"Estos obstáculos generan un cerco muy elevado que solo pueden superar un número limitado de empresas grandes". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Estos obstáculos generan un cerco muy elevado que solo pueden superar un número limitado de empresas grandes". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Marianne Fay

Directora del Banco Mundial para Bolivia, Chile, Ecuador y el Perú

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La es la expresión más visible de las grandes limitantes al desarrollo en el país. La evidencia internacional es convincente; la informalidad y el bajo desarrollo son dos caras de la misma moneda. En el Perú, la cara informal muestra a millones de empresas pequeñas, la mayoría unipersonales o familiares, enfocadas en la subsistencia y con escaso acceso al financiamiento y a la tecnología y, por ende, mínimamente productivas. La cara del bajo desarrollo revela una economía con un crecimiento limitado, que solo se acelera temporalmente si los vientos externos son favorables, pero que no encuentra el impulso sostenido que solo pueden ofrecer las fortalezas internas.

La informalidad y el crecimiento limitado se originan en una serie de obstáculos que enfrentan las empresas peruanas y que tienen como común denominador la baja eficiencia estatal. Entre estos se hallan, por ejemplo, las barreras burocráticas para abrir y cerrar empresas, y para obtener licencias. Entre el 2017 y el 2018, consiguió que se eliminen cerca de nueve mil de estas barreras, pero no tiene el poder para impedir que se adopten las normas que las generan. Otro obstáculo son los altos costos de los servicios notariales y registrales que necesitan las empresas para celebrar contratos formales. La regulación vigente establece que los notarios regulen su número, lo que reduce su oferta y encarece sus servicios. Además, de suscitarse algún incumplimiento en estos contratos, las disputas en el sistema judicial sufren múltiples demoras y se percibe arbitrariedad en las decisiones. Asimismo, la contratación de trabajadores se ve desalentada por las distorsiones del mercado laboral, entre las que sobresale la imposibilidad de desvincular a los empleados y los elevados aportes no salariales, como los de Essalud. En este aspecto, la intransigencia en nombre de la falsa dicotomía empresa-trabajador solo termina perjudicando a estos últimos. Por último, el elevado salto en tasas y exigencias contables que implica pasar de los regímenes simplificados al régimen general hace que las empresas difícilmente quieran crecer.

Estos obstáculos generan un cerco muy elevado que solo pueden superar un número limitado de empresas grandes; mientras que, para las tres cuartas partes de la fuerza laboral, la informalidad termina siendo la opción más viable frente a la disfuncionalidad estatal. Como resultado, tenemos un segmento formal productivo, pero pequeño, y un segmento informal amplio y con mucha competencia, pero sin los incentivos para asociarse, innovar y crecer. Dicha segmentación agudiza la desigualdad, pues también previene la movilidad social. Además, la informalidad genera otros efectos indeseados, como no tener un registro adecuado de las empresas y sus trabajadores, limitar la protección de estos últimos y alentar la cultura de evasión e ilegalidad.

Próximamente, el publicará la serie de notas de política “Repensar el Futuro del Perú” que detalla recomendaciones para solucionar retos fundamentales para el desarrollo del país. En el caso de la formalización, se plantea la necesidad de una estrategia integral para alentar el crecimiento de las empresas y, con ello, la innovación y productividad. Adelantamos algunas de las medidas consideradas. Primero, establecer un organismo autónomo supervisor de la política regulatoria. Segundo, promover la ampliación de la oferta de servicios notariales, sustituyendo los concursos por requisitos explícitos para acceder a la función. Tercero, remover los obstáculos para contratar formalmente, otorgando mayor flexibilidad en los contratos a tiempo indefinido. Cuarto, financiar los servicios de salud provistos a los ciudadanos a través de los ingresos generales del Gobierno. Quinto, compatibilizar el régimen general con un régimen tributario unificado para la pequeña empresa. Sexto, introducir mejoras en el sistema de justicia utilizando sistemas digitales y reduciendo la carga procesal originada por el Estado. El aumento de la formalidad laboral del 25% al 45% en 10 años podría llevar la tasa de crecimiento a casi el 5% en los años pospandemia, lo que aumentaría el PBI per cápita en 40%. Formalizar para crecer es la oportunidad que tiene el Perú para alcanzar una mayor productividad que conlleve un desarrollo inclusivo.