(Ilustración: Víctor Aguilar)
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Marco Kamiya

ONU-Habitat, División de Conocimiento e Innovación

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Los alemanes crearon el concepto de Industria 4.0 en la feria de Hannover del 2011, para integrar la industria con la revolución digital. Klaus Schwab, director del Foro Económico Mundial, extendió el concepto a la macroeconomía y a la política, describiéndola como la “cuarta revolución industrial” (4RI).

Desde entonces, el concepto de 4RI se utiliza extensamente, entendido como la irrupción de las nuevas tecnologías en la manufactura y en la industria que viene ocasionando enérgicos cambios en las sociedades. La primera revolución se basaba en la energía hidráulica para dinamizar la producción; la segunda, impulsó la producción en serie gracias a la energía eléctrica; la tercera, involucró la aplicación de las tecnologías de la información para automatizar la producción.

Las tecnologías de frontera de la 4RI, por su parte, se dividen en cuatro categorías: (i) procesamiento digital, que incluye tecnologías digitales, Blockchain o criptomonedas, e Internet de las cosas; (ii) manipulación física de materiales, gracias a la inteligencia artificial, robótica, impresoras 3D; (iii) expansión de las habilidades humanas, con realidad aumentada, biotecnologías y neuro-tecnologías; y (iv) medio ambiente y naturaleza, con sistemas de captura y almacenamiento de energía, además de geoingeniería.

Estas tecnologías permiten saltar etapas de desarrollo porque su costo se viene reduciendo, sobre todo en el área digital y en la robótica. Las impresoras 3D son cada vez más asequibles, lo que posibilita que empresas africanas y asiáticas las adquieran para imprimir habitaciones y oficinas para edificios, en un sistema similar al de los juegos Lego. Los diseños de softwares de la infinidad de productos que pueden imprimirse en 3D se pueden comprar por Internet, e incluso hay plantillas de software gratuitas que pueden ser estudiadas y modificadas para fines académicos o comerciales. Los mapas de visualización urbana son cada vez más detallados, lo que permite identificar zonas de renovación. El registro de terrenos y propiedades con Blockchain está comenzando a ser utilizado en el mundo en desarrollo, y las criptomonedas pronto podrán facilitar la operación y financiación de las exportaciones.

El avance de estas tecnologías se ha profundizado con el COVID-19, haciendo prosperar a las empresas conectadas y digitalizadas para operar en los mercados virtuales y de confinamiento, pero sacando del mercado a aquellas que no están preparadas para administrar datos, aplicar sensores y conectarse a las redes.

Tony Seba, inversionista de capital de riesgo en Silicon Valley, dice en “Repensando la humanidad” (2020) que para el 2030-2040 las nuevas tecnologías van a reducir el precio de la energía (resolviendo el tema de la contaminación global), la producción de alimentos sintéticos será masiva y a bajo costo, y los vehículos autónomos impulsados por plataformas digitales reducirán los costos de transporte.

Ante estas oportunidades, la región debe acelerar los programas para apoyar la digitalización de las industrias y la absorción de nuevas tecnologías, especialmente para las pequeñas y medianas empresas que forman la mayor parte del tejido productivo de los países. La colaboración público-privada es necesaria para proteger la capacidad de operación y conexión de las industrias del país con las plataformas de producción regionales y globales. De acuerdo con el Grupo Fung –una empresa asiática que integra cadenas de producción logísticas globales–, en Bangladesh, donde cuatro millones de personas trabajan en el sector textil, las empresas que están resistiendo la crisis de la pandemia son aquellas que han avanzado en digitalización y administración de datos. Ellas pueden redirigir su producción de acuerdo con la demanda, reaccionar a las tendencias del mercado y reducir costos operativos.

Para dar el salto cualitativo, los países en desarrollo requieren de Internet de alta velocidad con una energía eléctrica estable. Sin embargo, y a pesar de no contar con telefonía fija masiva o con electricidad continua, Kenia logró crear el servicio de pago y financiamiento electrónico M-Pesa para la población –incluyendo informal y rural–, a partir de teléfonos celulares. Ahora el sistema existe en muchos países del África subsahariana. La innovación es el punto de partida para aprovechar la nueva revolución industrial.


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