"En la historia de la diplomacia, el Perú también ha estado al centro de esfuerzos multilaterales cruciales para el mundo". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"En la historia de la diplomacia, el Perú también ha estado al centro de esfuerzos multilaterales cruciales para el mundo". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Allan Wagner Tizón

Ministro de Relaciones Exteriores y embajador

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El próximo 3 de agosto, fecha de conmemoración del Bicentenario del , será un momento de balance histórico y de proyección para nuestra diplomacia.

En la historia republicana, con más luces que sombras, la ha sido un actor definitorio de nuestro territorio, nuestro Estado y nuestra nación. A lo largo de los siglos XIX y XX, la Cancillería contribuyó de modo determinante a proteger y asentar la soberanía del y de sus fronteras. Desde las gestiones para el reconocimiento internacional del país independiente; pasando por la negociación y fijación de las fronteras con Ecuador, Bolivia y Brasil; la defensa ante las intromisiones de las potencias decimonónicas; el retorno de Tacna al Perú; hasta, más tarde, la reivindicación de las 200 millas; el acuerdo de paz con Ecuador; la solución de los asuntos pendientes del Tratado de 1929; y la definición de los límites marítimos con el fallo de La Haya; entre otros capítulos que se deben citar.

En ese camino, la Cancillería ayudó a ubicar al Perú en el mundo como un país pacífico y cooperativo, sucesiva o simultáneamente americanista, latinoamericanista, andino, amazónico, solidario contra las intervenciones extrarregionales, y al centro de esfuerzos de cooperación, a través de los Congresos americanos del siglo XIX hasta los esquemas de integración del siglo XX, como la Comisión Permanente del Pacífico Sur, la Comunidad Andina, el Tratado de Cooperación Amazónica, la Comunidad Sudamericana de Naciones y la Alianza del Pacífico, así como de múltiples iniciativas regionales de concertación política, solución de crisis y defensa de la democracia. Con esa misma vocación, en las últimas décadas la Cancillería ha generado los gabinetes binacionales con los países vecinos y las alianzas estratégicas y mecanismos de diálogo con múltiples socios, expandiendo la presencia peruana en el Asia, África y Medio Oriente, en busca de nuevos mercados y acuerdos de libre comercio.

En la historia de la diplomacia, el Perú también ha estado al centro de esfuerzos multilaterales cruciales para el mundo. Hay que recordar aquí las influyentes delegaciones peruanas en la Sociedad de Naciones y en la creación de las Naciones Unidas; y, más tarde, en el Movimiento de Países No Alineados y el Grupo de los 77, la promoción del desarme y de la descolonización, la lucha contra el ‘apartheid’, la pacificación de Centroamérica, la tesis de las 200 millas y el nuevo derecho del mar. Luego, en décadas más recientes, hay que recordar el papel protagónico de los diplomáticos peruanos en la creación de la Corte Penal Internacional y del Consejo de Derechos Humanos de las NNUU, la aprobación de la Carta Democrática Interamericana, la evolución del combate multilateral contra las drogas, y, más recientemente, en la conclusión del Acuerdo climático de París y la formación del Grupo de Lima para atender la crisis venezolana.

Pero quiero enfatizar que, a lo largo de su historia, y en especial desde la segunda mitad del siglo XX, la Cancillería ha contribuido a forjar un sentido del Estado en el Perú. Sopesando sus aciertos e insuficiencias, estoy convencido de que la Cancillería ha sabido cultivar y preservar, hasta hoy, un acervo de valores cívicos y republicanos: la prevalencia de los intereses permanentes del Estado, la prioridad del servicio al ciudadano, la integridad funcional y personal, y el imperativo de una progresiva meritocracia. Este acervo es frágil y ha sido, y continúa siendo, vulnerable frente a las sucesivas crisis nacionales; así como, por supuesto, a los errores de conducta que pueden producirse dentro de la propia institución.

En este año de múltiples desafíos para el Perú – sanitario, económico, democrático – es más importante que nunca apelar a esos valores y renovarlos.

La complejidad del escenario internacional también reclama una Cancillería cada vez más competente y cuidadosa para entender la ubicación del Perú en el mundo, entre el Pacífico, los Andes y la Amazonía, y para poner en valor su estabilidad macroeconómica, su cultura ancestral y contemporánea y su gran biodiversidad. Sobre esa base, nuestro país seguirá insertándose en los nuevos alineamientos globales, las prioridades evolutivas de integración regional, las oportunidades de comercio e inversión y el potencial de las revoluciones tecnológicas en curso.

Sin duda, la sociedad peruana exige una Cancillería crecientemente inclusiva, atenta a la equidad de género, abierta a la diversidad cultural y lingüística, eficazmente al servicio de las comunidades de peruanos residentes en el extranjero, para que contribuya cada vez más a la formación de una nación próspera, justa, creativa y democrática.

A lo largo del año, la Cancillería proseguirá su programa de conmemoración, consistente en una decena de publicaciones, un repositorio audiovisual de la historia diplomática reciente y una exposición principal en el Centro Cultural Inca Garcilaso, entre otras actividades retrospectivas, pero también una serie de foros internos y públicos sobre el futuro de la diplomacia peruana, porque el año de su Bicentenario debe ser un momento de introspección y de preparación para atender mejor las necesidades de los peruanos y para seguir ayudando a forjar el Perú en el nuevo mundo que nos rodea.