"Hay varios otros mapas que ayudan a diseñar políticas, tales como el muy conocido Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Hay varios otros mapas que ayudan a diseñar políticas, tales como el muy conocido Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Marco Kamiya

ONU-Habitat, División de Conocimiento e Innovación

El Marktplatz, la plaza del mercado de Bremen ubicada en el estado alemán del mismo nombre, es un espacio público por excelencia del tipo existente en Europa y promovido por urbanistas de diversas escuelas. Esta área tiene unos 3.500 metros de extensión comprendiendo los edificios del ayuntamiento, la catedral y el Parlamento; y además de su arquitectura, la ciudad se distingue por su poderío económico.

Allí se producen los automóviles Mercedes-Benz, están las compañías aeroespaciales Airbus, EADS Astrium, OHB-System, y se fabrican alimentos procesados que se exportan a todo el mundo como la cerveza Beck’s y la chocolatería Hachez. Pero Bremen es solo una de las 11 grandes metrópolis de Alemania, tales como Frankfurt, Hamburgo, Berlín y Múnich, cada una con empresas de competitividad mundial que apuntalan a Alemania como la primera economía de la Unión Europea, y la cuarta en el mundo.

Cuando ciudades de países de bajo ingreso solicitan apoyo para diseñar políticas de desarrollo local y mencionamos ejemplos de áreas urbanas de países como Japón, Alemania, Estados Unidos y Canadá, muchas veces nos dicen que están demasiado avanzadas, que no es relevante, pero ¿están tan lejos que nunca se las va a alcanzar? Describo tres mapas que pueden ayudar a pensar estos temas.

Los países más avanzados son aquellos que pueden producir bienes más complejos. El Atlas de Complejidad Económica es producido por el Centro de Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, y ofrece un indicador del nivel de ‘habilidad’ de los estados para producir bienes más sofisticados y exportarlos. Según el índice, con datos al 2017, Japón, Suiza, Corea del Sur y Alemania son los líderes. Alemania produce automóviles, autopartes, medicamentos, químicos y motores de aviones. En este listado, los primeros en aparecer de América Latina son México (puesto 20), Costa Rica, Uruguay y Brasil (46, 47 y 48), el Perú viene después (97). Esto motiva la pregunta: si los países más avanzados ya controlan las tecnologías de punta, ¿cómo llegar allí?

Una respuesta es insertarse en las cadenas de valor globales, que son los procesos –cadenas– que contienen la producción de un bien o servicio. Para producir un mueble, por ejemplo, la cadena va desde la obtención de la madera en los bosques, pasando por el transporte a la fábrica, el diseño, la fabricación, el acabado y su envío para distribución. Un país de bajo ingreso con buena industria de curtiembre puede establecer una posición competitiva fabricando asientos de cuero para una automotriz, y al insertarse en la cadena de coches global puede expandirse a más áreas de producción y convertirse en líder mundial. En un reciente estudio de la Organización Mundial del Comercio sobre innovación tecnológica y cadenas de valor (WTO, 2019), David Dollar muestra cómo países como Vietnam y China han logrado insertarse en cadenas globales a gran velocidad a través de esfuerzos sostenidos.

Esto no está exento de complicaciones, abastecer a una multinacional con componentes requiere que los productos sean enviados a tiempo con mínimos defectos. Las partes de la cadena deben exportarse a los centros donde están las plataformas de ensamblaje –alguna fábrica de Guangzhou en China, de Monterrey en México, o a una ciudad de Alemania–, y si el pedido llega tarde y con defectos las líneas de montaje se verán interrumpidas. Hay empresas de África que lograron insertar sus componentes a cadenas globales en Europa, pero sus puertos, abrumados por procedimientos burocráticos, retardan la salida de los contenedores, o su lote viene con gran proporción de piezas falladas, con lo que sus pedidos son prontamente cancelados.
La forma urbana también influye, puesto que una ciudad caótica hace difícil producir a tiempo y con precisión. Un buen mapa para evaluar la planificación es la Iniciativa de Prosperidad Urbana de ONU-Habitat que ayuda a evaluar la logística y planificación de la ciudad y su relación con la producción y economía. Este indicador tiene varias dimensiones en las que sobresalen el diseño urbano definido como porcentaje de espacios públicos, intersecciones de caminos, densidad urbana y otros que inciden en la ciudad.

Hay varios otros mapas que ayudan a diseñar políticas, tales como el muy conocido Índice de Competitividad del Foro Económico Mundial, pero todas estas herramientas son limitadas si no se adaptan a contextos específicos de los países. Esa es la forma de ver a Bremen, Alemania, y a otras ciudades de países de alto ingreso: no tan lejos, sino como referencias para extraer las mejores prácticas.

*Los comentarios del autor no comprometen a la institución a la que pertenece.