"El retorno no es volver a las aulas para hacer más de lo mismo, sino para construir un país con futuro, con aspiraciones y competitivo" (Foto: Andina).
"El retorno no es volver a las aulas para hacer más de lo mismo, sino para construir un país con futuro, con aspiraciones y competitivo" (Foto: Andina).
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Juan  Cadillo

En la de nuestro país, habrá un antes y un después de marzo del 2020; los indicadores de aprendizaje han descendido y afectado a la mayoría de estudiantes en todos los niveles educativos, y sus efectos se verán reflejados en el mediano plazo en la competitividad de nuestro país, por lo que nuestras metas de trabajo no deben quedar en el 2022, sino articularse bajo una visión de mejora cualitativa que nos coloque en un plano superlativo en el mundo en los próximos años.

El 2022, sin duda, será complicado para las escuelas, ya que se ha perdido la oportunidad de pilotar experiencias sólidas de retorno, privándonos de un sistema que pueda lidiar con problemas y necesidades administrativas y pedagógicas generadas por la pandemia.

Somos un país al que le cuesta formular un marco flexible que impulse un retorno inteligente y aspiracional. Pasamos de postular un retorno seguro, flexible, gradual y voluntario a uno masivo y obligatorio, con topes horarios, sin priorizaciones curriculares y con indefiniciones sobre el futuro laboral de muchos maestros contratados en razón del concurso fallido de nombramiento del 2021.

Nuestro sistema debe utilizar la información y el conocimiento para innovar. Debemos superar el temor de fallar o tenerlo todo controlado para recién actuar. Pasar de un sistema paquidérmico a uno ágil es una tarea que implica el uso de las tecnologías, pero principalmente un cambio de actitud que responda a preguntas como: ¿para qué deseamos regresar a las clases presenciales? ¿Cómo hacemos para recuperar y consolidar aprendizajes en los estudiantes? ¿Cómo obtenemos una escuela que atienda las necesidades y retos del siglo XXI?

Para asegurar un retorno seguro como primera meta necesitamos planes articulados y financiados que trabajen sobre condiciones de bioseguridad, infraestructura, equipamiento, salud emocional y brechas de aprendizaje. La articulación es clave. El Ministerio de Educación tiene que trabajar en un primer momento con la Comisión Interministerial de Asuntos Sociales (CIAS), bajo la batuta del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social, y en torno de la emergencia educativa formar una comisión interministerial que lidere e incluya además a los ministerios de Vivienda –para ver el saneamiento–, Defensa –para el apoyo en la limpieza–, Cultura –para apalancar los temas de interculturalidad– y Relaciones Exteriores –para aprovechar experiencias educativas mundiales con ciencia y tecnología–.

Asegurar el retorno implica priorizar competencias del currículum y apostar por una educación híbrida, usando lo aprendido en las estrategias de “Aprendo en Casa” y “Aprendo en Comunidad”, mejorando la promoción guiada, buscando alternativas para mejorar la estrategia de reinserción y continuidad educativa a través de formación y capacitación a distancia para el trabajo orientado a adolescentes y jóvenes cuyo regreso al sistema educativo es difícil por la situación económica. Para ello, es necesario implementar un Instituto de Educación Híbrida que use la cooperación educativa nacional e internacional para formar y certificar competencias en diversas materias, especialmente en lo digital.

El soporte emocional a estudiantes y familias tiene que ser garantizado y trabajar con psicólogos que atiendan descentralizadamente y se apoyen en la inteligencia artificial para atender las 24 horas.

La innovación y el uso de la tecnología son temas pendientes. Adquirimos un gran número de tabletas para desarrollar la educación a distancia bajo un modelo de consumo. Nunca se planteó el uso productivo de los dispositivos, por lo que necesitamos para marzo del 2022 un marco que aliente a los profesores a proponer prácticas e innovaciones para sacar provecho a lo invertido. En mi gestión, propusimos trabajar el tema de STEAM (ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemática) y alentar el financiamiento de la innovación pedagógica desde el saque, además de impulsar los Centros Comunitarios Digitales como mecanismo para avanzar en el dominio del tema digital en toda la población.

El retorno no es volver a las aulas para hacer más de lo mismo, sino para construir un país con futuro, con aspiraciones y competitivo.

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