(Ilustración: Giovanni Tazza)
(Ilustración: Giovanni Tazza)
Óscar Vidarte A.

Internacionalista y profesor de la PUCP

La VIII Cumbre de las Américas que se realizará en nuestro país tiene como temas de debate la gobernabilidad democrática y la lucha contra la corrupción. En otras palabras, esta reunión se presenta como un escenario propicio para que los líderes de los países del continente puedan discutir sobre los principales problemas que hoy aquejan a la región. Y, aunque llegar a una declaración final será muy difícil (en Colombia 2012 y Panamá 2015 no se logró el consenso necesario), el espacio es propicio para cuestionar a aquellos estados que están afectando la estabilidad del vecindario, para afianzar las alianzas existentes e incluso para lograr acercamientos inesperados (cómo olvidar la reunión entre Barack Obama y Raúl Castro en la Cumbre de Panamá). El Perú, como país anfitrión, puede tener un papel muy importante en la dirección y los resultados del debate.

No obstante, este evento internacional puede verse afectado por los cambios políticos que se han dado en nuestro país en los últimos días. En primer lugar, cabe señalar la posible ausencia de una serie de mandatarios que ya habían manifestado su intención de no acudir a la cita en caso Kuczynski fuese destituido.

Si bien finalmente el entonces presidente no fue vacado, la impresión que queda es lo poco democrático que fue todo el proceso. Luego de lo sucedido hace unos años en Honduras (Zelaya), Paraguay (Lugo) y recientemente en Brasil (Rousseff), nuevamente surgió una posible destitución de un presidente por parte de su Congreso, utilizando causales tan abstractas como “permanente incapacidad moral”. Aunque Macri ya confirmó su asistencia, todavía se espera la confirmación de Santos, Temer y Piñera.

Además, considerando que el contexto político peruano debería seguir algo agitado, a la expectativa de un nuevo Gabinete, al acecho de procesos judiciales contra gran parte del ‘establishment’ político y a la espera de las nuevas alianzas de poder que construya el presidente Vizcarra que permitan la tan ansiada gobernabilidad del país, parece difícil que el presidente de Estados Unidos venga a un Perú en estas circunstancias.

Por ello, es muy importante que el embajador del Perú en EE.UU. haya reconfirmado la presencia de Trump, en la que sería su primera visita oficial a América Latina. Luego de más de un año de mandato y tras una serie de problemas que han surgido en su relación con países como México y Cuba, esta visita resulta fundamental para nuestros intereses. Muchos países de la región ven en la presencia del presidente de EE.UU. y la agenda común a trabajar como el gran incentivo para asistir a la cumbre. Aunque el poco interés que Trump ha mostrado por esta parte del mundo y su accionar impulsivo bien pueden generar una cancelación de último momento.

Finalmente, la segura ausencia de Maduro puede provocar la inasistencia de algunos presidentes amigos del régimen venezolano, lo que puede afectar los objetivos de la Cumbre de las Américas. El retiro de la invitación al Gobierno de Venezuela para participar no solamente no tuvo sustento legal, sino que ha sido políticamente contraproducente. Los cuestionamientos de países de la región no necesariamente aliados del chavismo y el poco apoyo recibido de los mismos integrantes del Grupo de Lima, han debilitado el liderazgo del Perú. La cumbre es el espacio para recuperar ese liderazgo, pero sin la presencia de esa “otra parte de la región” esta puede terminar pareciendo más la reunión de un grupo de amigos de EE.UU.

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