento de los hechos y ocupaban más bien puestos subalternos”, indicó a la AFP Guillaume Mouralis, director de investigación en el CNRS (centro nacional para la investigación científica de Francia) y miembro del Centro Marc Bloch de Berlín.

“La paradoja es que los ‘criminales de oficina’ en los escalones intermedios y superiores de la jerarquía, en última instancia fueron muy poco inquietados (por la justicia)”, añadió.

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