“Firme y feliz por el Unión”, por Josefina Barrón
“Firme y feliz por el Unión”, por Josefina Barrón
Josefina Barrón

Firme y Feliz por la . Frase emblemática que aparece acuñada en una moneda de oro peruana en 1826. Para quienes relativizan tiempos y verdades, felicidad y unión han cambiado de significado hoy. En todo caso unir, en cualquier etapa de la historia del ser humano, ha sido una tarea noble y titánica. Lo ha impulsado a construir puentes, a desarrollar virtudes políticas en sus formas más puras, a forjar coraje para vencer miedos. Solo así se une aquello que está separado por abismos aparentemente insondables, como son el cielo y el mar; espacios para la unión.

Y Unión es el nombre con el que se ha bautizado al nuevo buque escuela que nuestra Marina de Guerra botará al agua en los primeros meses del año entrante. Un buque puente que se construye en el astillero del SIMA. Un velero inspirado en las fragatas clásicas pero enorme, tanto como albergar a más de doscientos cincuenta personas a bordo. Ciento dieciséis metros de largo ahora que estoy en su proa. Hay tantas medidas entre eslora y demás términos náuticos que me perdería entre ellas. Solo pretendo realzar el símbolo que el Unión será para el Perú, la integridad de su mar, sus lagos y cuencas hidrográficas, pues para eso es que se hace escuela.

Al bajar al dique seco para tener contacto con el casco del buque, no pude dejar de sentir una suerte de vértigo, una combinación poderosa de emoción con profunda admiración. Es tan grande lo que nos depara el Unión que el Perú deberá prepararse para tender puentes sobre mares nórdicos, para contar sus leyendas en idiomas antiguos, para tejer nuevas viejas redes, mostrar sus bondades en puertos ajenos. Si bien los cadetes ya están preparándose hace mucho en las artes de la navegación a vela, los toques de pito son difíciles, el lenguaje náutico es arduo, deberán escalar mástiles de más de cincuenta metros de altura y quedarse allá arriba trabajando durante horas en alta mar, en medio de la marejada dura y, sobre la cubierta de teca de Birmania que hoy se machihembra a la perfección debajo de mis pies, no siempre el sol será bondadoso. Podrá ser hostil el cielo, podrá arañar como león hambriento la corriente. Habrá días en que el Mar de Drake querrá quebrar voluntades o los vientos se agolpen queriendo quedarse dentro de los cuatro mil trescientos metros cuadrados de tela con que fueron cosidas las velas. Allí el temple tendrá que ser del acero de aquellos mástiles.

Pero el marinero es peruano. Por eso el viento siempre irá con él aunque vaya en contra. Y el Unión unirá. Será este el buque escuela, el buque puente, el buque Perú, el buque que por fin honre el vínculo padre-hijo que tenemos con el Pacífico, que nos parió y nos hizo como somos. Corajudos. Valientes.

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