(Foto: Rolly Reyna)
(Foto: Rolly Reyna)
Angus Laurie

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En el día a día, parece que las municipalidades se enfocan mucho en grandes proyectos y en el planeamiento urbano. Las entidades públicas se centran en el trabajo de producir ordenanzas o en generar estudios y planes, pero, a veces, se olvidan de los detalles.

Un caso concreto son los mal ubicados, donde el paso de cebra para los está instalado a una larga distancia de la ruta que siguen las personas que avanzan por la vereda. En estos casos, la municipalidad ha asumido que las personas estarán dispuestas a caminar decenas de metros fuera de su línea de deseo para cruzar una avenida. En la realidad, muchos terminan cruzando informalmente por la esquina.

Un ejemplo claro de esto es el cruce de Camino Real con calle Bustamante y Ballivián, en San Isidro. El cruce para los peatones está ubicado a más de 20 metros de distancia de la calle. Muchas personas simplemente ignoran el cruce formal y prefieren ir por la ruta directa, en donde está el semáforo vehicular. Debido a que tantas personas caminan por esa zona, se ha generado un área muerta de césped en la esquina. En vez de trasladar el cruce formal hacia donde las personas quieren pasar, diferentes gestiones municipales en los últimos diez años han plantado arbustos, flores u otras barreras para que las personas no caminen por este punto. Sin embargo, las personas siguen cruzando por ahí.

Otro caso son las intersecciones de Javier Prado, alrededor del centro financiero de San Isidro, donde hay una berma central con una reja que divide el tráfico vehicular. Esta zona fue diseñada pensando en el enorme flujo de autos que se trasladan por la avenida, pero no se tomó en cuenta la centralidad de la zona financiera y la gran cantidad de peatones que atrae. Muchos de ellos cruzan hasta la berma central y caminan a lo largo de una pequeña tripa de concreto para llegar hasta el punto en el que pueden cruzar la avenida, justamente donde termina la reja a la altura del hotel Westin. Es en este sector donde uno puede observar una gran área de jardín dañada: ahí el césped ha sido pisado tantas veces por los peatones que se ha muerto.

A lo largo de la Av. Brasil pasa lo mismo: en algunos puntos, los vecinos han quitado partes de la reja que divide la avenida para poder cruzar de un lado a otro. En estas zonas, también se puede observar que el césped no crece por la gran cantidad de personas que cruza por ahí.

Todas las áreas muertas de césped que han dejado los peatones se pueden entender como trazos dibujados sobre la ciudad, que muestran los puntos de conexión que el diseño de una vía o un parque no ha tomado en consideración para las personas.

En vez de generar más barreras para que los peatones no crucen por donde quieren, las municipalidades deberían generar cruces formales y seguros en estos puntos.