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En un país tan imprevisible como , una de las pocas certezas que tienen los ciudadanos es que, al buscar un canal público de televisión, se encontrarán al chavismo. Puede ser un acto electoral completo, sus líderes denostando periodistas y opositores o a un presentador deshecho en elogios al Gobierno.

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Si en un día cualquiera es llamativo, en plena campaña electoral de unos comicios legislativos sin apenas competencia, la imagen salta de manera ostensible. Si el partido del Gobierno, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), presenta a sus candidatos durante tres horas, se transmite el acto completo, si el jefe de su campaña quiere aparecer, lo hace en la hora de máxima audiencia.

Tan llamativo ha sido que, incluso, el Consejo Nacional Electoral (CNE) ha levantado tímidamente la voz a través de su presidenta, Indira Alfonzo, una mujer vinculada al chavismo, sancionada por Canadá por su falta de imparcialidad en las elecciones de 2018 y elegida para su cargo por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y no por el Parlamento, de mayoría opositora, tal y como dicta la ley.

“Que se respeten las normativas, que tengamos la mayor participación en términos de equidad y de respeto al pluralismo y la diversidad (...) Todos los miembros de este CNE debemos expresar, no solo a los medios púbicos, sino también a los privados para, juntos, construir una política comunicacional que garantice la mayor participación”, dijo Alfonzo.

En esta ocasión, la reclamación iba dirigida la presidente Venezolana de Televisión (VTV), Freddy Ñañez, también ministro de Comunicaciones en sustitución de Jorge Rodríguez, quien dejó el cargo para postularse como candidato a las elecciones legislativas.

UNA VIEJA POLÍTICA

“Al inicio de esta era chavista, entre 1999 y 2005, el Gobierno de (Hugo) Chávez dijo que era necesario una hegemonía comunicacional y comenzaron a trabajar sobre eso”, explica a Efe la periodista y consultora en comunicación política Laura Castellanos, profesional del sector con una dilatada carrera en los medios.

Para conseguirlo, explica, ha recurrido a la legislación, como en el caso de la llamada Ley Resorte que, entre otras cosas, obliga a los canales a transmitir obligatoriamente los mensajes y alocuciones que el Gobierno considere necesarios, o a “la compra a través de testaferros de medios de comunicación, la censura y la autocensura”.

El resultado, en opinión de Castellanos, es que hoy en Venezuela, el chavismo “tiene la hegemonía operacional” y “un inmenso aparataje a través del poder judicial, del poder económico y del político” de los simpatizantes de la revolución bolivariana.

Sin embargo, la periodista ha advertido que estos medios se están convirtiendo “en cascarones vacíos, sin contenidos ni continente porque no tienen ningún tipo de estrategia creativa para enamorar a la gente”.

“Tenemos un cascarón que funciona muy bien donde te bombardean 24x24 con información del Gobierno pero que no está rindiendo resultados”, subraya.

DEVOCIÓN, DEVOCIÓN Y DEVOCIÓN

Desde luego, nadie aparece en las pantallas del sistema de medios públicos, cuya opinión no ya critique, sino que mínimamente ponga en entredicho a cualquier miembro o simpatizante del chavismo. Lo único que tiene espacio en las emisoras es el halago hacia el monocolor rojo del PSUV que todo lo impregna.

Tanta devoción ha convertido a los presentadores de los espacios que antes eran informativos en meras correas de transmisión de los mensajes chavistas, siempre previo elogio, critica a la oposición, a la que en ocasiones no dudan en denominar “apátridas”, e incluso a la labor de otros medios de comunicación nacionales e internacionales.

La oposición, con la excepción de una exigua minoría sin apenas enganche en la sociedad, no tiene un hueco a no ser que sea para la caricatura, figurada o literal.

Desde hace unos meses, incluso han proyectado, casi en bucle, unas dibujas caricaturescas de algunos líderes opositores acompañadas de una música tenebrosa, una estrategia que parece poco útil excepto para mantener fieles a los adeptos al chavismo.

Venezuela: Chavismo TV, una vieja política de hegemonía. (EFE).

UN MAZO CHAVISTA EN PRIME TIME

Los miércoles, quienes están interesados en conocer filias y fobias en el seno del chavismo deben conectar VTV y escuchar a Diosdado Cabello, el vicepresidente del PSUV, que tiene su programa, “Con el mazo dando”, en horario de máxima audiencia.

Desde ese estrado privilegiado reparte insultos, críticas y alguna amenaza a quien considera oportuno, sea rival político o medio que no considera fiel a su propia verdad, que convierte en absoluta, lo sea o no.

Sin derecho a réplica, sin posibilidad de defensa, la hegemonía chavista del insulto es total incluso en campaña.

Por eso Castellanos advierte que “si quieres aplicar la lógica y el deber ser, lo ortodoxo, y eres tan idealista que revisas las leyes venezolanas, no vas a entender lo que está sucediendo con el canal del Estado”.

“Pero si partimos del hecho de que vivimos en un estado de aberración (...) se están haciendo las cosas como no se deben hacer pero que ya son ley. Entonces ya ves cierta lógica de los abusos que estás viendo”, explica.

Solo dejando la lógica y la ley como balanza entre ciudadanos se puede explicar que, tal y como subraya la comunicadora, lo que se vive en Venezuela con el uso de los medios públicos “no tiene ningún tipo de parangón”.

“Es, simplemente, abuso de poderes, es la Ley de Jalisco, aquí manda el más fuerte y el más macho”, asevera.

Con elecciones o sin ellas, con leyes sobre medios convertidas en papel mojado, con un CNE levantando una voz tímida con una apariencia de compromiso, de las arcas del Estado venezolano sale el presupuesto para unos medios públicos que, lo único que garantizan, es que cuando los conectes puedas ganar una apuesta improbable a un vecino despistado.

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