"Los profesores, el personal administrativo, técnico y las autoridades nos hermanamos con los estudiantes y sus familias". (Ilustración: Giovanni Tazza)
"Los profesores, el personal administrativo, técnico y las autoridades nos hermanamos con los estudiantes y sus familias". (Ilustración: Giovanni Tazza)
Alexander Huerta-Mercado

Antropólogo, PUCP

Fue suerte, o a lo mejor algo más, pero definitivamente tuvo mucho de suerte que como mamíferos pequeños nuestros ancestros hayan podido evolucionar a lo que somos ahora. Primero, se tuvieron que extinguir hace unos 68 millones de años los dinosaurios; iba a ser imposible la adaptación biológica si hubiéramos tenido que competir con ese magnífico grupo dominante. Una vez que el meteorito generó el desastre ecológico, los mamíferos estábamos bien distribuidos y éramos lo suficientemente pequeños como para no vernos tan afectados como lo fueron los grandes monstruos. Y si bien tuvimos suerte, fue nuestra capacidad de aprender lo que nos ha llevado a seguir existiendo como una especie todavía joven y en proceso de entenderse. Lo que sí es cierto es que biológicamente estamos menos capacitados para sobrevivir en el ambiente natural: no tenemos ni garras, ni colmillos, ni pelambre denso en todo el cuerpo. Nuestra inteligencia depende de nuestra capacidad de aplicar lo aprendido en una situación nueva, y con ese factor hemos sobrevivido no solo a la era de hielo, sino a competidores formidables que tenían colmillos gigantes o pesaban toneladas. Nuestro cerebro, gran aliado, se desarrolla bastante rápido en el vientre materno y es su gran volumen el que obliga que nuestro nacimiento sea siempre bastante prematuro y asistido y que recién nacidos, por lo tanto, seamos criaturas indefensas a diferencia de otros animales mucho mejor dotados desde sus primeros pasos. Desde bebes somos criaturas fragilísimas necesitadas de una sociedad que nos proteja; tenemos una cultura esperándonos y tenemos que aprenderla, primero como jugando y luego a fuerza de empeño. Una vez aprendida la cultura, esta nos ayudará a adaptarnos al medio. Nuestra falta de garras y colmillos será suplida con herramientas; nuestra falta de pelaje, con ropa; nuestra necesidad de alianzas, con lenguaje.

Distintos modos de asimilación de la cultura se reportan desde los orígenes del sapiens y se han constituido en distintas formas de sistemas educativos. Tenemos códigos de representaciones de símbolos en muros, tabletas o papel, que parecen ser una forma exclusiva de nuestra especie que nos permiten compartir cultura y aprendemos desde temprano. Tenemos música. Tenemos la tradición de la narración de cuentos. Tenemos maestros que enseñaban caminando, aulas donde los se sientan y escuchan, niños que aprenden imitando a sus padres. Hemos sido educados escribiendo en los muros, en tablillas de barro, en papiros, en papel y, ahora, desde un teclado conectado a una pantalla.

Sentía mucha preocupación y cansancio, además tenía ojeras, mientras pensaba en todo ese recorrido de más o menos medio millón de años, cuando me senté frente a la computadora para mi primera aproximación a la . Adaptarnos, cooperar, pero sobre todo tener fe en nosotros mismos y en que el sentido de nuestra especie es transmitir lo que sabemos y seguir aprendiendo juntos. Los , el personal administrativo, técnico y las autoridades nos hermanamos con los estudiantes y sus familias. Como siempre se ha hecho durante las muchas epidemias, crisis económicas, guerras y desastres naturales, hemos entendido que está por descontado que las circunstancias difíciles pasarán, pero la cultura de cada comunidad debe transmitirse para lograr precisamente el cambio para enmendar las cosas.

Con mascarilla y los ojos cansados, he visto a no dejar de ser el sociólogo que estudió los desafíos de la construcción de la ciudadanía en el Perú, para ahora, como ministro, plantear que esta es una oportunidad de integrar en la el panorama y los desafíos de la realidad social peruana, caracterizada por su exclusión, inequidad e injusticia, con sectores urbanos y rurales atravesados por pobreza extrema. A su vez, él busca dar punto de partida a una reforma en la que haya un mayor acceso a una educación de calidad para todos los sectores de la nación y y que se acceda a través de la , de la cual nos descubrimos todavía atrasados. Todavía es difícil que la educación, a través de los medios de comunicación masivos, llegue a todos. Pero el camino está ya trazado y solo mejorará de aquí en adelante.

Como en muchas comunidades tradicionales en la historia de la humanidad, la casa ha vuelto a ser el espacio educativo primigenio y los padres se han visto triplemente exigidos al hacer milagros para combinar todas sus labores con las educativas. Las niñas, los niños y los adolescentes están aprendiendo cosas propias de una circunstancia que hace mil años la especie humana no afrontaba, y afianzarán la condición del trabajo en equipo que nos ha hecho invencibles. Definitivamente hay que ser como niño para entrar al reino de los cielos, y también para adaptarnos a esta nueva circunstancia educativa que es desafiante para todos. Como un niño que aprende a caminar, que no pierde la sonrisa, que cae y se vuelve a levantar tercamente. Pues ahí estamos dando nuestros primeros pasos adelante porque, como especie, hasta eso tenemos que aprender.

Estamos en medio de todo el caos, transmitiendo lo mejor que tenemos a la siguiente generación y encima nosotros estamos aprendiendo nuevas cosas, somos un grupo que está aprendiendo a aprender de sus propios errores. En términos evolutivos eso significa algo; este se metió con la especie equivocada.


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