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François Jeanmonod, de 74 años, levanta una barra de pesas para muscular sus pectorales, un esfuerzo intenso que este realiza con entusiasmo después de que en los últimos meses no pudiera ir al gimnasio por las restricciones por el .

Aunque la situación epidemiológica apenas mejora, Suiza volvió a abrir este lunes los gimnasios, cinemas y terrazas de bares y restaurantes, un aligeramiento de las medidas sanitarias que fue recibido con alegría y que coincidió con la apertura de grandes centros de vacunación.

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La pandemia provocó unos 9.800 muertos en una población de 8,6 millones, en parte exhausta tras un invierno de confinamiento.

“No venimos para ponernos en forma, sino para hablar” con los compañeros, todos ellos jubilados, explicó Jeanmonod a la AFP, que como muchas de las personas presentes esta mañana en el Club Lausannois se mostraba entusiasmada ante la reapertura de este gimnasio de Lausana (oeste).

En este centro de musculación, la mascarilla no es obligatoria, excepto en los vestuarios, y se exige respetar una distancia de un metro y medio con las otras personas.

Aunque muchos de los deportistas siguieron haciendo ejercicio en la orilla del lago Lemán, reconocen que volver al gimnasio no tiene precio, ya que permite “levantar la moral y ver los compañeros”, afirma Jean-Jacques Subilia, de 74 años, mientras hace bicicleta.

“Es todo un alivio. Venir aquí es sinónimo de hacer vida social”, asegura Didier Dewarrat, de 72 años, que como muchos de los jubilados suele ir al gimnasio a primera hora de la mañana, por lo que no le afecta la limitación de aforo.

“Higiene de vida”

En este lunes de reapertura tras meses de cierre, la mayoría de gimnasios estaban llenos.

“Tuvimos mucha más gente de la que habíamos previsto, todos nos mostraban su alivio tras un invierno encerrados en casa”, explica Filipa Amorim, de 24 años, responsable de una sala de fitnessen el centro de Lausana, que se llenó con una cincuentena de deportistas.

“La mayoría de ellos estuvieron contentos de volver a ver a sus entrenadores”, añade Amorim, quien recordó que el uso de la macarilla es obligatorio, incluso durante las actividades de cardio.

“Esto forma parte de mi higiene de vida”, defiende Tatiana Atanasio, de 31 años, entrenadora de finess. “Un año sin ir al gimnasio, me ha resultado molesto. Solía hacer deporte em el exterior, pero no es lo mismo dado que odio hacer deporte sola”.

Además de los gimnasios, los cafés y restaurantes también pudieron servir a sus clientes en las terrazas, y muchas de ellas se llenaron pese a las frías temperaturas en Suiza.

Sarah, 20 años, que cursa estudios de teatro en Lausana, no desaprovechó la reapertura y por la mañana ya se tomaba un café en una cafetería, además de haber previsto tomarse unas copas el lunes por la noche.

“El café es observar, sentir e intercambiar miradas. Durante el confinamiento, la salud psíquica fue olvidada y se priorizó la salud psíquica”, lamentó.

Después de 15 meses de pandemia, y varios periodos de confinamiento y restricciones en el país helvético, los suizos aprendieron a tomarse las cosas con filosofía: “Ahora abren, luego cierran. Esto no nos impide vivir”, afirma Hervé Lesserteur, de 52 años, sentado en una terraza.

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