Después de la derrota, por Mauricio Zavaleta
Después de la derrota, por Mauricio Zavaleta
Mauricio Zavaleta

Politólogo

Según el politólogo Adam Przeworski, la democracia puede ser entendida como “el sistema en el cual los partidos pierden elecciones”. Los políticos aceptan la derrota en las urnas porque confían en que las instituciones democráticas les garantizarán nuevas oportunidades para alcanzar el poder en el futuro. La premisa es sencilla: los derrotados de hoy pueden ser los triunfadores de mañana. 

En el Perú, las reglas electorales brindan un espacio intermedio –la segunda vuelta electoral– donde aquellos partidos que no alcanzaron llegar a la etapa definitoria pueden establecer su postura y tejer los primeros retazos de una alianza de gobierno. Terreno peligroso, pues las fotografías entre abrazos de la elección anterior pueden regresar como fantasmas en la siguiente. El apoyo entusiasta de Pedro Pablo Kuczynski a Keiko Fujimori en la segunda ronda del 2011, por ejemplo, es uno de los factores que hace menos verosímil su antifujimorismo ahora que le es esencial para poder vencer a la candidata de Fuerza Popular. 

Influenciados por lo inmediato, durante esta etapa, los políticos también corren el riesgo de asumir posturas incoherentes a los ojos de los electores. Parte constitutiva de la mayoría de organizaciones políticas es lo que el politólogo Noam Lupu llama “marcas partidarias”. A través de ellas, los ciudadanos pueden identificar las políticas que auspicia un partido en particular y las posturas que defiende en la arena pública. Como en el mercado de bienes, las marcas permiten distinguir alternativas dentro de la oferta (política) y optar por aquellas que se ajusten a nuestras propias preferencias como ciudadanos. 

Aunque con importantes divergencias, los dos partidos que obtuvieron el tercer y cuarto lugar en la primera vuelta se encuentran a la izquierda de aquellos dos que hoy disputan la segunda. Acaso conscientes de que su mayor fortaleza se encuentra en su postura dentro del espectro político, tanto el Frente Amplio como Acción Popular han optado por la coherencia programática y por descartar cualquier tipo de apoyo que pueda afectar la formación de sus marcas partidarias. Luego de centrar parte de su campaña en la necesidad de renegociar los contratos del gas de Camisea, una visita a la casa de PPK sería devastadora para Alfredo Barnechea. Por ello el ex candidato presidencial ha sido tajante en afirmar que no encuentra diferencias sustanciales entre Fuerza Popular y lo que ha llamado “una suerte de fujimorismo económico” en alusión a Peruanos por el Kambio. 

El Frente Amplio de Verónika Mendoza ha optado por el mismo camino. Si bien la ex candidata ha hecho un guiño a quien consideran el mal menor, al afirmar que lo peor que le puede pasar al país es el retorno del fujimorismo, la apuesta del nuevo frente de izquierda es consolidar una marca sólida que le permita expandir su votación, principalmente en el sur del país, donde tuvo su mejor desempeño pero sin igualar las votaciones del Partido Nacionalista en el 2011. Contar con una bancada de mayor volumen que la de Acción Popular le brinda una mejor oportunidad al Frente Amplio para diferenciarse dentro de un Congreso controlado por el fujimorismo y un Ejecutivo que mantendrá el modelo económico que busca cambiar. 

En contraste con estas posturas, Alianza para el Progreso (APP) ha dado un paso adelante y ha expresado su respaldo a Kuczynski. Acaso calculando que un triunfo de PPK le brindaría una mayor influencia debido a que necesitará de alianzas en el Parlamento para gobernar, César Acuña expresó su postura la semana pasada. A diferencia de Acción Popular y el Frente Amplio, APP no tiene una marca que proteger. Es, ante todo, una maquinaria que congrega electores por su capacidad para realizar campaña, gracias a los recursos derivados de la UCV (como ha demostrado el politólogo Rodrigo Barrenechea) pero que no se distingue por defender una idea en particular. 

Paradójicamente, APP, y no los partidos que basaron sus candidaturas en el aspecto programático, es el único capaz de endosar votos, aunque la palabra no sea exacta. Más que un endose, lo que APP puede proveer a PPK es algo de lo cual carece y no puede construir en este momento: organización. El aparato de APP –operadores, logística y programas de asistencia– está distribuido ahí donde el voto le ha sido esquivo a Kuczynski: el norte del país. Sin embargo, no está claro si parte del acuerdo entre ambos candidatos significa poner la maquinaria de los Acuña a trabajar.