"La única manera de desestabilizar los mecanismos que reproducen desigualdades en el país es visibilizando las condiciones que les permiten operar". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"La única manera de desestabilizar los mecanismos que reproducen desigualdades en el país es visibilizando las condiciones que les permiten operar". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Alvaro GromponeMauricio RenteríaLuciana Reátegui

¿De qué eres? Esta pregunta, aparentemente trivial, abre una serie de interrogantes sobre las formas en que las desigualdades sociales operan en los sectores más privilegiados del Perú. Como mostramos en el libro recientemente publicado por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el colegio para estos sectores es mucho más que un entorno de formación académica o una etapa más dentro de su trayectoria educativa.

Se trata, más bien, de un elemento central en la reproducción de los privilegios de un sector muy reducido de la población. La investigación plantea que este y otros marcadores sociales, asociados a la pertenencia a un espacio altamente exclusivo y excluyente, sería crucial para que individuos que nacieron en los hogares con mayores ventajas económicas, culturales y sociales aseguren su futuro lugar en las posiciones más destacadas de la sociedad.

Estos colegios ciertamente poseen una serie de características que les permiten posicionarse entre las instituciones educativas más destacadas del país: el nivel de la enseñanza de idioma extranjero, la incorporación del bachillerato internacional, una infraestructura adecuada, entre otros. No obstante, nuestra investigación plantea que el enorme capital simbólico que otorgan a sus egresados difícilmente puede reducirse a estos factores. Más bien, los colegios de élite en nuestro país se diferencian del resto por cuestiones extraacadémicas. Es durante esta etapa cuando los miembros de la alta forman y consolidan un núcleo social homogéneo entre sí y cerrado frente al resto de sectores de la sociedad peruana. Es en sus aulas, sumado a otros espacios y contactos ligados a la vida familiar –clubes, casas de playa o reuniones de familia extendida– donde se va gestando un sentido de pertenencia, un “nosotros”, que vincula solo a unos pocos y consolida un círculo social que acompañará a los miembros de la clase alta por gran parte de sus vidas. Lejos de resultar anecdótico, el libro plantea que el mundo social de clase alta, que se cimenta en las primeras etapas de la vida, ejercerá una notable influencia en su posterior trayectoria profesional y el camino hacia las posiciones más encumbradas en sus respectivos rubros.

Es a través del colegio como la clase se oculta bajo diferentes disfraces, a veces como afinidad personal, otras como talento, e incluso como suerte. Pensemos en las entrevistas de trabajo. Como mostramos en el libro, el acceso a muchas de las posiciones laborales más destacadas en la sociedad suele estar resguardado por personas provenientes de estos colegios, quienes suelen reconocer esta marca como una garantía de profesionalismo e incluso entereza moral de los postulantes. El mutuo reconocimiento de egresados de estos colegios tiene el potencial de convertir una entrevista de trabajo en una puesta al día de las últimas anécdotas de este círculo reducido de personas. Pero la clase también se manifiesta como fortuna cuando la red de contactos acumulados durante una trayectoria privilegiada sirven para encontrar atajos en la selección de puestos de trabajo. Es cierto que la movilización de contactos para acceder a oportunidades laborales no es un fenómeno extraño en el país y ya el antropólogo César Nureña ha mostrado que la “argolla peruana” es un componente que atraviesa a distintos sectores sociales. No obstante, en el caso de individuos de clase alta, los “contactos” o la “vara” se refiere a los espacios más legitimados y encumbrados del mundo profesional –ya sea estudios de abogados, empresas o sector público–, espacios cerrados e, incluso, desconocidos o considerados muy lejanos para la mayoría de la población.

Este libro está lejos de plantear que quienes provienen de la clase alta no deben demostrar méritos para transitar con éxito las diferentes fases de su desarrollo profesional. Varias de las entrevistas evidencian una trayectoria educativa y laboral destacada. Sin embargo, estas trayectorias también están marcadas por privilegios que suelen subestimarse en narrativas que no reconocen más que el peso del esfuerzo y aptitudes personales para justificar el lugar que ocupan en la sociedad. En ese sentido, la narrativa del mérito oscurece los soportes y habilitadores que emergen en momentos críticos de sus trayectorias. Estos soportes no son solo muy difíciles de encontrar en personas de otros sectores sociales, sino que también ayudarían a explicar la permanencia, reproducción y circularidad de privilegios a través de generaciones.

Si alguna ambición tiene este estudio es incentivar la reflexión y el cuestionamiento de aquellos factores que, de modo sutil, funcionan como garantías de la concentración del poder en un grupo reducido de familias. En medio de una discusión pública dominada por discursos donde el mérito aparece como la única variable para alcanzar el éxito, este libro muestra que uno de los principales predictores del éxito en las posiciones más prestigiosas en el país es la cuna. Las etapas de la trayectoria educativa deben ciertamente cumplirse adecuadamente, pero existen individuos para quienes el camino hacia el éxito no es sorpresivo, sino esperable. Planteamos, entonces, que para algunos grupos la cancha está inclinada a su favor y que la única manera de desestabilizar los mecanismos que reproducen desigualdades en el país es visibilizando las condiciones que les permiten operar.


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