Crisis existencial

Alejandra Cruz

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Colombia en el umbral de un incierto futuro

Carlos Novoa Shuña

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"Es probable que la democracia colombiana sobreviva a Petro o a Hernández, pero no por ello será poco doloroso”.


Final de infarto. Los colombianos elegiremos presidente entre dos opciones con talante antidemocrático y antisistema. Los comicios se han convertido rápidamente en una palpable amenaza a nuestra institucionalidad disfuncional, pero resiliente. La democracia en camina hacia una crisis existencial, independientemente de quién gane.

El discurso y las propuestas de no llegan a ser siquiera populistas. Son apenas demagogia, vulgaridades y soluciones simples a problemas complejos. Constantemente, deja ver rasgos que lo acercan a líderes que, con apoyo popular, han llevado a países de Europa y Latinoamérica hacia sendas de autoritarismo: si gana, declarará estado de conmoción interior para legislar sin requerir del Congreso, quiere despolitizar la justicia mediante una reforma constitucional y dice que, si es necesario, se “tumbará” a la Corte Constitucional. Propuestas que hacen eco de las de Hugo Chávez y Rafael Correa; pero esto no parece preocupar a la estirpe conservadora colombiana, liderada por el expresidente Álvaro Uribe, que lo apoya.

El discurso de Gustavo Petro no está libre de riesgos que van mucho más allá de su agenda de “izquierda”. En el pasado, ha dicho que en Colombia no existe democracia y ataca a la Constitución del 91. Ahora se ha moderado: jura que no convocará una asamblea nacional constituyente y que respetará la independencia entre las ramas del Estado. Pero también ha anunciado que declararía un estado de conmoción para legislar sin pasar por el Congreso y promete reformas profundas en varios frentes a pesar de que su historial en cargos públicos está lleno de problemas de ineptitud gerencial.

¿A qué le temen muchos con Petro? A que, con el transcurso de los meses, los moderados abandonen su proyecto y se quede solo con la línea radical. Un miedo basado en que es la primera vez que la izquierda tiene tantos votos, aunque no llega a ser mayoría en el Congreso.

¿Cuál es el gran problema con Rodolfo? Es un candidato sin parlamentarios y con desdén por las instituciones que está acusado penalmente por corrupción y su futuro judicial estaría en manos de la misma clase política que promete acabar. No se requiere de una bola de cristal para ver en nuestro futuro un enfrentamiento abierto entre presidente y Congreso, y la posibilidad de que sea sacado del cargo antes de que termine su mandato.

Con Petro hay un último riesgo: la profunda transformación que ha anunciado el candidato para la Fuerza Pública. Las declaraciones del general Eduardo Zapateiro en su contra son beligerancia política militar sin precedentes y son la punta de lanza de una desconfianza profunda que le tienen los militares.

Cómo sopesemos los indecisos estos riesgos será lo que al final defina la decisión del domingo. Es muy probable que la democracia colombiana sobreviva a Petro o a Hernández, pero no por ello será poco doloroso o peligroso. En especial, pues donde se encuentran ambos candidatos es en un discurso de crítica que convierte en enemigo del pueblo a cualquier institución legal y democrática que no hace lo que ellos quieren.


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