"Este año fue para mí muy doloroso por la muerte de mi padre. No solo porque haya sido el importante filósofo que fue, por haber servido al Perú como ministro de Educación, profesor universitario y periodista, sino por el profundo amor que dio a todos los que lo rodeamos y por eso lo extrañamos como un padre ejemplar". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Este año fue para mí muy doloroso por la muerte de mi padre. No solo porque haya sido el importante filósofo que fue, por haber servido al Perú como ministro de Educación, profesor universitario y periodista, sino por el profundo amor que dio a todos los que lo rodeamos y por eso lo extrañamos como un padre ejemplar". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Francisco Miró Quesada Rada

Exdirector de El Comercio

Como nunca, me toca escribir un artículo el último día del año y quiero referirme a tres acontecimientos que, para mí, han sido los más importantes:

El suicidio de Alan García, el quebrantamiento de la democracia por el cierre del Congreso y la lucha contra la corrupción.

El suicidio de García ha tenido diversas interpretaciones: psicológicas, políticas y jurídicas. Tirios y troyanos reconocen sus cualidades de líder político y el arrastre popular que tuvo durante su primera elección en 1985 para luego retornar al poder en el 2006. Dos gobiernos diferentes en fines y objetivos. Pero también se produjeron contra él una serie de denuncias por supuestos actos de corrupción y que ahora se están despejando gracias a los colaboradores eficaces y aspirantes a, sobre todo por las recientes declaraciones de Luis Nava, quien fuera secretario de la Presidencia durante sus dos gobiernos.

El suicidio siempre ha sido un tema de debate a lo largo de la historia. Según el momento en que se produce, para algunos es un acto de coraje, para otros de cobardía. En la carta que escribió, donde explica “la razón de su acto”, dice que él no tiene que aceptar vejámenes, ni sufrir injusticias, o ser parte de un circo. Como se sabe, su muerte se produjo poco después de que un fiscal y la policía ingresaran a su domicilio para cumplir con una orden de detención preliminar por diez días. García ha sido el único presidente en la historia del Perú que decidió suicidarse. Un hecho lamentable para la justicia, su familia, los apristas y sus amigos. De no haber ocurrido este magno evento, otra sería la historia y hubiéramos sabido su destino. Él escogió la muerte, pero la verdad trasciende los límites de la historia. Ya llegará.

El cierre del Congreso es considerado el evento más positivo del año por la mayoría de la población, lo que debe preocuparnos porque no puede haber democracia sin Poder Legislativo. Sin duda fue el resultado final de sucesivos enfrentamientos. Hay argumentos a favor y en contra. Si bien fue una salida política a la crisis, desde el punto de vista jurídico-constitucional, las razones que dio el presidente Vizcarra para cerrarlo no son válidas, porque de acuerdo a la doctrina y a la teoría de la interpretación, no existe algo así como una “interpretación fáctica”. Es claro que, más allá de las consecuencias futuras de esta decisión, esta tiene que ver también con la lucha contra la corrupción. La situación hubiera sido distinta si se aplicaban los resultados del referéndum del 2018. Se habría iniciado una importante reforma constitucional y convocado elecciones presidenciales y parlamentarias. Otra sería la historia.

El 2019 también es un año en el que la prensa reveló nueva información sobre una serie de casos de corrupción, como el de Los Cuellos Blancos del Puerto, los casos vinculados a Hinostroza y Chávarry. Por otro lado, Alejando Toledo, de quien se pide su extradición, está en prisión en EE.UU. Un colaborador eficaz ha implicado a Ollanta Humala y a Nadine Heredia de haber intervenido a favor de Odebrecht y ahora nuevamente se investiga y acusa a Keiko Fujimori. También continúan en desarrollo los procesos contra PPK y Susana Villarán, exministros de Estado, funcionarios y empresarios, implicados en actos de corrupción en sucesivos gobiernos, porque, valgan verdades, después del gobierno de transición que presidió Valentín Paniagua –el único que no cayó en la corrupción en este siglo porque ejerció el poder fuera de la nefasta influencia de los grandes grupos de poder económico acostumbrados a utilizar el Estado como si fuera su despensa– la corrupción se reinsertó en la política causándole un gran daño.

Fuera de estos tres hechos, quiero destacar un aspecto que nada tiene que ver con la lucha contra la corrupción. Me refiero a la gran organización de los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos, una gestión colectiva donde destacó la eficaz conducción de Carlos Neuhaus Tudela, con quien por diez años fuimos vecinos en La Molina y amigos desde niños.

Este año fue para mí muy doloroso por la muerte de mi padre. No solo porque haya sido el importante filósofo que fue, por haber servido al Perú como ministro de Educación, profesor universitario y periodista, sino por el profundo amor que dio a todos los que lo rodeamos y por eso lo extrañamos como un padre ejemplar.