“Para nadie es novedad que la más perjudicada de esta catástrofe planetaria es la fuerza laboral mundial que, como está ocurriendo, perderá millones de empleos que no recuperará jamás”. (Foto: AFP/Angela Weiss).
“Para nadie es novedad que la más perjudicada de esta catástrofe planetaria es la fuerza laboral mundial que, como está ocurriendo, perderá millones de empleos que no recuperará jamás”. (Foto: AFP/Angela Weiss). / ANGELA WEISS
Carmen McEvoy

Mientras nos ponemos de acuerdo sobre la fecha de llegada de los diferentes lotes de vacunas, una serie de expertos discuten sobre el mundo pos-COVID-19. Respecto a este innegable cambio de era y de paradigma, destacan tendencias que ya aparecen en el horizonte. Una es el trabajo a distancia, que llegó para quedarse. Trabajar desde casa demandará una transformación de nuestros hogares desde donde asistiremos a decenas de “juntas digitales” y a clases alrededor del planeta. Por otro lado, el cambio profundo que la plaga ha acelerado reconfigura los desplazamientos humanos. Como viene ocurriendo en China, pero también en Estados Unidos, las personas empiezan a emigrar de las grandes ciudades, trampas mortales por los contagios masivos, hacia las zonas rurales en donde se revalora la cercanía con la naturaleza. Como en las viejas películas de ciencia ficción, la ubicación física pasa a un segundo plano debido a la ubicuidad que la tecnología permite y cuyos alcances no han sido explorados aún en su totalidad.

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