Ahora o nunca, por Jaime De Althaus
Ahora o nunca, por Jaime De Althaus
Redacción EC

El crecimiento de 1,8% de mayo ha sembrado susto, y se viene otra cifra baja en junio. Apoyo Consultoría asegura, sin embargo, que el crecimiento ya tocó fondo y el PBI crecerá en adelante a mayores tasas. “La leve recuperación en el gasto privado, la mayor producción minera y las medidas anunciadas por el gobierno en materia fiscal darán un impulso adicional al crecimiento del segundo semestre”. Al final habremos crecido 4,5% este año. Y alrededor de 6% el próximo año.

De acuerdo, pero también puede ocurrir que en un país como el nuestro, con un sector formal tan pequeño, basta que algo se pare para que se pare todo y para que la espiral de expectativas descendentes se acelere. Ya nos ha pasado. Por eso, este es el momento de la batalla contra las malas expectativas. El Gobierno ha dado medidas importantes tanto para soltar plata como para levantar obstáculos a las empresas y a la inversión, y eso ayuda, pero hace falta más.

El trabajo de disminuir el peso de las regulaciones, que se había incrementado sobremanera los últimos años, recién ha comenzado. Con viento de cola, muchas empresas podían cargar con ese peso. Pero cuando hay que ir contra la corriente, ya no es posible. Solo las grandes pueden hacerlo. De hecho, el leve incremento del porcentaje de empleo formal que se ha producido en los últimos años, se debe a la absorción por parte de empresas grandes y medianas formales, pero no a la formalización de las empresas pequeñas y menos aun de las microempresas. Es decir, la formalización es un movimiento de arriba hacia abajo y no de abajo hacia arriba. Hay poca movilidad empresarial ascendente, porque el costo de la formalidad es muy alto.
 
Y eso, por supuesto, frena sobremanera el dinamismo potencial de nuestra economía. Si nuestras pequeñas empresas y microempresas, que dan empleo a la mayoría, pudieran formalizarse y crecer sin regulaciones excesivas, tendríamos un impulso formidable. Pero rebotan. Se formalizan y luego no son sostenibles, por los costos desmedidos de la formalidad laboral, tributaria y reglamentaria de todo tipo.  
 
Lo mismo para las exportaciones no tradicionales. Lo que tenemos es una enfermedad holandesa de la regulación. Si queremos exportar más productos industriales, lo que tenemos que hacer es simplificar las leyes laborales y las regulaciones existentes. 

Reformas que desaten estas amarras excluyentes y asfixiantes tendrían un impacto psicológico y económico extraordinario. Y político también, porque benefician a las mayorías. Miedo a hacerlo solo lo tienen políticos trasnochados.

De paso, habría que poner al Estado del lado de los usuarios: empoderar de verdad a la Comisión de Eliminación de Barreras Burocráticas del Indecopi, establecer en cada organismo público metas anuales de reducción de trámites y ayuda a las empresas, y bonos a los funcionarios públicos por esos conceptos, destinar algunos funcionarios de los organismos fiscalizadores a la contrainteligencia (ponerse en los zapatos de las empresas), eliminar la renovación periódica de licencias, establecer reuniones institucionalizadas –comisiones permanentes– con gremios y usuarios para identificar trabas, trámites y regulaciones absurdas. Ahora o nunca.