“Leistenschneider, tan silenciosamente como trabajó y reunió para la posteridad una singular colección de bienes culturales [...], se ha marchado dejándonos un maravilloso legado”. (ilustración: Raúl Rodríguez)
“Leistenschneider, tan silenciosamente como trabajó y reunió para la posteridad una singular colección de bienes culturales [...], se ha marchado dejándonos un maravilloso legado”. (ilustración: Raúl Rodríguez)
Walter Alva

Ernesto Leistenscheneider (1925-2019) fue un ciudadano alemán que llegó al Perú después de la guerra. En su juventud había estudiado Medicina y luego en la conocida agencia Universum Film-AG (UFA), para la cual trabajó como corresponsal en Brasil y Argentina.

Por los años 50, conoció el Perú y su fascinante diversidad geográfica, y decidió quedarse para trabajar en la producción cinematográfica. En el distrito de Barranco fundó una pequeña productora llamada National Films (luego Lima Films), que se convirtió en una importante empresa cinematográfica y de televisión. Entre 1945 y 1992, realizó noticieros y documentales que le permitieron viajar por todo el país para grabar costumbres, paisajes y monumentos arqueológicos. Se desempeñó también como director ejecutivo de películas. “Túpac Amaru” (la más conocida) tuvo una amplia repercusión y varios premios internacionales.

Por los años 60, en una época de intensa y libre actividad de anticuarios y coleccionistas, comenzó a tomar contacto con la fascinante herencia de nuestras antiguas culturas. Su interés fue más allá de las expresiones puramente artísticas, para indagar sobre los aspectos tecnológicos que marcan el desarrollo de todos los pueblos; herramientas, artefactos, recursos y representación vinculados a la transformación de la materia fueron su preocupación. Con verdadera pasión comenzó a coleccionar materiales , que le permitieran explicar los niveles avanzados de la ciencia y tecnología.

Don Ernesto, a lo largo de sus años en nuestro país, logró reunir un conjunto de más de once mil especies, entre armas, herramientas, materia prima transformada, artefactos, atuendos, ornamentos y vasijas, que constituyen un maravilloso testimonio cultural de la ciencia en el antiguo Perú. Estos bienes culturales sirvieron para presentar la singular exposición “Tecnología comparada: dos mil años transformando el mundo”, una muestra que sorprendió al gran público europeo en Madrid, Barcelona y Suecia.

El arduo trabajo de mantenimiento, registro, catalogación y conservación de esta colección, producto de su pasión, fue secundado admirablemente por Betty Cajincho, su infatigable colaboradora que lo apoyó en estas actividades y asumió con verdadera unción el cuidado de su difícil y solitaria ancianidad hasta su reciente fallecimiento.

Paralelamente a su entusiasmo de coleccionista y en el marco de su profesión, don Ernesto consiguió reunir uno de los más importantes archivos fílmicos del Perú, constituido por materiales peruanos producidos entre los años 1940 y 1980. Mil novecientas películas informativas y publicitarias, 120 documentales, 350 noticieros y varios largometrajes. Como producto de esta actividad, deja también una colección de cámaras de filmación y televisión, que podría servir para una fascinante exposición temática sobre la historia del cine y la televisión en el Perú. Cabe recordar que don Ernesto ha tenido un rol importante en el Instituto de Cultura Peruana y el Comité de Cinematografía de la Sociedad Nacional de Industrias.

En los últimos años, retirado de la actividad profesional e institucional, fundó el acervo que lleva su nombre a través del cual proyectó las exposiciones sobre artes y técnicas de las antiguas culturas peruanas. Tuve la suerte de conocerlo y escuchar sus interesantes observaciones e interpretaciones sobre los materiales culturales que con tanto esmero había logrado reunir, clasificar y estudiar. Cada testimonio fue parte de su vida tan íntima como la familia que no tuvo. En los últimos años de su venerable ancianidad, se preocupaba por el destino de su colección, que finalmente se mantendrá como un conjunto unitario, bajo la responsabilidad de una fundación que velará por su integridad y difusión.

Ernesto Leistenschneider, tan silenciosamente como trabajó y reunió para la posteridad una singular colección de bienes culturales que servirán como fuente de conocimiento e investigación para las generaciones futuras, se ha marchado dejándonos un maravilloso legado.