El líder del Partido Democrático Italiano (PD), Enrico Letta, posa para los medios antes de una reunión con el canciller alemán durante su visita a la sede del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) en Berlín.
El líder del Partido Democrático Italiano (PD), Enrico Letta, posa para los medios antes de una reunión con el canciller alemán durante su visita a la sede del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) en Berlín.
/ Tobias SCHWARZ / AFP
Agencia EFE

ha pasado de ser el gran traicionado del Partido Demócrata (PD) a dejarlo todo, dirigir una prestigiosa universidad de y una vida tranquila, para convertirse en el líder que ha salido a su rescate, aunque no ha conseguido aglutinar a las otras fuerzas progresistas para derrotar a la derecha.

Cuando se le pregunta si se ha arrepentido de volver al PD, Letta (Pisa, 1966) asegura que no, “por el amor a la política, a los valores democráticos y al país”.

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El exprimer ministro se enteró por la prensa de que su nombre volvía a estar entre los candidatos a secretario general del PD tras la dimisión de Nicola Zingaretti y en un principio rechazó hacerse cargo de una formación que había tocado fondo con los peores datos de su historia y cerca del 17 % de intención de voto.

Dirigía entonces la prestigiosa Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad Science Po de París, adonde llegó como profesor en 2014, tras finalizar su experiencia como primer ministro en Italia como resultado de una moción de censura de su propio partido: un golpe de Estado orquestado por Matteo Renzi.

En solo un año, desde su elección como secretario general el 14 de marzo de 2021, Letta ha reconquistado el voto progresista, la moderación y recuperado algunos valores que históricamente se asocian a la izquierda y que se habían quedado por el camino.

Con Letta, se ha vuelto a hablar de los derechos del colectivo LGTB+, de la nacionalidad para los niños de padres extranjeros que residen en Italia, del derecho a decidir el fin de la vida o de una reforma laboral que permita un salario mínimo.

Y bajo su dirección, el PD se ha colocado como segundo partido, con un 24 % en las intenciones de voto y a poca distancia de los ultraderechistas Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, con un 26 %.

Letta, de 56 años, creció en Estrasburgo y después regresó a su Pisa natal para licenciarse en Ciencias Políticas y obtener un doctorado en Derecho Comunitario Europeo.

Con 25 años ya era presidente de las juventudes del Partido Popular Europeo, heredero de la tradición de la Democracia Cristiana (DC): de hecho, políticamente, Enrico Letta es muy cercano a Beniamino Andreatta, uno de los principales exponentes de la izquierda democristiana y del que fue uno de sus estudiantes preferidos cuando era investigador en Arel, la Agencia de Investigación y Legislación.

En 1995, siguió a Romano Prodi a la coalición de El Olivo, cuando el Partido Popular Italiano se escindió, y en 2006, tras la victoria de la formación, Letta fue subsecretario del primer ministro.

Durante algunos años fue conocido como “el sobrino” de uno de los hombres más potentes del país, Gianni Letta, asesor de confianza de Silvio Berlusconi, y, aunque en bandos opuestos, tenían un rasgo común, según las crónicas políticas: un cierto gusto por la sobriedad y una buena predisposición al diálogo.

Después de formar parte de La Margarita, otro de los proyectos políticos de coalición del centroizquierda, fue uno de los fundadores del PD, compitiendo por las primarias que ganó Walter Veltroni el 14 de octubre de 2007.

En las elecciones del 24 de febrero de 2013, ganó el PD, que no pudo gobernar al no tener la mayoría. Ante el estancamiento, el presidente de la República, Giorgio Napolitano, le dio a Enrico Letta la tarea de formar un ejecutivo de amplios acuerdos, que incluía al Partido Demócrata, el Pueblo de la Libertad, la Unión de Centro y Elección Cívica.

El Gobierno de Letta prestó juramento el 23 de abril de 2013, pero duró menos de un año, cuando Matteo Renzi, que acababa de convertirse en secretario del PD, comenzó una campaña contra el primer ministro.

El 13 de enero de 2014, la Dirección Nacional del Partido Demócrata votó la censura a su primer ministro, decretando “la necesidad y urgencia de abrir una nueva etapa, con un nuevo ejecutivo”. Letta renunció antes de elegir el “exilio” de París.

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