El presidente Martín Vizcarra se dirige a la nación el pasado viernes 22 de mayo, desde Palacio de Gobierno (Foto: Sepres).
El presidente Martín Vizcarra se dirige a la nación el pasado viernes 22 de mayo, desde Palacio de Gobierno (Foto: Sepres).
Federico Salazar

Periodista

Frente a la crisis sanitaria, el gobierno no ha cambiado de enfoque. Ha liberado algunas actividades, bastante marginales en la contabilidad de la producción.

La idea, suponemos, ha sido aliviar a una cantidad de hogares. Son los que pueden proveerse de recursos desde actividades como gasfitería, electricidad, mantenimiento de artefactos, entre otras.

Según el gobierno, la economía operaba al 44% de su capacidad y ahora . El cálculo no está bien hecho.

Con una economía informal del 70%, confinada en su mayor parte, los estimados no corresponden a la realidad. A no ser que haya actividades no incluidas en el discurso del presidente.

Hay una relación entre la economía informal y la economía formal. No son universos paralelos. ¿De dónde sale, si no, el dinero para pagar al gasfitero o al carpintero?

Desde el punto de vista sanitario, lo importante es la ejecución de la medida. ¿Va a ser posible verificar las condiciones de bioseguridad? ¿Cambió la capacidad de administrar el confinamiento y las autorizaciones?

Hasta el día de hoy, no se pudo controlar el uso de vehículos particulares. Hasta el día de hoy, no se ha explicado por qué se ha restringido.

La construcción, por dar un ejemplo, tiene un impacto sobre los ingresos de hogares, cuyos consumos, a su vez, impactan sobre hogares más alejados del circuito formal. La economía de los mototaxis, de los ambulantes, de los talleres de confecciones, entre otros, depende de esa demanda.

No se trata, por supuesto, de abrir todas las actividades productivas de un porrazo. Se trata de mirar la realidad.

El confinamiento focalizado depende de la capacidad de administrarlo. Lo que pasó con los mercados revela que no hay una capacidad de gestión.

Cerraron un mercado tan importante como el de Frutas, en La Victoria. No se hizo que llegaba de las chacras.

Recién al tercer día se habló de derivar los camiones hacia mercados itinerantes, que se ha hecho bien. La medida no fue bien comunicada, ni bien ejecutada. En plena necesidad y hambre, se perdieron toneladas de alimentos.

Por el lado económico, se viene un gran desastre fiscal. Por eso no se ha previsto un nuevo bono y por eso se abren estas actividades de servicios.

No se ha anunciado, sin embargo, un plan de recuperación fiscal. Los recursos que, con disciplina y sacrificio, se reservaron se agotaron. No hay forma, por ahora, de reponerlos.

El presidente invierte muchas horas en comunicar sus medidas. No es claro y deja muchas interrogantes. Como con las frutas en el mercado, se desperdician sus horas frente a las pantallas.

Las presentaciones de Vizcarra son un mal uso de recursos, para la contabilidad de la crisis. Vistos sus , sin embargo, hay que reconocer que es un buen uso de recursos para su contabilidad política.

El anuncio de la apertura de las actividades es más que insuficiente. No es más amplia, porque supuestamente eso nos llevaría a más contagios.

Cabe esperar, a pesar de todo, más contagios. Los requisitos son tan burocráticos, que muchos harán sus actividades fuera de los protocolos.

El presidente tendrá, en su momento, a quién culpar: los peruanos “irresponsables”. Salvará su imagen, pero no salvará la crisis.

Tendremos más aplausos. Tendremos, también, mayor crisis sanitaria y mayor crisis económica.

Todavía se puede corregir el rumbo. Es importante que el gobierno se reúna con los alcaldes y los presidentes regionales.

Los mercados, por ejemplo, son parte de la jurisdicción de los municipios. En plena crisis sanitaria, sin embargo, el Ejecutivo no puede dejar algo así solo en manos de las administraciones ediles.

El municipio de La Victoria, por dar un caso, está quebrado. ¿Cómo podía encargarse de la vigilancia y reorganización de sus mercados?

El Ejecutivo debe dirigir la vigilancia epidemiológica. También, y al mismo tiempo, debe dirigir el plan de recuperación económica.

Se debe pensar, ahora, en las reformas para reconstruir la economía después de la crisis. Menos horas frente a cámaras, más horas gobernando.