(Foto: Archivo El Comercio)
(Foto: Archivo El Comercio)
Pedro Tenorio

Analista político

Si cree que basta esperar a que el Ejecutivo colapse para llegar a Palacio de Gobierno, se equivoca. Si piensa que la dureza con que su bancada trata a y sus ministros alientan su subida en las encuestas (de 38% a 42%, según GFK) y que eso garantiza su triunfo electoral en el 2021 (o antes), también se equivoca. Y la razón es simple: ella ya fue cabeza de oposición por cinco años –con Ollanta Humala en el poder– y no ganó la elección siguiente. Por tanto, quienes le aconsejan ser dura e inflexible solo la acercan al despeñadero de sus objetivos políticos.

No fue el caso de Alejandro Toledo en el 2001, Alan García en el 2006 y Ollanta Humala en el 2011. Todos ellos lideraron la oposición al gobierno de turno, pero desde una “minoría” que les permitió disparar críticas y denuncias sin generar la sensación de un boicot al Ejecutivo. Fue también el caso de Keiko entre el 2011 y el 2016, es cierto, pero hubo un factor decisivo en el tramo final de su campaña: el antifujimorismo. Frustró su carrera a la presidencia y debería servir de experiencia sobre lo que podría venir cuando su mayoría parlamentaria sea considerada “responsable” –junto al presidente y sus ministros– de las crisis y desaciertos de la administración pepekausa.

¿Pero es realmente Keiko la muchacha mala en esta historia? Para muchos, sin duda. Para mí no. Creo que el fujimorismo divaga en un no saber qué hacer con el poder que tiene. Ver a congresistas como Daniel Salaverry y otros exigiendo que Martín Vizcarra renuncie a la vicepresidencia y a Héctor Becerril enmendándoles la plana, es prueba de ello. De Keiko cabe esperar otra actitud, pero por el momento parece satisfecha, observando plácidamente desde un balcón del Paseo Colón.

Por cierto, no apelo a su bondad o buena onda política, sino a su pragmatismo. ¿Le conviene ser vista como verdugo de un gobierno paralizado por el miedo y que no sabe destrabar inversiones mientras renuncia a cualquier afán reformista? ¿Se va a dejar encasillar así, lo que merece hoy el aplauso del 42% de encuestados, pero con el que no ganaría una elección?

Lo he dicho antes: nadie sugiere una suerte de cogobierno, lo que resultaría suicida para Keiko, pero sí un entendimiento programático ante los desafíos que el Perú debe encarar tanto para su reconstrucción como para su crecimiento económico e institucional. Y más cuando estamos ad portas de conocer nuevas revelaciones del Caso Lava Jato, que se dice llegarán desde Brasil a partir de junio. Muy bien que se profundice en la lucha anticorrupción, ¿pero dónde están las normas que nos ayudarían a combatirla? Aquí la mayoría no se pone las pilas (¡y menos en la reforma electoral!). Keiko, hazte una, pero en serio.