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Ante los primeros conteos, fue considerado el presidente electo de desde el día lunes. Este viernes, finalmente se conocen los resultados de las elecciones del país altiplánico en las que el conservador Carlos Mesa obtuvo 28,8% y Arce el 55% de los votos a favor. De esta forma, el delfín de logra una aplastante victoria en primera vuelta a la cabeza del Movimiento al Socialismo (MAS).

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Estos resultados han sido dados según el conteo oficial con el 99,99% de las actas escrutadas. Sin embargo, la victoria de Arce ya se dejaba ver desde los resultados arrojados por dos encuestadoras.

La Constitución boliviana declara ganador en primera vuelta al candidato que obtiene mayoría absoluta o el 40% de los votos con 10 puntos de ventaja sobre el segundo. De lo contrario debe haber una segunda vuelta.

COMO EL PRIMER TRIUNFO DE EVO MORALES

Con más de 26 puntos de diferencia sobre el segundo candidato más votado, Luis Arce va camino a emular a en su primera elección, quien también obtuvo más del 50% de los votos a su favor. Este resultado ha sido acompañado por un par de encuestas y los conteos a boca de urna que ya cantaban la victoria del candidato socialista.

Las encuestas vaticinaron un resultado muy similar al de las elecciones de 2005, donde el Movimiento Al Socialismo (MAS) de Morales inició una hegemonía de casi 14 años que volverá probablemente a reanudar ahora con Arce, tras el paréntesis producido por la crisis política del año pasado.

Las dos encuestas difundidas hasta ahora le dan a Arce más del 50 % de los votos válidos, pues la encuestadora Ciesmori proyecta un 52,4 % y el sondeo Tu Voto Cuenta apunta incluso al 53 %. Ambas se acercaron al conteo final.

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Son porcentajes muy similares al 53,7 % que obtuvo Morales en su primera elección de 2005, cuando el MAS arrasó en primera vuelta como parece haberlo hecho ahora, quince años después.

Luis Arce, candidato de Evo Morales, se impone en primera vuelta de presidenciales de Bolivia. (AFP)

Como en 2005, cuando Morales sacó 25 puntos porcentuales de ventaja al expresidente Jorge ‘Tuto’ Quiroga (2001-2002), ahora los sondeos predijeron que Arce se impondrá sobre el expresidente Carlos Mesa (2003-2005) con más de 23 puntos de diferencia, finalmente resultaron siendo más de 26.

Con más de la mitad de los votos, un candidato se convierte automáticamente en presidente electo de Bolivia en primera vuelta, algo que también se hubiese producido si obtenía el 40 % de los votos con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo.

Bolivia elige presidente un año después de renuncia de Evo Morales. (AFP).

UN VOTO IMPLÍCITO A MORALES

Si bien esta vez Morales no era candidato al encontrarse fuera de Bolivia desde la crisis del año pasado, el voto a Arce ha sido en esencia un voto para el retorno del expresidente (2006-2019), que permanecía expectante en Argentina a la espera de los resultados electorales y ya ha anunciado que volverá “tarde o temprano”.

La figura de Arce está además íntimamente ligada a Morales, pues fue su ministro de Economía durante doce de los casi catorce años consecutivos de mandato de Morales, y se le considera el artífice del despegue económico de Bolivia en los últimos lustros.

Si el recuento oficial de votos corrobora las proyecciones hechas por los sondeos a boca de urna, Arce obtendrá incluso un mayor porcentaje de votos de los que obtuvo Morales en la última elección de 2019, cuando hubo acusaciones de fraude electoral en favor del expresidente, que se fue del país denunciando un golpe de Estado.

La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez llega a la apertura de las urnas para la presidencia en Bolivia, en La Paz. (EFE/Joédson Alves).
La presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez llega a la apertura de las urnas para la presidencia en Bolivia, en La Paz. (EFE/Joédson Alves).

En aquella polémica cita electoral, Morales fue elegido para un cuarto mandato consecutivo con un 47,08% de los votos, el porcentaje más bajo obtenido por el expresidente en las cuatro elecciones donde había resultado ganador.

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Con ese porcentaje, revalidaba igualmente su mandato gracias a que sacaba más de 10 puntos de ventaja a Mesa (36,51 %), pero enseguida surgieron denuncias de fraude, ya que durante casi todo el escrutinio parecía que Mesa tenía el margen suficiente como para garantizarse una segunda vuelta.

DE MENOS A MÁS EN ESCRUTINIO

Al igual que en esa ocasión, ahora el escrutinio oficial comenzó dando una amplia ventaja a Mesa al contabilizar primero los votos urbanos, pero poco a poco Arce está equilibrando esos porcentajes a medida que se computan votos de zonas rurales, donde el MAS tiene un dominio casi absoluto en algunas regiones del país.

Con estos resultados previstos por los sondeos, y refrendados pro el escrutinio final, el MAS ratifica una hegemonía que difícilmente ha podido ser discutida por sus rivales políticos.

Este dominio del socialismo boliviano alcanzó su cota máxima en las elecciones de 2009, cuando Evo Morales logró el 64,2 % de los votos, con una diferencia de casi 38 puntos sobre Manfred Reyes (26,4 %).

En 2014 apenas se resintió y Morales volvió a cosechar un triunfo absoluto al sacar en primera vuelta el 61,3 % de los votos, con 37 puntos por encima de Samuel Doria Medina (24,2 %).

El nuevo éxito electoral que el MAS ya celebra con Arce como candidato a la Presidencia da un nuevo impulso al movimiento liderado por Morales, que gobernaría otros cinco años más en Bolivia y se acercaría a las casi dos décadas en el poder, solamente interrumpidas por el mandato interino de la presidenta Jeanine Áñez.

Tranquilidad y largas filas marcaron la jornada electoral en Bolivia 18/10/2020

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INFORMACIÓN PREVIA

Las elecciones generales en deberán dar lugar a un nuevo Gobierno salido de las urnas, que afronte retos como la crisis económica producto de la pandemia de o la gobernabilidad.

Cinco postulantes concurren a los comicios, a los que se presentó inicialmente la presidenta interina, , aunque luego renunció a su candidatura ante el riesgo de dividir el voto contra el de .

El partido de Morales busca retomar el poder que ostentó durante casi catorce años y que perdió en noviembre pasado tras unas elecciones que fueron anuladas entre denuncias de fraude, algo que siempre ha negado.

Fragmentados en seis candidaturas, sus detractores quieren evitar que el MAS vuelva a gobernar por los excesos que consideran que cometió Morales, incluida su polémica habilitación para buscar la reelección pese a que la Constitución que él mismo promulgó permite solo dos periodos continuos.

Bolivia elige presidente, por primera vez en años sin Evo Morales como candidato. (AFP).

GOBIERNO ELECTO

Los comicios bolivianos están pendientes desde la anulación de los celebrados en octubre de 2019, en los que Evo Morales fue declarado vencedor para un cuarto mandato consecutivo entre denuncias de fraude a su favor, que son investigadas penalmente y que él niega.

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Irregularidades como el repentino cambio de tendencia en el recuento preliminar, que pasó de prever una segunda vuelta a dar el triunfo en primera ronda a Morales, desataron uno de los mayores conflictos en la historia boliviana reciente.

La salida de Morales dejó un vacío de poder, pues con él también dimitieron quienes podían sucederle constitucionalmente, hasta que luego de dos días, la entonces senadora Áñez activó un mecanismo sucesorio y asumió la Presidencia interina con el aval del Tribunal Constitucional.

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La perspectiva era celebrar los comicios el 3 de mayo, pero sobrevino la pandemia de la covid-19 y la fecha se movió primero al 6 de septiembre y luego al 18 de octubre, en medio de protestas del MAS, que acusó a Áñez de usar la crisis sanitaria para prorrogarse.

La decisión de quién gobernará Bolivia durante el próximo quinquenio está en manos de 7.332.925 bolivianos habilitados para votar.

Los favoritos según las encuestas son Luis Arce, exministro de Economía de Morales, el expresidente Carlos Mesa y el exlíder cívico Luis Fernando Camacho.

Carlos Mesa y Luis Arce, los favoritos para ganar en Bolivia. (AFP).
Carlos Mesa y Luis Arce, los favoritos para ganar en Bolivia. (AFP).

CRISIS ECONÓMICA

Una de las principales misiones del ganador será afrontar el golpe de la pandemia contra la economía boliviana, que registró una caída del 7,9 por ciento de enero a julio y se prevé que cierre el año con un descenso de 6,2 por ciento.

El déficit superó los 2.800 millones de dólares en el primer semestre, una cifra que estaba prevista para todo el año, y el desempleo subió al 11,8 por ciento, datos negativos atribuidos a la cuarentena que rigió en Bolivia desde finales de marzo hasta agosto incluido.

El Ejecutivo interino apeló a créditos internos y externos para cubrir las carencias y paliar la situación con medidas como ayudas sociales y planes de generación de empleo.

La economía de Bolivia. (AFP).
La economía de Bolivia. (AFP).

CONTROL LEGISLATIVO

En los comicios también está en juego la renovación del Parlamento nacional para los próximos cinco años, la clave para garantizar gobernabilidad al ganador.

Mesa probó de primera mano lo difícil que es gobernar sin apoyo en el Legislativo, cuando fue presidente de 2003 a su renuncia en 2005, y Morales también tuvo dificultades en su primer periodo de 2006-2009, pues sus opositores controlaban el Senado.

En los dos siguientes periodos, el MAS ostentó la mayoría en ambas Cámaras, aunque aquello también le valió críticas por imponerse para aprobar normas resistidas por sus detractores, como las que permitieron habilitar la candidatura de Morales, o evitar la censura al Ejecutivo en casos polémicos.

El Gobierno transitorio de Áñez ha mantenido un pulso político con el Legislativo, que sigue en manos del MAS, con acusaciones mutuas de bloquear iniciativas y vulnerar normas.

Las leyes aprobadas en el Parlamento que Áñez se negó a promulgar fueron firmadas por la presidenta del Senado, la “masista” Eva Copa.

Candidatos a la presidencia de Bolivia cerraron campaña polarizada por la figura de Evo. (AFP).

TENDENCIA Y POLÍTICA EXTERIOR

Las elecciones también definirán la tendencia política que regirá en el país, si un retorno a la izquierda con el MAS, o continuar el giro iniciado en la gestión transitoria de Áñez hacia la derecha.Esta inclinación se verá inevitablemente reflejada en la política exterior boliviana.

Durante la Presidencia de Morales, Bolivia mantuvo cercanía con países como Rusia, China, Cuba y Venezuela y se distanció de Estados Unidos, al que acusó varias veces de conspirar en su contra.

También fue parte de bloques como la Unasur, la Celac y el bolivariano Alba, por la afinidad ideológica de Morales con los gobernantes que impulsaron esas entidades.

Áñez, por su parte, suspendió relaciones con Cuba y el Gobierno de Nicolás Maduro, retiró a Bolivia de la Alba y empezó a tramitar su salida de la Unasur, además de mantener tensiones con el Ejecutivo argentino, al que acusa de intromisiones para proteger a Morales, que reside en ese país desde diciembre.

Además se acercó a Estados Unidos, entró al Grupo de Lima y apoya como presidente encargado de Venezuela al opositor Juan Guaidó.

LOS FAVORITOS PARA GANAR LAS ELECCIONES

Heredero de Morales

El candidato presidencial boliviano del Movimiento al Socialismo, MAS, Luis Arce, saluda a sus partidarios durante su cierre de campaña para las próximas elecciones presidenciales del 18 de octubre, en El Alto, Bolivia, el miércoles 14 de octubre de 2020. (AP Foto/Juan Karita)
El candidato presidencial boliviano del Movimiento al Socialismo, MAS, Luis Arce, saluda a sus partidarios durante su cierre de campaña para las próximas elecciones presidenciales del 18 de octubre, en El Alto, Bolivia, el miércoles 14 de octubre de 2020. (AP Foto/Juan Karita)

Nacido en La Paz en 1963, Arce es un economista titulado en la estatal Universidad Mayor de San Andrés y con una maestría en la universidad británica de Warwick.

Militante socialista desde su juventud, desarrolló su carrera en el Banco Central de Bolivia hasta que en 2006 juró como ministro de Economía en el primer periodo de Evo Morales.

La permanencia de Arce en el gobierno de Morales fue interrumpida únicamente entre 2017 y 2019, por un cáncer de riñón que se trató fuera del país.

En su partido, el Movimiento al Socialismo (MAS), lo identifican como gestor del “milagro económico” por el que Bolivia logró un crecimiento inusitado entre 2006 y 2014, un despunte que Arce atribuye a un modelo con el Estado como protagonista.

Para sus detractores, se debió a un contexto externo favorable con precios altos de materias primas y cuyo declive a partir de 2015 se reflejó en un descenso de las reservas internacionales, menor crecimiento y mayor déficit público, aunque Arce siempre rechazó aquellas críticas.

En enero pasado, el MAS se decantó por Arce como su candidato presidencial por sus credenciales como ministro, en un intento también por reconquistar a la clase media, en la que perdió terreno en los últimos años.

Inicialmente no hubo un respaldo unánime a Arce dentro del MAS, pues los partidarios indígenas y campesinos esperaban a un postulante salido de esos sectores, pero se tuvieron que conformar con que el aimara David Choquehuanca, excanciller del país, sea candidato a la Vicepresidencia.

Arce tiene la ventaja del llamado “voto duro” del MAS por lealtad a Morales, que le asegura al menos un 30 por ciento de la votación, pero ese porcentaje no es suficiente para evitar la segunda vuelta.

Hombre de letras

Carlos Mesa, líder de Comunidad Ciudadana, el principal contendiente del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, considera de que "más del 60 por ciento del país" se opone al regreso de este partido que gobernó Bolivia por casi catorce años. (EFE/ Martin Alipaz).
Carlos Mesa, líder de Comunidad Ciudadana, el principal contendiente del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, considera de que "más del 60 por ciento del país" se opone al regreso de este partido que gobernó Bolivia por casi catorce años. (EFE/ Martin Alipaz).

Historiador, literato y periodista, Mesa nació en La Paz en 1953 e hizo carrera en varios medios de comunicación, además de ser autor de numerosos libros.

En 2002 postuló a la Vicepresidencia por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) de Gonzalo Sánchez de Lozada, ganador de las elecciones aquel año.

Su llegada a la presidencia fue en octubre de 2003 como consecuencia de la revuelta social conocida como el “octubre negro”, que derivó en la renuncia de Sánchez de Lozada y el alejamiento de Mesa del MNR por las decenas de muertos que dejó el conflicto.

Sin apoyo parlamentario, con nuevos conflictos y presiones por un lado del entonces diputado Morales y por otro de los movimientos autonomistas del oriente boliviano, Mesa renunció a la presidencia en 2005.

Tras mantener un perfil bajo durante algunos años, resurgió en la política al aceptar ser vocero internacional de la demanda marítima boliviana, lo que le valió ganar la popularidad suficiente para animarse a postular en 2019.

Mesa fue de los primeros en denunciar el supuesto fraude electoral a favor de Morales tras el repentino cambio de tendencia en el recuento preliminar, que pasó de prever una segunda vuelta entre ambos a dar el triunfo en primera al entonces presidente.

Ahora vuelve a aparecer como la principal opción para hacer frente al MAS, aunque sin lograr unir plenamente a los detractores del exmandatario.

Sus críticos le recuerdan recurrentemente su pasado con el MNR o su renuncia en 2005 para mostrarlo como incapaz de gobernar ante la convulsión social, pero el expresidente asegura que si resulta electo, no dimitirá.

Biblia y federalismo

Luis Fernando Camacho. (AIZAR RALDES / AFP).
Luis Fernando Camacho. (AIZAR RALDES / AFP).

Abogado y empresario católico, Camacho nació en 1979 en Santa Cruz, la mayor región boliviana y motor económico del país.

En el último quinquenio fue miembro activo del Comité Cívico Pro Santa Cruz, una importante institución que abandera las autonomías regionales.

Las protestas postelectorales de 2019 permitieron a Camacho darse a conocer en el resto del país con un discurso radical que exigía la renuncia de Morales y promesas como que llevaría a Dios “de vuelta” al Palacio de gobierno.

Morales renunció en noviembre y salió de Bolivia denunciando un supuesto golpe de estado en su contra, del que culpa a Camacho y a sus detractores.

La popularidad nacional de Camacho se tornó progresivamente en desencanto por asegurar que no sería candidato y terminar postulando, o polémicas como los fuertes encontronazos con su acompañante de fórmula, Marco Pumari, por sus aspiraciones presidenciales personales.

Camacho aparece por detrás de Arce y Mesa en las encuestas preelectorales, aunque su liderazgo se ha vuelto a circunscribir a Santa Cruz.

Dios en el gobierno y el federalismo anhelado por muchos cruceños son parte de las promesas de este postulante, que ha sido comparado con el brasileño Jair Bolsonaro por su discurso populista religioso.

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