“Es evidente que Mafalda y sus amigos (Manolito, Guille, Libertad y los otros) van más allá de su contexto y aluden a algo esencial en todos nosotros: el asombro ante la estupidez y la violencia institucionalizada en el poder”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).
“Es evidente que Mafalda y sus amigos (Manolito, Guille, Libertad y los otros) van más allá de su contexto y aluden a algo esencial en todos nosotros: el asombro ante la estupidez y la violencia institucionalizada en el poder”. (Ilustración: Víctor Aguilar Rúa).
/ Víctor Aguilar Rúa
Alonso Cueto

Recuerdo bien la cara de José María Arguedas el día que llegó a la casa con un paquete en la mano. Había traído un regalo que, nos dijo, era muy especial. De inmediato sacó unos libros de dibujos, a modo de tiras cómicas, donde la protagonista era una niña de pelo abundante y cabeza redonda. Su nombre era la repetición de una misma letra de sonidos abiertos, capaces de convocar a todos. Mafalda.

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