El electo gobernador por la región metropolitana, Claudio Orrego (centro), celebra el triunfo hoy, durante la segunda vuelta de las elecciones a gobernadores regionales, en Santiago de Chile. (Foto: EFE/ Esteban Garay).
El electo gobernador por la región metropolitana, Claudio Orrego (centro), celebra el triunfo hoy, durante la segunda vuelta de las elecciones a gobernadores regionales, en Santiago de Chile. (Foto: EFE/ Esteban Garay).
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La centroizquierda se convirtió en la gran vencedora de las elecciones regionales que se celebraron en segunda vuelta este domingo, en las que obtuvo la mayor parte de las gobernaciones, incluida la de Santiago de Chile, con el 99,9 % de los votos escrutados.

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El pacto de partidos de centroizquierda Unidad Constituyente (UC) logró el poder sobre la capital, en la que el candidato Claudio Orrego, militante de la Democracia Cristiana (DC), se impuso por un 52,7 % de los votos, y el grupo se quedó con 10 de las 16 regiones del país, ocho de ellas obtenidas en balotaje y dos en primera vuelta.

Se trata de la primera vez en la historia que Chile elige a sus autoridades intermedias, antes eran nombradas a dedo por el Gobierno, por lo que se consideran unas elecciones cruciales hacia la descentralización del país.

“Asumimos este triunfo con mucha humildad y con un tremendo sentido de responsabilidad. Levantar a la Región Metropolitana después de la pandemia va a ser una tarea muy difícil”, afirmó Orrego, que batió en la capital a Karina Oliva (47,27 %), del Frente Amplio (FA), una izquierda más radical.

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“Asumimos este triunfo con mucha humildad y con un tremendo sentido de responsabilidad. Levantar a la Región Metropolitana después de la pandemia va a ser una tarea muy difícil”, afirmó Orrego, que batió en la capital a Karina Oliva (47,27 %), del Frente Amplio (FA), una izquierda más radical.

Oliva, por su parte, declaró que pese a la derrota su bloque “ha crecido” y que “es importante” que mantenga “la unidad, la fuerza y la organización, pero sobre todo la convicción intacta” de que la región y el país “pueden ser mucho más justos y democráticos”.

CAÍDA DE LA DERECHA

La derecha oficialista, en tanto, fue la gran perdedora: su apuesta para Santiago quedó descartada por mucho en primera vuelta y solo logró en balotaje imponerse en la región de la Araucanía, en el centro del país, conocida por ser una zona de conflicto entre las autoridades y los pueblos indígenas.

Luciano Rivas, independiente que se presentó a las elecciones en la lista del bloque oficialista de derechas Chile Vamos, será quien gobierne en esa región.

En el resto de divisiones territoriales del país el resultado fue el siguiente, de norte a sur: en Arica y Parinacota se impuso el demócrata cristiano Jorge Díaz (UC); en Tarapacá José Miguel Carvajal (FA); en Antogafasta Ricardo Díaz, independiente que acudía en la lista de la UC; en Atacama el independiente Miguel Vargas; y en Coquimbo la independiente Krist Naranjo en la lista del Partido Ecologista Verde.

Al sur de la Región Metropolitana, el socialista Pablo Silva (UC) se impuso en O’Higgins; la demócrata cristiana Cristina Bravo (UC) en el Maule; el socialista Óscar Crisóstomo (UC) en Ñuble; el independiente Rodrigo Díaz en Bíobío; el socialista Luis Cuvertino (UC) en Los Ríos y el demócrata cristiano Patricio Vallespín (UC) en Los Lagos.

Completan las 16 regiones los tres gobernadores que ya fueron elegidos en la primera vuelta, los pasados 15 y 16 de mayo, al lograr más del 40 % de los votos: el independiente por lista del FA Rodrigo Mundaca, en Valaparaíso (centro); la socialista Andrea Macías Palma, en Aysén (sur); y el izquierdista independiente por la UC Jorge Flies, en Magallanes (sur).

BAJA PARTICIPACIÓN

Fueron solo 2,5 de los 13 millones de personas convocadas los que acudieron a las urnas para elegir a los gobernadores de 13 de las 16 regiones de Chile, y los resultados se leyeron con el ojo en las elecciones presidenciales del próximo 21 de noviembre.

La participación en estas elecciones, que se celebraron en pleno pico de la panemia de covid-19 y con toda la capital confinada, fue la más baja desde el retorno a la democracia en 1990, de un 19,6 %, muy por debajo del mínimo que se registró en las municipales de 2016, cuando solo votó el 34,9 % del padrón.

Desde que el voto dejó de ser obligatorio en 2012, ninguna elección ha superado el 50 % de participación, a excepción del plebiscito del pasado octubre, cuando sufragó el 50,9 %.

En la primera vuelta de esta elección de gobernadores que se celebró junto a las municipales y las constituyentes, la participación fue de poco más del 43 %.

Los elegidos, que tomarán posesión el 14 de julio para un periodo de cuatro años, podrán convertirse en autoridades con alta visibilidad y, en muchos casos, en contrapoderes territoriales al centralizado Santiago, aunque sus atribuciones están muy acotadas a ámbitos como el ordenamiento territorial o el impulso al desarrollo social, siempre en función del presupuesto nacional, lo que les deja poco margen de acción.

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Más de 13 millones de chilenos están llamados a las urnas este domingo para elegir a los primeros gobernadores de las 16 regiones de en la segunda vuelta de unos comicios cuyos resultados se leerán en clave presidencial.

Es la primera vez que los chilenos escogen a sus líderes regionales, pues hasta ahora los intendentes eran designados por el Ejecutivo, por lo que estas elecciones suponen un paso histórico hacia la descentralización.

Tres de las 16 regiones del país no celebrarán una segunda vuelta, pues los ganadores fueron elegidos con más del 40 % de los votos: el independiente Rodrigo Mundaca, en Valaparaíso (centro); la socialista Andrea Macías Palma, en Aysén (sur), y el izquierdista Jorge Flies, en Magallanes (sur).

La contienda por Santiago, la endémica abstención, los independientes o las funciones acotadas de los nuevos gobernadores son las claves que marcarán las elecciones, cuya primera vuelta fue el 15 y 16 de mayo.

SANTIAGO, LA GRAN BATALLA

La Región Metropolitana, el área donde se ubica Santiago y viven siete de los 19 millones de habitantes del país, es la madre de todas las batallas: quien la gane se convertirá en la segunda autoridad elegida con mayor cantidad de votantes, tras el presidente.

Karina Oliva (36 años) y Claudio Orrego (54) lograron desbancar a la única apuesta de la derecha en primera vuelta y simbolizan el enfrentamiento entre dos izquierdas muy polarizadas, con grandes diferencias de fondo y forma.

Oliva, a quien le achacan inexperiencia, pertenece al Frente Amplio (FA), una coalición que irrumpió como una izquierda renovada hace menos de una década, mientras que Orrego es una cara conocida de la vieja política, de la histórica Democracia Cristiana (DC).

CON UN OJO EN LA MONEDA

Con las presidenciales a la vuelta de la esquina (el 21 de noviembre), todos los expertos coinciden en que las regionales marcarán el pistoletazo de salida en la carrera hacia La Moneda y los territorios podrían convertirse en bastiones de los candidatos, especialmente Santiago.

Oliva inclinaría el eje de la oposición hacia la izquierda radical, pudiendo impulsar al precandidato del FA, Gabriel Boric, o al comunista Daniel Jadue -que lidera las encuestas-, mientras que Orrego podría mover a un aspirante moderado, según expertos.

LA SORPRESA INDEPENDIENTE

Contra todo pronostico, los independientes fueron los grandes ganadores de los megacomicios de mayo, en los que también se eligieron las autoridades municipales y constituyentes.

Muchos fueron los candidatos sin afiliación a partidos los que dieron la sorpresa en mayo, lo que demuestra el creciente rechazo a los partidos tradicionales. Un claro ejemplo fue Mundaca (activista a favor del derecho al agua) en Valparaíso, el epicentro de la sequía en Chile.

De los 26 candidatos que compiten en el balotaje regional, tres son independientes que se presentan por su lcuenta y seis están considerados como tales aunque concurren en las listas de partidos políticos.

HACIA LA DESCENTRALIZACIÓN

Chile era hasta ahora uno de los dos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), junto con Turquía, que no elegía a las autoridades intermedias, como sí hacen vecinos como Argentina o Perú.

Fue durante el segundo Gobierno de Michelle Bachelet (2014-2018) cuando el Parlamento aprobó una reforma que divide en dos a la figura de actual intendente y crea dos nuevas: gobernador regional electo y delegado presidencial, que seguirá siendo el representante del mandatario en el territorio.

Los nuevos gobernadores, que tomarán posesión el 14 de julio para un periodo de cuatro años, se convertirán en autoridades con alta visibilidad y, en muchos casos, en contrapoderes territoriales al centralizado Santiago, donde se concentra el poder público, pero también el empresarial.

FUNCIONES ACOTADAS

La crítica extendida es que los gobernadores regionales serán “niños con dientes de leche”, con pocas atribuciones y muy poco presupuesto.

Formular políticas de desarrollo de la región, representar judicial y extrajudicialmente al territorio, fiscalizar al sector público o promulgar el plan regional de ordenamiento territorial serán algunas de sus funciones, aunque el Congreso sigue tramitando proyectos de ley que deberían dilucidar varios puntos. El orden y la seguridad, sin embargo, dependerán de los delegados presidenciales.

¿BAJA PARTICIPACIÓN?

Desde que el voto empezó a ser voluntario en 2012, la abstención se ha vuelto endémica en Chile. Ninguna elección desde entonces ha superado el 50% del padrón, a excepción del plebiscito sobre una nueva Constitución del pasado octubre (51%).

Pese a que el balotaje regional se vive con gran expectación, se prevé que mueva a menos electores que en mayo, cuando participó un 43% del padrón.

La nueva cuarentena total que comenzará el sábado en toda la capital -decretada por la saturación hospitalaria a causa de la epidemia del coronavirus- amenaza con desalentar el voto, aunque la población puede salir a votar sin permisos especiales. Aún así, ya hay muchas voces que piden la vuelta al voto obligatorio.

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