(Foto: José Caja / GEC)
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Angus Laurie

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Parte de nuestra metodología como urbanistas involucra un análisis del uso del espacio público y calles de las ciudades. En los barrios periféricos, casi siempre identificamos que existen más perros en las calles y parques que seres humanos. Esto aplica a todas las ciudades en las que he trabajado en el Perú.

Es por la presencia de que ser urbanista en el Perú acarrea ciertos riesgos laborales. En múltiples ocasiones, mis colegas y yo hemos sido atacados por perros callejeros en el proceso de recolectar data. En un caso particular, una colega tuvo que recibir un tratamiento contra la rabia después de ser atacada por un can en Ate.

Los perros no solamente atacan a los urbanistas. He sido testigo del ataque de un perro a un niño que estaba jugando con sus amigos en una calle de Lima. Junto con otro adulto, ahuyentamos al animal, pero el niño quedó lesionado.

Según la Organización Mundial de la Salud, 59.000 personas mueren cada año en el mundo por la rabia. De estos casos, el 99% fue provocada por perros. Donde hay canes, también hay heces. Las heces implican muchos riesgos para la salud humana, como parásitos y bacterias. Algunos de estos parásitos pueden ser trasladados directamente a través del contacto con la piel.

Los perros callejeros no son un problema único en las ciudades del Perú, sino en muchas otras urbes de América Latina. Lo que es diferente es la escala del problema en Lima.

En Bogotá, hay 115.000 perros callejeros, un ratio de un perro abandonado y por cada 70 residentes, según datos de “El Espectador”. “El Financiero” estima que hay 1’200.000 perros callejeros en la Ciudad de México, un ratio de un perro por cada 18 habitantes. En Santiago de Chile, la cifra es de 215.000 canes, según “La Tercera”, que significa un ratio de uno por cada 30 personas. En Buenos Aires, existen 100.000 animales abandonados, entre perros y gatos, según “El Clarín”; es decir, un ratio de un animal por cada 29 humanos. En Lima, existen más de cuatro millones de perros callejeros, según la asociación Voz Animal, lo que resulta en un ratio de un perro por cada 2,5 residentes. En otras palabras, tenemos muchos más perros callejeros por habitante que otras capitales de la región. Para que las calles se queden sin perros, cada casa limeña tendría que adoptar uno.

Por otro lado, la presencia de los perros en las calles representa una barrera importante para la movilidad sostenible. Simplemente, hay calles en las que uno no quiere caminar o montar bicicleta porque allí habitan perros agresivos. De esta forma, los animales incentivan el uso de mototaxis y combis, incluso para viajes de cortas distancias.

En Lima, hay muchos problemas urgentes, y el número de perros callejeros debe ser considerado uno de ellos.

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