Desde que apareció como ministro de Justicia del de , el ahora presidente del Consejo de Ministros, , ha dejado claro que las piedras son su lengua materna. Así, cuando no ha tratado de “muchachito tonto” a un periodista, o bromeado sobre el indulto a Antauro Humala (“voy a hacer que salte una pared”), el primer ministro ha elegido elogiar a Adolf Hitler (en más de una oportunidad), llamar “miserable” al cardenal Pedro Barreto y, con una insistencia que ya roza el delirio, culpar a la prensa de todos los males del país, sobre todo, de los que afligen al Ejecutivo.

En un principio, algunos líderes de opinión en las redes sociales ensalzaron el “estilo” del señor Torres (un grafitero incluso le llegó a dedicar un mural), pero hoy es evidente que no hay nada digno de celebrar en su actitud. Y es que, si se tratase de un ciudadano cualquiera, de un familiar cascarrabias que despotrica contra todos en la sobremesa, lo suyo podría quedarse en una anécdota. Pero hablamos de la cabeza del Gabinete Ministerial y de quien, junto con el presidente Castillo, tiene el futuro del país en sus manos. Las piedras que pronuncia, por el poder que tiene, golpean de otra manera.

Y, en ese sentido, su animosidad hacia la prensa es particularmente inquietante.

En un video publicado el miércoles en YouTube, el presidente del Consejo de Ministros se dejó entrevistar por el etnocacerista José Flores (que se hace llamar “El Etnopatriota”), uno de los tantos forofos de Antauro Humala que anda vestido de camuflaje y con un polo negro estampado con el nombre de su líder. Si bien mucho se puede decir del hecho de que Torres le abra las puertas de su casa a quienes aúpan a un criminal y profesan una ideología fascistoide y xenófoba, el contenido de la conversación es problemático en sí mismo. Sobre todo, por lo que dice de los medios de comunicación.

Al ser confrontado por Flores sobre una supuesta desviación del plan de gobierno de Perú Libre por parte de Pedro Castillo, por ejemplo, el ‘premier’ aseguró que eso no era cierto y que esa percepción era culpa de “una ficción, una realidad creada por la prensa”. Luego, tras quejarse de los “ataques” que recibe de los medios, sentencia: “Algo tenemos que hacer con relación a eso, porque ya se están pasando”. “Es una prensa que está dañando a la niñez, está dañando a la juventud”, llega a decir.

Naturalmente, el interlocutor de Torres no hizo ninguna repregunta, pero ¿qué es eso que tienen que “hacer” desde el Gobierno para lidiar con esa prensa que tanto desprecia el primer ministro? No hay nada que pueda hacer sin transgredir la Constitución y es harto irresponsable que acuda a esta perorata frente a un individuo que representa a un grupo que, como ha demostrado, considera la violencia como una herramienta política viable.

Pero lo más problemático es que el primer ministro es apenas un síntoma de un Gobierno que desde el primer día le ha declarado la guerra a los medios. El Ejecutivo, además de bloquear el acceso de la prensa al presidente, ha llegado a empuñar la publicidad estatal como herramienta política (según ha denunciado la exsecretaria de la PCM, Ximena Pinto). Ante esto, la censura de Torres se hace urgente, pero queda claro que no será una solución a largo plazo.

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