(Foto: El Comercio)
(Foto: El Comercio)
Angus Laurie

author

Los lineamientos sobre cómo planificar las ciudades a escala nacional e internacional comparten casi universalmente el concepto de permitir una mezcla de usos en las ciudades. En vez de segregarlos, como en la década del 60, el urbanismo contemporáneo busca una flexibilidad de los usos de suelo para que el mercado decida dónde debe ir cada uno de estos.

Al contrario de los cuadros de compatibilidad de usos que tienen los distritos limeños, con la excepción de aeropuertos, industrias pesadas o bares, casi todas las actividades son compatibles en un área residencial. El beneficio de permitir una mezcla de usos en una ciudad es que se incrementa la posibilidad de que las personas puedan caminar una distancia corta para satisfacer una variedad de necesidades. De esta forma, se reducen el tiempo promedio de viaje, la necesidad de viajar en transporte motorizado, los niveles de contaminación y las emisiones de gases del efecto invernadero.

En Lima, no dudo que los alcaldes y técnicos ya sepan todo esto. Más bien, es una cultura Nimby (no en mi barrio, por su traducción del inglés) que previene que una mezcla de usos sea posible. Por ejemplo, un alcalde que dice que va a permitir una combinación en las calles residenciales de Surco o Jesús María puede terminar revocado.

En este contexto, me sorprende que, en los distritos que actualmente segregan usos de suelo, se consideren las playas de estacionamiento en la superficie como compatibles con las viviendas. El ejemplo más extremo es el barrio alrededor de la clínica Anglo Americana (San Isidro). A pesar de tener una zonificación residencial, las playas de estacionamiento están consideradas de uso compatible. Como resultado, en los últimos 10 años, uno puede ver cómo, poco a poco, los edificios antiguos han sido reemplazados por estacionamientos; y los jardines, por asfalto.

Entre la clínica y los otros negocios en la avenida Cavenecia, hay mucha demanda por parquear, y el desarrollo de las playas de estacionamiento es el resultado de esto. Por otro lado, cada vez que un edificio se derrumba para generar una de estas playas, el barrio se vuelve menos atractivo. Los edificios tienen un rol importante para generar actividad en las calles. Sus ocupantes, a través de las ventanas, dan una vigilancia pasiva del espacio público, generando un entorno urbano más seguro.

Los estacionamientos, en cambio, representan un vacío, sin capacidad de activar y asegurar la calle. Debido a que atraen más carros, los estacionamientos han convertido las calles Alfredo Salazar y Lord Cochrane en vías arteriales. Más que tiendas, cafés u oficinas, las playas de estacionamiento deben ser de uso no compatible en una zona residencial, o, en su defecto, tener la obligación de proponer un uso alternativo en la fachada que da a la calle.