“¿Qué explica la especial relación de Castillo con muchos congresistas?”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
“¿Qué explica la especial relación de Castillo con muchos congresistas?”. (Ilustración: Giovanni Tazza).
/ Giovanni Tazza

Para todo observador con un mínimo de perspicacia, ya es inviable como gobernante. Al menos si definimos ‘viabilidad’ como la capacidad de liderar un gobierno con objetivos congruentes con las necesidades de la población y los intereses nacionales.

Lo único que lo ata al poder es el intento de impedir que el cúmulo de fechorías en las que, todo parece indicar, ha estado involucrado o habría tolerado, terminen llevándolo a la cárcel.

Esto se grafica muy bien con lo sucedido luego de la forzada al Ministerio de Transportes y Comunicaciones.

Existen evidencias abundantes de que ese ministerio ha sido el principal botín de la angurrienta “Pandilla de Sarratea”, como merecidamente debe describírsela. Nombrar como sucesor a , el secretario general y brazo derecho de Silva (quien, además, y para no desentonar en el Gabinete Torres, carga con denuncias propias) es demasiado revelador. Se explica porque necesitaban a alguien que esté lo suficientemente involucrado con ellos y pueda minimizar el riesgo de más filtraciones y, eventualmente, si las cosas se les dan, continuar con lo mismo.

Y, de alguna manera, las cosas ya se les están dando. Ello, en la medida en que muchos miembros del Congreso se han convertido en cómplices, en varios temas y por diversas razones, del infausto gobierno de Pedro Castillo.

El ejemplo de Silva es también muy útil para ilustrar esta perversa coincidencia de intereses. Ante las abrumadoras evidencias de lo que estaba ocurriendo en ese ministerio, el hoy exministro fue interpelado. Luego, ante un caso tan visible y evidente, la congresista Susel Paredes promovió una moción de censura. Dos meses después, había conseguido solo once firmas. Múltiples razones explican el boicot a la iniciativa: canje de votos por obras, coincidencias con el Ejecutivo en el apoyo a los colectiveros ilegales y en impedir la incipiente reforma del transporte. Más comprometedor aún –según la ya famosa aspirante a colaboradora eficaz– es el caso de por ser partícipes de lo que en ese ministerio se escondía.

¿Qué hizo cambiar súbitamente a Fuerza Popular para presentar su propia moción contra Silva? Disculpen, pero no creo que haya sido una súbita epifanía anticorrupción. Ensayo una hipótesis diferente: alguien, no es difícil imaginar quién, les filtró que la versión de la aspirante a colaboradora eficaz ampliaba significativamente lo que ya se sabía que ocurría con Silva en el MTC y decidieron presentarse ante el país como moralizadores. Ya en el día de la frustrada votación de la censura hubo incluso conductas peores. Así, los portavoces de Somos Perú y Acción Popular adelantaron que se abstendrían.

¿Qué explica la especial relación de Castillo con muchos congresistas? En el menos comprometedor de los escenarios, esta se explicaría por la defensa de la curul, amenazada por dos rechazos sucesivos a la confianza. Más de cuatro años de sueldo, boato y prebendas los ratifican en el hecho de que ellos y solo ellos pueden representar al pueblo. Cuento con los dedos de una mano los que se han manifestado públicamente dispuestos a que haya elecciones generales. Claro, siempre en la optimista hipótesis de que la ciudadanía logre la caída de la cleptocracia, como cada vez con más frecuencia se describe al régimen que padecemos.

A la par, no hay los 87 votos para la vacancia por incapacidad moral. Los “garantes” de que esto no ocurra con Castillo son los votos en el Congreso, entregados a cambio de la presencia de determinados ministros en el Ejecutivo. Eso sí, ministros con hojas de vida que exudan trayectoria, idoneidad y honorabilidad. Me refiero a Condori en Salud, Palacios en Energía y Minas, Sánchez en Comercio Exterior, Prado en Produce, Zea en Agricultura, Chávez en Trabajo y Salas en Cultura.

A ellos, se suma la exquisita cosecha de independientes que, con su reconocida visión, ha logrado reunir Castillo. Ellos, si bien no vienen con votos bajo el brazo, si se adornan con virtudes muy similares a los ya mencionados. Me refiero a Narro en Justicia, Gavidia en Defensa, Chávarri en Interior, Alvarado en Vivienda, Boluarte en el Midis y el flamante Bustamante en el MTC.

Todos ellos acompañados de distinguidos personajes que manifiestan no tener ninguna ambición por el poder o gusto por el fajín y que, heroicamente, han decidido sacrificarse por todos nosotros, inmolándose gratuitamente en el altar de la gobernabilidad.

¿Puede un equipo tan potente –y encima dirigido por el nunca suficientemente bien ponderado – no recibir el voto de confianza del Congreso?

Cuando lean esta columna, lo más probable es que se haya hecho justicia y el Gabinete haya sido ungido. Así, no le habrán dado en la yema del gusto a gente ruin que no quiere la democracia ni la gobernabilidad, como este mezquino columnista.

Dependiendo de si el desenlace de la jornada nocturna es el otorgamiento de la confianza o, mucho menos probable, su negativa, los caminos de la política discurrirán en las próximas semanas por vías muy diferentes.

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