"Comparto el link (plataformamujeres.pe) de la revista que, en una semana muy importante para nosotras, acaban de lanzar mis queridas colegas a quienes deseo el mejor de los éxitos".
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Carmen McEvoy

Historiadora

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“El rojo es un color muy sentador” decía mi añorada mamá. Hija de la crisis de 1929, su fortaleza, buen humor y sentido de la realidad es un ejemplo invalorable en estos momentos de enorme prueba. Respecto al rojo que tanto recomendaba a sus hijas, un simple análisis cromático nos refiere, en términos psicológicos, a la vida, salud, fuerza, atracción y poder. Para los alquimistas de la edad media, el color rojo simbolizaba prosperidad, influenciando en los experimentos en pos de la piedra filosofal. Los antiguos médicos utilizaron mantas rojas creyendo sanar el sarampión, así como los emperadores y la nobleza complementaron sus atuendos con piezas rojas para expresar su poder. En otra clave, está el “Libro Rojo de Mao”, la Boda Roja de “Game of Thrones”, las cintas rojas contra el mal de ojo e incluso “los rojos” como coloquialmente se denomina a los políticos radicales.

Hace algunas semanas todos quedamos horrorizados con una historia relacionada a un calzón rojo. Un juzgado de Ica archivó un caso de violación argumentando que la víctima usaba “trusa femenina de color rojo con encaje en zona delantera, blondas en contorno de pierna”. El falaz argumento fue proporcionado por la forense, quien lo contrastó con el peritaje de los psicólogos: “Una mujer tímida (...) muestra una actitud pasiva, dificultades para poder ser asertiva y decir no, de una manera tajante, lo cual se refleja (...)en dificultades para tomar decisiones y también que la colocan de alguna manera en una posición de sumisión frente a otras personas”.En breve, los que te violan no son responsables del crimen sino tú misma que andas de rojo a pesar de ser, en “teoría”, una reverenda idiota.

¿Es este machismo –si usas un calzón rojo o tienes una “vida social activa” mereces ser maltratada– el privilegio de abogados retrógrados o conservadores de derecha? No. El machismo, a veces de color rojo y extremadamente sutil, crece como mala hierba en nuestra sociedad. Sin ir muy lejos, hace alrededor de un mes una historia de maltrato, además de invisibilización, conmovió a las redes sociales. Me refiero a dos colegas, extraordinaria novelista una y reconocida artista gráfica la otra, ninguneadas por un grupo de académicos de izquierda que inauguraban una revista.

Las colegas se alejaron de la revista al sentirse invisibilizadas. Guardaron silencio, en parte, porque las razones las habían expuesto en la última reunión editorial. La revista de puros hombres salió y, para explicar la ausencia de mujeres en el equipo, difundió versiones antojadizas: una fue que sí hubo mujeres pero que estas no habían cumplido con las tareas que el colectivo les había encomendado.

Esto es inaceptable porque simplemente no es verdad. Esas mujeres sí existieron y participaron de las reuniones y escribieron sus artículos. Lo que resulta preocupante es el silencio mayúsculo del club de Toby, luego de que circularon las falsas acusaciones contra las “colaboradoras” de la revista “progresista” y ellas protestaron públicamente. Nadie se hizo cargo. Ni una disculpa mínima por la falta de respeto. Si la revista pretendía repensar la sociedad peruana y sus taras sociales, empieza muy mal. La conmemoración del bicentenario, que tanto cuestionan en su editorial, está a la vuelta de la esquina y aunque las mujeres no están representadas en su publicación sí lo están en el flamante Gabinete Bermúdez.

Para las que hemos sufrido maltrato de “colegas” –uno muy suelto de huesos me dijo que mis libros no eran reseñados, alguno que cuidara mi reputación y otro, luego de presentar sesgadamente (“man’s gaslighting”) mi propuesta republicana, ignoró mi envío para completarla– nada sorprende. Queda claro que el Olimpo patriarcal solo caerá si desenmascaramos sus prácticas y revelamos el trabajo honesto y los logros que hemos obtenido.

“Nadie puede definirte y mucho menos faltarte el respeto, defiéndete siempre”, fue el consejo invalorable de mi madre. Recordándola siempre, felicito a las mujeres valientes que día a día defienden nuestros derechos. Es fundamental visibilizar el maltrato físico, moral e intelectual, carente de humanidad y, en el caso que nos convoca, con una altísima dosis de hipocresía “revolucionaria”. Comparto el link () de la revista que, en una semana muy importante para nosotras, acaban de lanzar mis queridas colegas a quienes deseo el mejor de los éxitos.

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